La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 30. Acción de Gracias
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30. Acción de Gracias

Harper

«Estamos todos libres. ¿Videollamada?» es el mensaje que me ha librado de darle una respuesta a Brady. Sabía lo que quería decirle, iba a hacerlo. De hecho, voy a hacerlo.

Me siento en una de las mecedoras del porche sintiendo el viento helado sobre la piel de cara y manos. Me cubro con una de las mantas que encuentro en una cesta a mi lado. Seguro que Ava y Joe se sientan a ver las estrellas y lo tienen dispuesto para aguantar el frío invierno de Maine.

Me uno a la llamada con mis hermanos y, para no variar, soy la última.

—¡Por fin! —exclama Dean—. Pensábamos que nos ibas a dar plantón.

—Imposible —alego—. ¿Cómo estáis?

Las respuestas se pisan unas a otras y no logro enterarme. Sonrío. Esto es como siempre. Aprovecho que están distraídos poniéndose al día para abrir otra conversación en segundo plano y escribir la respuesta que no le di a Brady:

Harper:

Yo también deseo romper ese muro.

—¿Te aburrimos, Harper? —pregunta Matt.

—No. ¿Por qué lo dices?

—Porque parece que estás en otra cosa, quizá escribiendo a alguien.

—No es nada importante, pero quería responder antes de que se me olvidara —zanjo. O eso creo, porque me miran como si fuera obvio que les estoy mintiendo.

—¿Cal? —pregunta Ethan.

—¿Sí?

—Si hubiera algo de lo que debiéramos preocuparnos nos lo dirías, ¿verdad?

Pongo los ojos en blanco.

—Harper es mayor, dejad de tratarla como si fuera una niña.

—¡Gracias! —exclamo señalando la pantalla con la mano abierta.

Los demás gruñen y Calvin niega con la cabeza.

Oigo la puerta abrirse y desvío la vista hacia mi derecha. Duncan sale por la puerta y sostiene mi abrigo.

—¿Tienes frío? —pregunta.

Asiento y dejo el móvil sobre mi regazo para ponerme la prenda y cerrarla hasta arriba.

—¿Quién es ese? —interrogan varios a la vez.

—¿Son tus hermanos? —quiere saber mi amigo.

—Chicos, antes de que os vaya a dar un infarto, ¿recordáis que Holly y Duncan me invitaron a comer hoy en East Harbor? —pregunto recuperando el dispositivo.

—¡Hola! —El anfitrión se inclina para aparecer en la pantalla y saludar a mis hermanos—. Hace años que no os veía.

—¡Coño! ¡Harris! —exclama Dean—. Yo creo que no coincidimos desde antes de que te marcharas a Inglaterra de nuevo.

—¡Enhorabuena! Te casas, ¿no? —Ese es Calvin.

—Sí. El próximo verano.

—Seguro que Joe está encantado —afirma Matt.

Me río.

—No creo que Joe se conforme con eso —susurro como si solo fueran a oírme mis hermanos—. Ahora querrá nietos.

Duncan me da un golpe en el brazo con el codo y el resto de Queens estalla en carcajadas.

—Harper, Harper, no me hagas hablar… —canturrea—. Chicos, un placer. Vuelvo dentro antes de que quemen el pavo. —Se despide sacudiendo la mano frente a la pantalla y se yergue para regresar a la cocina haciendo caso omiso a mis hermanos, quienes le piden que hable.

—Harper, habla —me pide Matt.

—Déjame en paz.

—Chicos —interviene Ethan—. Mirad qué radiante está. Ayer no podía ni contarnos lo ocurrido. Está con alguien.

Cuatro pares de ojos fijan su vista en la pantalla sin parpadear. Parecen clones.

—Harp… —insiste Matt.

—¿Qué os pasa? —exploto—. Ayer tuve que repetir la misma historia varias veces y estaba agotada.

Por eso no me vi con fuerzas de explicaros nada.

Pero esta mañana me he levantado de otro humor, dispuesta a machacar a ese idiota que cree que puede hundirme, y por eso os he contado todo lo que pasó.

¿Podéis dejar de ser tan simples y pensar que la felicidad de una chica solo puede deberse a que está con alguien?

—Qué bien habla la niña. Me siento muy orgulloso —declara Dean.

Todos le dan la razón, aunque Calvin parece estar escribiendo a alguien y no tardo en descubrir que yo soy la destinataria de ese mensaje.

Calvin:

Con ellos has logrado salirte por la tangente con un discurso brillante. Pero a mí no me engañas y espero que luego me cuentes qué ha ocurrido con ya sabes quién.

—Bueno, chicos, a lo importante —interviene Matt—: Dean, Calvin, ¿listos para convertiros en rivales?

—No —responde el más pequeño entre risas—. Es raro de cojones.

—Tranquilo, hermanito. No voy a golpearte, pero sí te voy a dar una paliza en el marcador —bromea Dean.

—Eso ya lo veremos —fanfarronea Calvin.

—Uhhhh… —canturrea Ethan.

Dean juega con los Connecticut Royals y Calvin con los Pittsburgh Ironhawks.

Y ambos equipos se enfrentan esta noche en uno de los partidos de fútbol más vistos de la temporada, el del día de Acción de Gracias a las 8:20 p.

m. Además, este tiene una expectación superior a lo habitual, pues todo el mundo está deseando ver el enfrentamiento entre los hermanos Queen.

