La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 40. ¿Lo sabías?
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40. ¿Lo sabías?

Harper

El camino de regreso a Portland se lleva de otra manera cuando vas bien acompañada.

Nunca ha sido mi trayecto favorito, pues significa volver a la rutina, a las obligaciones, a la vida real.

Como si East Harbor fuera una fantasía. Por ello, el viaje de ida siempre lo hacía con la ilusión de una niña que va a pasar el verano en el lugar más maravilloso del mundo, pero la vuelta se me hacía bola.

Sin embargo, esta vez, no se trata del fin de las vacaciones. En esta ocasión vuelvo con él, a su casa, con su hermano, a esa rutina tan nuestra que hemos creado y que adoro.

Me desgañito cantando Overwhelmed, de Ryan Mack, haciendo caso omiso a las burlas de Brady. Siempre he cantado en el coche y no voy a dejar de hacerlo.

—Menos mal que tienes otros encantos y talentos —se cachondea.

Le saco la lengua y sigo cantando hasta que la música se detiene de golpe para dar paso al timbre de llamada y la palabra «Papá» aparece en la pantalla.

Empiezo a sudar y miro a Brady de reojo con disimulo.

—¿No vas a responder?

—Estoy conduciendo.

—¿Tienes miedo de que lo reconozca por la voz?

Pongo los ojos en blanco y le doy al botón de responder.

—Hombre, Peach, pensaba que estabas ocupada.

—Estoy en el coche y no voy sola. Lo digo para que lo tengas en cuenta y no me hables de cosas bochornosas.

—¡Ah! ¿Vas con Lennox?

Brady se descojona a mi lado y yo debo de tener las mejillas como si se me hubiera caído el bote entero de colorete rojo frambuesa encima.

—¡¿Por qué iba a tener que ir con él?! ¡No soy su niñera!

—¿Qué tal, Greg? —pregunta Brady a mi lado, dejándome como el culo frente a mi padre y, a la vez, desconcertada a niveles estratosféricos.

—¿Lo sabías? ¿Desde cuándo?

—Desde la cuarta pregunta. Me has ido dejando demasiadas pistas cuando creías que no te prestaba atención.

—¿Por qué no me lo dijiste? —lo encaro.

—¿Por qué no me lo dijiste tú? —rebate.

—Uy, uy…, ¿pelea de enamorados?

—Papá, cállate. No, mejor no. ¿Cómo lo sabías tú? ¿Te lo ha contado mamá?

—No.

—¿Calvin?

—Cariño, tu novio no te perdió de vista durante todo el partido tras decirme que salía con alguien y que estaba muy ilusionado porque era una chica muy especial. Así que, o era mentira, o esa chica eras tú.

—Esta es la clase de cosas que te advertí que no hicieras cuando te pedí que fueras discreto —espeto, molesta, a mi copiloto.

—No puedes culparme por mirarte. Es imposible no hacerlo.

Rebufo, pero enseguida se me pasa y sonrío.

—¿Vamos a verte en casa por Navidad, Lennox?

—Papá, debería invitarlo yo.

—¿Ibas a hacerlo? —cuestiona mi padre.

—No había pensado en ello.

—Quedan dos semanas —me recuerda.

—Matt no lo sabe. ¿Aparezco con Brady y así tenéis cena con espectáculo?

—Solo hará de enanito gruñón un rato.

Noto cierta incomodidad por parte de Brady. Ya no ríe como antes, como si estuviera realmente preocupado por la reacción de mi hermano.

—Creo que no debería ir a tu casa —murmura.

—¿Por qué?

—Matthew ya me odia, no necesito darle más motivos.

—No te odia.

—Lennox, no te preocupes por él. Perro ladrador, poco mordedor —trata de calmarlo mi padre—. Peach, habla con tu hermano. ¿Recuerdas lo que dijo?

—¿Lo que os pedí que grabarais? —pregunto con cierta diversión en los labios.

—Eso. Te llamo en otro momento, cariño, que creo que tenéis que hablar. Adiós, Peach. Adiós, Lennox.

—Adiós, señor Queen.

—Greg, por favor. Llámame Greg.

Brady se ríe.

—Adiós, Greg.

—Adiós, papá. ¡Te quiero!

La música vuelve a ponerse en marcha tras colgar, pero ya no canto. El clima entusiasta se ha esfumado, pues no sé si Brady está molesto conmigo o no.

