28. Nos vemos mañana
Harper
Todavía no he recuperado mi pulso habitual cuando oigo cómo se llevan a Wesley afuera. Olivia ha cerrado con llave, pero aun así me aterra que pueda intentar entrar, algo que finalmente no hace.
—¿Lo sabe tu hermano? —pregunta aquella que ya puedo considerar amiga.
—No, pero lo sabrá. —Me dejo caer sobre el sofá—. Se pondrá en «modo hermano mayor».
—Es una suerte tener una familia tan grande, unida y dispuesta a pelear por defenderos de los demás.
—Lo sé —admito.
—¿Y Brady? —tantea.
Me estremezco.
—¿Qué pasa con él?
—Dímelo tú —canturrea con una media sonrisa.
Suspiro y suelto tal cantidad de aire que hasta me sale una pedorreta.
—Estoy harta de contenerme. No creo que pueda aguantar mucho más, no después de esto.
—Pues no lo hagas.
—Ojalá fuera tan fácil.
—Quizá lo es. Te gusta, le gustas, hacéis buenísima pareja juntos…
—Es mi paciente.
Olivia pone los ojos en blanco.
—Puedes ponerte todas las excusas del mundo, pero la realidad es que acabaréis siendo la pareja de moda. ¿La pequeña de los Queen con Brady Lennox?
—Shhhhh…, calla.
—Sois pura realeza deportiva. La prensa os adorará.
Resoplo.
—Olivia…
—Vale, ya paro.
Suspiro. Jugueteo con los dedos sintiéndome demasiado analizada por esos ojos tan escrutadores.
—Si me estuviera equivocando, me lo dirías, ¿verdad? —balbuceo.
—Sí. Pero no es el caso. Mira, desde la lesión, hemos hablado mucho y eso me ha permitido conocerlo más. Creo que es un buen chico, solo necesita a una persona que lo quiera por ser él mismo en vez de la estrella del equipo y que esté dispuesta a incluir a su hermano en su vida.
—¿Sabes lo del hermano? —pregunto, incrédula.
—Sé lo mismo que tú —comenta guiñándome un ojo.
Creo que me sonrojo y me pongo aún más nerviosa. Ahora que no está la amenaza de Wesley me va a costar mucho fingir que no me gusta y las mariposas de mi estómago se alteran ante la idea de volver a verlo en cualquier momento.
Un golpe en la puerta me sobresalta, pero Grant me llama y Olivia va a abrir.
—Ya está fuera, tranquila. ¿Puedes acompañarme un momento?
—Claro.
Me levanto y salgo de la consulta de Olivia. Al fondo, diviso a Brady, quien me mira lleno de ternura y desasosiego. Ojalá pudiera acompañarme, me he sentido tan reconfortada y protegida mientras su cuerpo me rodeaba…
Grant me guía hasta una de las salas de reuniones y, nada más entrar, unos brazos muy familiares me rodean y me aprietan tan fuerte que casi no puedo respirar.
—¿Estás bien? Los demás me van a matar si te ha llegado a hacer algo.
La voz de Matt rezuma culpabilidad por todos lados. Se siente responsable, tanto por su posición en el equipo como por ser el hermano mayor.
—Estoy bien. Solo me ha amenazado y dudo que fuera capaz de llegar a tanto.
—¿Es la primera vez que ocurre? —quiere saber.
Sus labios forman una fina línea y su mandíbula está tensa, aunque trate de disimularlo.
Desvío la mirada hacia el lado. Grant observa nuestra conversación y también algunas personas más que identifico de Recursos Humanos.
—Harp… —insiste.
—No. Hubo una vez más hace una semana. Fue cuando empezó, y luego ha habido comentarios durante casi todos los días.
—¡¿Y no se te ha ocurrido decirme nada?! —espeta—. Lo siento —se lamenta al ver que su grito me ha asustado, y vuelve a abrazarme—. Lo siento, no pretendía…
—Lo sé.
—Disculpa, Harper —interviene una mujer que está aquí para tomar notas de lo ocurrido y saber cómo proceder—.
Entendemos que todo esto es bastante doloroso, pero debemos conocer los datos de lo ocurrido para justificar el despido de Wesley Holloway.
Y no solo eso, también estamos para apoyarte en cualquier denuncia personal que quieras interponer contra él, algo que siempre vamos a recomendar.
—No creo que sea necesario llegar tan lejos —balbuceo.
—No conocemos sus verdaderas intenciones y fuera del estadio no podemos hacer nada —plantea.
Asiento y mi hermano me guía hasta un sofá para que me ponga cómoda.
