La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 42. La hija de Gregory Queen
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42. La hija de Gregory Queen

Harper

Matt no me dirigió la palabra en todo el camino y llegué a su despacho sin tener ni idea de cómo iba a ser su reacción.

—No quiero ser ese hermano que odias que sea. Pero me cuesta no verlo como un tío que hace que cientos y cientos de mujeres pierdan las bragas por él.

Ese comentario me dolió, porque yo había sido una de esos «cientos de mujeres». Lo había conocido en una fiesta y me había ido con él solo por su cuerpo y esa promesa silenciosa de una noche memorable. Como lo habrán hecho cientos y cientos más.

Desvié la vista hacia un lado y creo que mi hermano se dio cuenta de más cosas de las que pretendía.

—Espera. ¿Lennox es el tío que no se acordaba de ti? —Lo ignoré, lo cual le sirvió de respuesta—. ¿Y aun así te pillas por él, sabiendo lo capullo que es?

Matt intentó que lo mirara, pero no lo logró, y yo estaba a punto de explotar. O de llorar.

—Quiero pensar que hay algo en ese tío que justifique que mi hermana pierda la cabeza por él. Porque me jodería un huevo verla sufrir por alguien incapaz de comprometerse.

—Lo hay. Y papá también lo ha visto.

En ese momento, mis ojos hicieron contacto con los suyos. Matt me observó con atención unos segundos antes de responder.

—Algo me olí el día del partido. —Suspiró y pareció relajarse un poco—. Entonces…, ¿estáis juntos o es otra cosa?

—Estamos juntos.

—¿Puedo preguntar desde cuándo?

—Es bastante reciente. Pero… —no pude evitar sonreír— me siento muy bien, Matt. Me gusta mucho.

Mi hermano se acercó a mí y me abrazó.

—Tiene un hermano, ¿sabes? De quince años. Se llama Ryan, y vive con él. Brady es su tutor porque la madre no quería hacerse cargo de su propio hijo. Por eso, a veces llega tarde. Por eso… vende esa imagen a todo el mundo, para protegerlo.

Sentí sus brazos aferrarse con más fuerza.

—Entiendo. Aunque creo que debería cambiar de estrategia.

—Eso le dijo papá. —Matt me soltó y nos sentamos uno al lado del otro—. Quiero invitarlos a él y a Ryan a casa por Navidad y me gustaría que te esforzaras en conocerlo. Estoy convencida de que te caerá bien.

—Prometo hacerlo. Por ti.

No obstante, cuando veo su llamada a la hora del desayuno, siento un escalofrío recorriéndome la espalda. Me temo lo peor.

—Harp. Comprueba las últimas noticias de los Phantoms.

Su tono cortante me llama la atención, pues, tras nuestra conversación de ayer, quedó todo bien entre nosotros.

Pongo el altavoz y busco lo que me pide en el navegador del móvil.

«La hija de Greg Queen puesta a dedo en el equipo de rehabilitación de Lennox».

«La carrera del jugador estrella de los Phantoms, Brady Lennox, en manos de una estudiante que aún no ha terminado su formación».

«Fuentes cercanas al equipo afirman que Matthew Queen, también hijo de Greg, le ofreció el puesto a su hermana, saltándose todo el proceso de selección».

Me siento en un taburete a punto de hiperventilar y Ryan toma mi lugar para que no se quemen las tortitas. Brady llega enseguida hasta mi lado y me arranca el móvil de las manos.

—¿Qué coño es esto? —pregunta.

—Vamos a convocar a la prensa, tenemos que desmentir esta mierda —explica ignorando a Brady.

—Salgo enseguida.

—No, no quiero que conduzcas. Voy a recogerte. Envíame la ubicación.

Matt, Grant, el equipo de prensa y yo llevamos reunidos un buen rato en el despacho de Angela Dewitt, la CEO de los Phantoms e hija del propietario.

—¿Alguien tiene alguna idea de quién puede ser el hijo de puta que ha filtrado esta basura? —pregunta mi hermano, más cabreado que nunca.

—Daría mi sueldo de un año a que es cosa de Wesley —asegura Grant.

Ahogo un suspiro. Matt da un golpe sobre la mesa y Angela le dedica una mirada nada amistosa.

—Vamos a calmarnos. ¿Os acordáis de cuando me lincharon porque me convertí en la primera CEO de un equipo de hockey profesional en Estados Unidos?

Todos asienten, menos yo, que desconozco esa historia.

—La prensa siempre busca carnaza. Y en el mundo de los deportes, las mujeres somos el blanco fácil. Si, encima, nuestra familia está en este mundo desde antes que nosotras, parece que cualquier logro nuestro queda invalidado.

—Aquí todos sabemos que Harper no entró por enchufe —aclara el relaciones públicas—. Pero la prensa venderá la historia que la gente quiere oír.

—Pues explicaremos cómo es el proceso de selección de los residentes —propone Grant—. Es algo contrastable. Es un sistema público diseñado para evitar precisamente esto.

—¿Y qué hay de Lennox? —insiste—. No hay manera de justificar que Harper se encargara de su recuperación.

Percibo que mi hermano hace una mueca de disgusto.