Ambos llevan unos años dedicándose al fútbol, pero no se habían enfrentado aún porque están en divisiones diferentes.

Los Royals están en la AFC East y los Ironhawks, en la AFC North.

No hace falta entrar en detalles técnicos, pero, este año, la liga, su funcionamiento y el azar han hecho que coincidan dos Queens en el campo.

El momento que los aficionados a este deporte llevan tiempo esperando.

—No está de más recordar lo que papá siempre nos ha dicho —menciona Matt.

—«No hace falta ensuciar el juego para demostrar quiénes sois. Nunca busquéis destacar haciendo pequeños a los demás. Entrenad duro para ser los mejores y siempre seréis recordados» —parafrasea Dean—. Tranquilos, sabemos lo que tenemos que hacer.

—Sí —coincide Calvin.

—Estamos con vosotros. Con los dos —asevera Ethan—. Pensad que da igual el marcador de hoy, ambos habréis ganado.

—Eso es lo que hemos acordado decir cuando nos pregunten —confirma el pequeño.

—Os queremos, chicos —digo.

—Harp, todos sabemos a quién animas hoy —comenta Dean, entre risas.

—Sí, nunca has sido muy imparcial —concuerda Ethan.

—Me alegraré gane quien gane —aseguro.

—Ya. —Dean chasquea la lengua—. Tranquila, no me voy a enfadar por eso… porque vamos a ganar —termina con un guiño.

—La hostia va a ser monumental —bromea Calvin.

—Que gane el mejor —rebate Dean—. Chicos, os tengo que dejar. Mañana hablamos.

—Yo también tengo que colgar —concuerda el pequeño.

—Yo debería entrar, creo que el pavo ya está y empiezo a congelarme aquí fuera —expreso.

—Venga, a ti te vemos más tarde —dice Matt—. Mucha suerte a los dos.

Nos despedimos todos y espero unos segundos antes de regresar.

Dentro, las risas siguen. El sonido de voces, platos, música…

Acción de Gracias en estado puro. Solo al colgar soy consciente de que voy a verlo tras nuestra conversación interrumpida y me muerdo el labio tratando de mantener a raya esos nervios que me están haciendo temblar.

El murmullo se detiene cuando abro la puerta y, en el momento en que localizo la única silla vacía, entiendo a qué se debe este silencio repentino.

Varias cabezas se giran hacia mí y trece pares de ojos me miran con diferentes niveles de emoción y diversión.

Joe y Ava presiden la mesa en un extremo, así como Duncan y Holly lo hacen en el otro.

De este lado, con el cuerpo totalmente girado para observar mi reacción, se encuentran Gina, Madison, Caleb, Beth y Jake.

Frente a mí, Jay, Charlote, mi silla, Brady y Ryan.

No me atrevo a preguntar si se han sentado así por casualidad, pero en cuanto me acerco un poco distingo unos pequeños cartelitos con el nombre. No me hace falta mirar a Holly para imaginarme su sonrisa, pues me queda más que claro que ella ha sido la autora de esta distribución.

—Bueno, ahora que estamos todos, me gustaría decir unas palabras —anuncia Duncan poniéndose de pie, y yo termino de sentarme—.

Quería daros las gracias por venir hasta aquí.

Sé que algunos venís de Portland solamente para unas horas y es un viaje largo.

Me siento realmente satisfecho por el esfuerzo que habéis hecho para lograr que podamos estar todos juntos durante unas horas.

Harper y yo tenemos trabajo mañana, así que también vamos a salir disparados de aquí al acabar —especifica señalándome, y hace una pausa—.

Todos los que estáis sois las personas más importantes para nosotros, aquellos que podemos considerar familia.

Ya sea que os conozcamos desde siempre o hayáis llegado a nuestra vida de manera reciente, siempre vais a ser bien recibidos en nuestra casa.

Nos emocionamos un poco por sus palabras, pues todos sentimos lo mismo. Recientemente, la vida me ha vuelto a reunir con Duncan y Holly y se han convertido en parte de mi familia también.

—Cuando llegué a este pueblo, no imaginé que la vecina pesada que me seguía a todas partes iba a significar tanto para mí y no puedo esperar a que se convierta en mi esposa. Te quiero, Holly —añade desviando la vista hacia ella, quien lo mira con los ojos brillantes por la emoción.

Mi amiga se levanta y lo besa sin sentirse nada cohibida por los que estamos aquí, observando una de las muestras de amor más bonitas que he presenciado en toda mi vida.

—Yo también te quiero, Harris.

Él finge que está molesto por haberlo llamado por su apellido, pero no engaña a nadie.

—Yo también quería daros las gracias a todos por venir —continúa Holly—.

Es muy importante para nosotros. Hace unos años, en Acción de Gracias estábamos solo mi padre y yo, comiendo las sobras del restaurante.

Nunca me quejé porque tampoco podía ser de otra manera.

No teníamos más familia. Más tarde, llegó al pueblo un chico pelirrojo que se ganó el corazón de mi padre y se convirtió en una especie de hermano para mí.

Como él tampoco tenía familia, se unió a nuestras comidas en días señalados como estos.

Jay —lo busca con la mirada—, no sabes lo duro que se me hace no verte todos los días y comentar lo pesados que son algunos clientes.

Mi antiguo compañero de piso se levanta para darle un fuerte abrazo. Yo empiezo a sentir una ligera humedad en mis ojos, pues la carga emocional está subiendo y me encuentro demasiado sensible ahora mismo.