La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 38. Vivir aquí
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38. Vivir aquí

Harper

El sonido de unas campanitas me despierta y gruño bajito.

Me remuevo en la cama y me niego a abrir los ojos.

Cuando siento unos labios en la espalda, recuerdo que no estoy en mi casa, sino en la de Brady.

Donde parece que me he instalado desde que empezamos a salir porque vivimos en esta especie de «luna de miel» del inicio de relación.

Su mano tantea mi piel bajo las sábanas hasta alcanzar uno de mis pechos. Abro los ojos de golpe al notar cómo su pulgar juega con mi pezón y empiezo a calentarme. Me giro hacia él, quien me está observando con sus ojos bien atentos a todo lo que sucede.

—Aunque me encantaría quedarme a jugar contigo, tengo obligaciones —le digo saliendo de la cama y buscando algo que ponerme.

—Ayer no te vi en todo el día… —protesta arrastrando las vocales con sueño.

Encuentro unas bragas limpias en el equipaje que me llevé a Washington anteayer y me las pongo.

Ayer los Phantoms tenían partido fuera, lo que significa que yo también fui, ya que ahora solo somos dos fisios. Tras la charla sobre Wesley, tuvimos unas horas de descanso antes de ir al aeropuerto y no pude pasarlas con Brady porque estaba hasta arriba de trabajo.

Como paso tan poco tiempo en mi casa, al hacer la maleta me dediqué a lanzar cosas sin ton ni son. Quizá por eso tengo varias bragas de repuesto, pero no camisetas. De eso me doy cuenta cuando me abrocho los vaqueros.

—No tengo más camisetas limpias —gimoteo.

—¿Qué le pasa a la de ayer?

—Es la que usé para volver. Demasiadas horas, calefacción a una temperatura excesiva en los aeropuertos, calor, sudor…; ¿sigo?

—No. —Se ríe y me lanza una camiseta a la cabeza—. Toma. Te servirá para llegar a tu casa. Aunque deberías plantearte mi ofrecimiento.

—Si traigo cosas, será como vivir aquí —planteo, rechazando su oferta por enésima vez mientras descubro que sostengo una camiseta del equipo con su nombre. Una camiseta enorme que me sirve de camisón.

—Ya vives aquí —apunta con una sonrisa. Él se encuentra de pie sin ninguna prenda que lo cubra y es una imagen deliciosa que me hace morderme el labio inferior.

—No vivo aquí, solo me quedo a dormir —rebato dejando caer la camiseta sobre mi cuerpo.

—Y luego regresas a tu casa, como la Cenicienta —ironiza.

Me encojo de hombros y salgo de la habitación. Bajo las escaleras casi trotando y me dirijo a la cocina. Me muevo con familiaridad mientras saco lo que necesito: sartén, huevos, queso, pan… Me hago una coleta y empiezo a preparar el desayuno para todos.

No pasan muchos minutos hasta que Ryan aparece y se sienta en una banqueta con cara de sueño. Me entra la risa al verlo.

—¿A qué hora te fuiste a dormir anoche?

—Tarde, claramente.

—Tranquilo, ahora se te quitará el sueño cuando huelas lo que estoy preparando.

—Sabes que no tienes que hacerlo, ¿verdad?

—Lo sé. Lo hago porque quiero. Estoy acostumbrada a desayunos familiares. Me gusta, lo echo de menos —admito.

—Ya, pero…, aun así, no tienes que hacerlo tú.

Me encojo de hombros.

—Vosotros soléis encargaros de la cena. Esto puedo hacerlo yo —concluyo—. ¿Qué tal el examen de ayer? Cuando llegué ya te habías acostado —pregunto mientras termino la tortilla, la pongo en un plato y se lo dejo delante.

—Genial. Gracias por aclararme las dudas. La química no es lo mío, está claro.

—Me alegra haberte ayudado.

Ryan se baja de su asiento y va en busca de cubiertos y de un vaso de leche.

—¿Sabes…? Me parece increíble que te preocupes por mi vida más que mi madre —comenta con la mirada algo triste.

—Eres el hermano de Brady. ¿Cómo no voy a hacerlo?