—La recuperación de Lennox la he llevado yo todo el tiempo. Harper solo hacía lo que yo le decía. —Su respuesta parece no ser lo bastante convincente para el resto—. Además, si todo sigue como hasta ahora, Brady volverá al hielo antes de los play-off. ¿Verdad, Harper?

Asiento.

—La recuperación es ligeramente superior a lo previsto, hacemos ajustes de manera constante —explico jugueteando con mis dedos por debajo de la mesa.

—Supongo que tendrá que valer —murmura el mismo de antes.

—Valdrá —reafirma la CEO—. Y, si no, ya sabéis que en unas semanas habrá otra noticia jugosa en otro lado.

Lo importante es que vean un frente unido y mostrarnos orgullosos de nuestro trabajo.

En cuanto a la afición, mientras sigamos ganando y nos clasifiquemos, les dará igual todo esto.

—Echa un vistazo a su reloj de pulsera—.

Vamos, que la prensa está al llegar. Va a salir bien. No tenemos nada que ocultar.

El relaciones públicas gruñe un poco, nada convencido, pero todos intentamos absorber algo del optimismo de nuestra CEO para hacer frente a lo que nos espera ahora.

Entro en la sala de prensa junto a mi hermano, Grant y Angela Dewitt.

La misma en la que hace casi dos semanas tuvimos que comunicar a empleados y jugadores lo ocurrido con Wesley.

Todos los que me acompañan tienen mucha más experiencia que yo respondiendo a periodistas.

Incluso Grant, que cada vez que hay alguna lesión acompaña al médico a dar el parte.

Para mí es la primera vez. Y estoy acojonada porque vienen a por mí.

Esto es lo que temí desde el principio. Por eso no quería que se supiera mi apellido. Por eso llevo toda mi vida apartada de la vida pública de mi padre y mis hermanos. Porque no quería que mi parentesco interfiriera en mi carrera, que nadie dudara de mis méritos.

—Buenos días —empieza a decir Angela—. Gracias a todos por asistir a esta convocatoria con tan poca antelación. Pero un medio ha publicado una noticia falsa que nos afecta de manera directa y nos hemos visto obligados a explicar los hechos de los que se nos acusan.

—¿La residente es hija de Greg? —pregunta un periodista de la segunda fila.

—Sí —afirma mi hermano, a mi lado. No me mira, no titubea.

Se muestra seguro de sí mismo—. Harper es mi hermana.

Eso es lo único cierto de la noticia. —Algunos de los presentes empiezan a murmurar—.

Y, aunque me guste que trabaje aquí, no había nada que yo pudiera hacer por incorporarla al equipo.

Para aclararlo, nuestro jefe de fisioterapia va a explicar cómo es el proceso de selección de los residentes.

—Así es —continúa Grant—. Llevo diez años en este cargo y esta posición dura dos, lo que significa que he iniciado el reclutamiento en cinco ocasiones.

El procedimiento busca evitar el nepotismo, mediante diferentes sistemas.

Esta información es de dominio público y podéis contrastarla.

—Hace una pausa y revisa una hoja frente a él—.

¿Veis? Esto son las instrucciones que cada año me descargo.

Los candidatos introducen sus datos personales, académicos, extracurriculares…

Cualquier cosa que pueda ser interesante para nosotros.

Algunos pasan varias horas introduciendo la información en el sistema.

Después se inscriben en las plazas que les interesan.

»Una vez que nosotros empezamos a recibir las solicitudes, no es posible ver ningún dato personal de los candidatos.

Están identificados mediante un código alfanumérico que ellos desconocen.

Un equipo como el nuestro recibe cientos de candidaturas, por lo que nadie tiene tiempo para revisarlas todas hasta encontrar el perfil que cree que busca.

Aunque Matthew me hubiera pedido que buscara a alguien con una serie de características, no dispongo del tiempo para hacerlo.

Y, francamente, no quiero a alguien enchufado en mi equipo, quiero a alguien brillante.

Angela asiente y mi hermano permanece igual de serio que como ha entrado.

Grant explica cómo el sistema se adelanta a todas las trampas que alguien podría hacer para colar a un conocido.

Mientras tanto, me relajo mirando a la gente que tengo frente a mí.

Entre todos ellos, distingo a Jake, el compañero de Holly, que me guiña un ojo para intentar calmarme.

Me gusta contar con alguien amigo aquí dentro.

—Cuando vi el perfil de Harper supe que ya no encontraría ninguno mejor después y hablé con mis superiores porque no quería que se fuera a otro equipo.

Su currículum era impecable, con experiencia en lesiones deportivas, formación, talleres opcionales…

Creedme, la hija de Greg Queen se ha preparado para este trabajo.

—¿Qué hay de Lennox? —pregunta otro periodista—. ¿Es cierto que pusisteis a una residente al cargo de su rehabilitación?

—No exactamente —responde mi jefe—. Harper es una residente y, como tal, está bajo mi supervisión constante.

No es quien toma decisiones, aunque está bastante capacitada para hacerlo y así lo ha demostrado hasta ahora.

Al designarla a ella para la recuperación de Lennox, me aseguré de que la estrella del equipo tenía a dos personas midiendo los resultados.