—Tu padre es mi puto ídolo —murmura, aún incapaz de creérselo—. Y, aun sabiéndolo, no me contaste nada.

Vale, algo molesto sí que está.

—Te dije que estaba segura de que lo ibas a conocer —me defiendo con la boca pequeña.

Brady chasquea la lengua.

—¿De verdad lo adivinaste tras la cuarta pregunta, o ya lo sabías de antes y estuviste jugando conmigo?

—Solo jugué contigo en la última, te lo juro.

Te hice creer que no tenía ni idea, aunque, en realidad, también me lo confirmaste sin darte cuenta.

Pensé que no iba a descubrirlo nunca, pero empecé a recordar todas esas cosas que habías ido diciendo sin ser consciente de que algún día podía juntarlas todas, como si fuera un puzle.

Creciste en Portland, así que tu padre jugó ahí.

No tengo ni idea de otros deportes en esa época, pero la historia del hockey me la sé, y la de los Phantoms más que ninguna otra.

Me vino a la mente una foto de la sala de los trofeos en la que tu padre levanta la Stanley y todo lo demás cayó: tu hermano de Pittsburgh, el de aquí, el deporte, el futbol, hermanos varones muy brutos, que pudieras conseguir el trabajo gracias a él, que pueda parecer yo el interesado y no al revés…

—No tendría que haberte dado tanta información… —farfullo.

—¿Por qué? —cuestiona—. ¿Qué más da que lo sepa o no? ¿Crees que voy a verte de otra forma?

—Lo habrías hecho si lo hubieras sabido desde el principio —le reprocho.

Brady gruñe y se pasa una mano por la cara.

—No puedes saber eso.

—Ni tú tampoco.

El silencio se apodera de nosotros y la música reproduce sentimientos demasiado alegres para el humor que se respira dentro del vehículo ahora mismo.

—He salido con otros tíos antes que tú. Deportistas, porque, al parecer, sois mi punto débil.

Y todos han cambiado su actitud al enterarse de quién era mi padre.

O bien salieron huyendo por no enfrentarse a mis hermanos, o bien se mostraron más interesados en simpatizar con él, para asegurarse algún trato de favor, que en mí, pues eran jóvenes y desconocidos, con mucho que trabajar y demostrar aún.

—No pretendo hacer nada de eso. No tengo ningún interés oculto. Estoy contigo por ti.

—Ya nunca vamos a saber si me hubieras pedido que hablara con él para que te representara.

—¿De verdad crees eso? —me acusa, bastante ofendido. No respondo, solo me centro en la carretera. Brady ruge—. Me parece alucinante que en este tiempo que llevamos juntos no me hayas llegado a conocer lo suficiente para creer que te utilizaría de esa manera. ¿Y si yo te hubiera preguntado algo así?

—¿Algo como qué?

—Pues… si estás conmigo para cazar a un jugador, tal y como insinuó Wesley.

Me duele que mencione su nombre para algo así y me molesta tanto que no puedo evitar ponerme furiosa.

—¿Por qué iba a hacer algo así? Jamás he querido salir con ningún deportista.

Sé cómo es la vida si te casas con uno de ellos.

Mis padres están divorciados, ¿lo entiendes?

—estallo—. Todo, absolutamente todo, alrededor tuyo me pedía que no me acercara a ti.

La fama, tu trabajo, tu reputación de mujeriego, tu carácter de mierda…

—Pues bien que caíste en mis redes a pesar de todo ello…

Respiro hondo un par de veces y trato de calmarme. No es buena idea discutir en el coche y menos aún de noche. Pero no logro serenarme y me siento demasiado herida ahora mismo.

—Voy a dejarte en tu casa, pero creo que lo mejor es que yo me vaya a la mía.

—No hagas esto, Harp…

—Quizá me precipité contigo. Pasamos mucho tiempo juntos y descubrí algo en ti que me hizo pensar que esto sería posible. Pero creo que lo nuestro no tiene futuro y que cuando te recuperes y vuelvas a jugar fuera…

—No sabes cómo te sentirás dentro de unos meses —insiste.

—No. Es mejor que lo dejemos antes de hacernos daño.

Trato de contener las lágrimas lo que queda de trayecto hasta su casa, pero, cuando aparco frente a la mía, le envío un solo mensaje a Calvin y dejo que broten todas las que he estado reteniendo.

Yo:

A todos os alegrará saber que se acabó lo mío con Brady.

Calvin:

No. Porque ahora estás llorando y eso no mola. Te llamo en diez minutos.