—Pero eres su novia y no lleváis ni un mes. —Alzo las cejas y creo que me malinterpreta—. No es un reproche ni nada parecido. Me encanta que estés aquí, de hecho. Y a él también.

—¿De verdad? ¿No crees que estoy invadiendo tu casa o que te quito tiempo con él?

—Bah. —Le resta importancia con un gesto de la mano y se introduce un trozo de tortilla en la boca.

—¿Qué dices que lleva esto? —pregunta.

—Es un ingrediente secreto. Una pócima para caerte bien —bromeo guiñándole un ojo.

—No la necesitas —declara con una sonrisa sincera—. Lo digo enserio. Brady está distinto y me parece evidente que es gracias a ti. Le hacía falta alguien como tú.

—No voy a firmarte un justificante de ausencia para que faltes a clase —explico con la risa a punto de brotar de mis labios.

Ryan se ríe.

—Jamás te pondría en esa posición. No lo digo para hacerte la pelota, Harp. Me gusta cómo veo a mi hermano y me gustas para él. ¿Recuerdas cuando nos conocimos?

—Ajá…

—No tardé nada en darme cuenta de por qué Brady se había fijado en ti. No eres como las demás. No buscas fama ni dinero.

Asiento y me doy la vuelta para preparar mi tortilla, pues se me está haciendo tarde.

—¿Te cuento un secreto? No puedes decírselo a tu hermano todavía.

—¡Claro!

Me giro y me acerco a él para poder hablar bajito.

—Mi padre ya es rico y famoso. Me he pasado la vida tratando de ser anónima y en cuanto se sepa lo mío con Brady… va a ser imposible que no descubran quién soy. Y créeme, va a ser un bombazo para cualquier medio.

Ryan deja de masticar, impactado por lo que acabo de decir.

—Recuerda, es un secreto —le advierto con el índice sobre mis labios.

Vuelvo a los fogones, donde me pongo con las dos últimas tortillas, pues Brady está a punto de salir de la ducha y va a bajar en cualquier momento. Y yo tengo que irme. Debería hacer caso a su propuesta y traerme algunas cosas. No pasará nada malo si lo hago, ¿verdad?

—¿Quién es tu padre?

—Eso me gustaría saber a mí —oigo que responde Brady a lo lejos.

Me giro y lo veo acercándose a nosotros—.

Yo creo que es algún deportista retirado.

—Brady me analiza y yo hago el mayor esfuerzo por contener cualquier gesto que me delate—.

Algún jugador de fútbol mítico que haya ganado una Super Bowl —elucubra, y respiro tranquila al darme cuenta de que, aunque se acerca cada vez más a la verdad, va a estar entretenido durante un tiempo buscando jugadores equivocados—.

Pero me temo que tendremos que esperar para saberlo.

Como en las series, que no revelan los secretos en el primer capítulo, ¿verdad?

—¿Cuánto has oído? —balbuceo.

—Nada, tranquila. ¿Habéis estado de confidencias, o qué? —pregunta, jocoso.

Me encojo de hombros.

—Solo hablábamos de lo que me gusta que Harper esté por aquí. Te sienta bien.

Brady se ríe de manera ronca y, por las protestas de Ryan, parece que le está revolviendo el pelo.

El desayuno en esta casa es un pequeño momento de conexión, igual que solía ser en la mía.

No sobra el tiempo, no podemos tener grandes conversaciones.

Pero es bonito poder sentarse a comer algo saludable mientras hablamos con calma.

Nada de tomarse un café a la carrera casi sin despedirse de los demás.

No digo que esté mal. Yo también lo he hecho.

Pero ahora que estoy aquí, con ellos, escuchando cómo Ryan recita de memoria algo para el examen de hoy mientras me tomo un caramel latte, una tortilla y un poco de fruta natural, siento que no quiero volver a salir corriendo de casa con el café dentro de un termo para beber en el coche de camino al trabajo.

Y creo que debería hacerle caso a Brady y traer algunas cosas. Solo unas pocas para no pasarme el día en el coche, de aquí a casa, de casa al trabajo, del trabajo a casa y de casa aquí de nuevo. Es hora de aparcar el orgullo y confiar.