La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 42. La hija de Gregory Queen #2
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42. La hija de Gregory Queen #2

Eso parece calmar bastante a los periodistas. Resulta obvio que Grant sabe qué decir para ganárselos. Angela vuelve a asentir y percibo que Matt se relaja un poco al ver la respuesta de la prensa.

Grant se gira hacia a mí y me anima a decir algo. Dudo, pero al buscar la mirada de mi hermano, lo veo asentir.

—Me gustaría dejar clara una cosa —comienzo, buscando la atención de los presentes—.

Desde que era bastante joven sé que mi apellido podría facilitarme mucho las cosas, pero también podría traerme muchas complicaciones y envidias.

Es por eso por lo que busco el anonimato desde entonces.

He dedicado los últimos años de mi vida a trabajar duro para que nadie dudara de mis méritos.

Y eso incluye muchos sacrificios en el ámbito personal.

—Matt asiente a mi lado, consciente de todo lo que me he perdido adrede para tener las mejores notas y por trabajar más horas de las necesarias en todas esas clínicas—.

Pero ha valido la pena porque este trabajo lo he conseguido por mí misma, no porque algún Queen haya movido los hilos.

—Muy bien dicho —me apoya Angela—. Me gustaría invitaros a una reflexión a todos, ya que estamos aquí. ¿Alguien de vosotros pensó algo así cuando Matthew se convirtió en nuestro general manager ? Porque los titulares no tuvieron nada que ver. Si Harper fuera un chico, ¿estaríamos aquí ahora?

Se produce un cuchicheo en toda la sala. Los periodistas hablan entre sí, pero nadie quiere seguir preguntando por el momento. Mi hermano tensa la mandíbula. No recuerdo mucho de aquella época, pero sí que se habló de lo joven que era cuando le ofrecieron este puesto.

No obstante, la prensa sabía que:

→Matt había jugado al hockey en la universidad hasta que se lesionó.

→Conocía el deporte desde dentro.

→Su formación era adecuada para el puesto.

→Durante sus primeros años, estuvo trabajando como asistente del antiguo general manager , por lo que, en el momento de acceder al puesto, contaba con la experiencia necesaria.

Nadie cuestionó que fuera hijo de Greg Queen porque tenía los conocimientos, la formación y la experiencia para dedicarse a ello. Al contrario, la prensa y la afición celebraron que Matthew Queen se convirtiera en el nuevo general manager de los Phantoms.

—Me lo imaginaba —expone Angela—. Si no hay más preguntas, me gustaría dar por finalizada esta rueda de prensa.

—Harper, una pregunta —pide alguien de la tercera fila con desesperación—. ¿Cómo te decidiste a estudiar Fisioterapia?

—Bueno… —carraspeo—, digamos que el deporte siempre ha estado presente en mi vida.

Y, al conocerlo tan de cerca, sé que las lesiones ocurren.

—Desvío la mirada de manera fugaz hacia mi hermano y este asiente—.

Era algo joven, pero ver cómo mi hermano luchó tanto para tener que despedirse del hockey me hizo querer ayudar a otros jugadores.

—¿Como Lennox, por ejemplo?

—Lennox ha sido un reto muy grande, pero se recupera mejor de lo previsto. Para esto me hice fisioterapeuta deportiva.

—¿Recibiste ofertas de otros equipos?

—Sí.

—¿Por qué te decidiste por los Phantoms? ¿Son los que mejor te pagan?

Me río.

—En absoluto.

—Harper dejó claro que no quería privilegios por estar aquí —explica Grant.

—Solo tengo licencia para trabajar en Maine.

Elegí los Phantoms, en vez de los equipos de otros deportes, porque conozco mejor los movimientos del hockey.

Sé cómo se mueven los jugadores y sé cuándo están forzando de una manera que no deben.

Puedo trabajar con el preparador físico y sugerir mejoras en los entrenamientos para evitar lesiones innecesarias.

Aunque no podemos evitar que un contrincante golpee a uno de nuestros chicos; en ese caso, Grant y el médico valoran el caso y establecen un plan de rehabilitación.

—¿Te costó ganarte la confianza de los jugadores?

—De unos más que otros —respondo con una sonrisa—. Pero creo que ya he podido demostrar lo que valgo y ahora no me cuestionan.

—Algunos le tienen miedo —asegura Grant.

Se oyen risas y yo me relajo un poco más.

—Matthew, ¿te preocupa que tu hermana pase tanto tiempo con algunos de tus chicos más fiesteros y mujeriegos?

Esa pregunta sobra. No es nada deportiva, pero, claro, la noticia que nos ha traído hasta aquí ha llamado la atención de los medios más sensacionalistas.

Mi hermano se tensa, aunque trate de disimularlo.

—No. Mi hermana está aquí para trabajar.

Sé que lo dice para zanjar el tema y quitarse la prensa de encima, pero me molesta la manera en que lo dice. Sí, estoy aquí para trabajar, lo sé. Pero eso no quita que haya acabado enamorándome de ese niñato malcriado que me ponía de los nervios.

El periodista no insiste más, aunque se nota que tiene ganas de seguir. Supongo que la mirada de mi hermano le hace entender que no estamos aquí para responder preguntas personales sobre la vida privada de nadie.

Unos aprovechan la convocatoria para hacer algunas preguntas sobre otros temas hasta que parece que nadie más tiene nada que decir.

«Gracias a Dios».

Al salir, algunos periodistas se acercan a Matt para hablar con él. Han tenido todo este rato para hacer preguntas, pero se ve que no les ha bastado. Él me dirige una mirada fugaz que capto al instante:

«Huye de esto, yo me encargo».

Supongo que nunca dejará de ser el hermano mayor.