Tras unos segundos de silencio, decido contarles lo ocurrido desde hace una semana, aunque también hago hincapié en que nunca le he caído bien y siempre sentí que me tenía alguna clase de envidia por algo.
De hecho, tanto mi hermano como Grant corroboran que, el día que me asignaron a mí como la encargada de la recuperación de Brady, se lo tomó bastante mal.
Al terminar, la misma mujer me hace alguna pregunta incómoda, pero no tengo problema en responder, pues no considero que haya hecho nada malo.
—Vale, creo que tenemos información suficiente.
Está claro que el despido de Wesley es justificado y, tratándose de un caso de acoso y amenazas a otro empleado, fue correcta la manera de proceder.
No es la forma habitual, pero no podemos permitir poner en riesgo a otra persona por seguir los protocolos.
Está claro que esta es una situación muy excepcional.
—Además —interviene Grant—, creo que es oportuno añadir que Wesley ha cometido algunas faltas leves que no eran motivo de despido en sí mismas, pero, visto ahora en perspectiva, queda claro que estaba más centrado en verte fallar a ti —me señala con el dedo— que en hacer bien su trabajo.
Creo que no ha podido soportar que seas mejor que él.
—No lo soy —protesto.
Grant se ríe.
—No diré que Wesley sea mediocre porque para trabajar aquí hay unos requisitos, pero sí creo que durante los últimos años ha bajado bastante su nivel.
—Si te tenía envidia, por algo sería —añade mi hermano, a mi lado.
—Estoy de acuerdo —coincide la mujer que ha llevado casi toda la entrevista.
Veo que Grant mira el reloj con cierto nerviosismo y caigo en la cuenta de que Brady tenía sesión hace ya más de una hora.
—¿Crees que Lennox seguirá esperando? —le pregunto a mi jefe.
—Yo me encargaré hoy de él, ¿de acuerdo? Vete a casa, descansa y pon esa denuncia, hazme caso. Yo me ocupo de los chicos.
—Pero es mucho trabajo.
—Dejaré lo menos urgente para después de estos días libres.
Entonces tendré a la mejor ayudante disponible —afirma, guiñándome un ojo—.
Disculpadme —llama la atención de los demás presentes—, pero tengo que abandonaros.
Estamos en contacto para el nuevo proceso de selección —comenta dirigiéndose a los de Recursos Humanos.
Grant se despide de todos y sale escopetado, supongo que hacia el área médica, donde Brady debe seguir esperando a ser atendido. De manera inmediata, uno de los hombres que están aquí se presenta como director del área legal y me ofrece una tarjeta.
—Voy a poner a uno de nuestros abogados a trabajar en tu caso, aunque puede que tengamos que colaborar con alguien más especializado.
Te llamaremos en unos días, pero, si necesitas comunicarme algo, hazlo.
Si se pusiera en contacto contigo de cualquier manera, llámame.
Si ves que te sigue a algún lugar, avísame.
—Y a la policía —añade mi hermano—. Y a mí, por favor.
Estrecho la mano de Matt y respiro aliviada de tener tanto apoyo en este momento.
—Ir a la policía es lo ideal —me recomienda el director de Legal—. Si puedes ir al salir de aquí, mejor. Si lo haces, llámame. Pero entendemos que no tengas ganas de hacer esto ahora.
—Muchas gracias.
—No tienes por qué darlas. Y no pienses que hago esto porque seas la hermana de nuestro general manager ni porque me paguen por ello.
Me avergüenza que haya hombres así y haré todo lo que esté en mi mano a fin de que pague por lo que se ha atrevido a hacer.
Sus complejos de inferioridad debería tratarlos en la consulta de un psicólogo.
Me hace gracia la última frase y me atrevo a sonreír un poco.
—Bueno, aclarado todo, solo quería aprovechar para decirte que no hay ninguna norma en nuestro reglamento que hable sobre las relaciones entre miembros del equipo o del staff.
—¡Oh! No, no, de verdad que nunca ha habido nada —respondo de manera acelerada con un movimiento exagerado de ambos brazos.
—Mi hermana ya ha dejado claro que el contacto que mantiene con los jugadores es estrictamente profesional y que todo está registrado —gruñe Matt—. Incluso esa excursión a la casa de Lennox.
La mujer de Recursos Humanos se ríe y no sé qué cara poner.
—Vamos, Matthew, respira. Harper ha vivido rodeada de deportistas, no está aquí para cazar marido.
—¡Gracias! —La señalo.
—Harp.
—Matt. ¿Crees que este es el momento de tener esta conversación?
—No, lo siento. No quería. Perdóname, joder.
—No pasa nada. Solo entiende que hay decisiones que no te corresponden.
Sinceramente, creo que nunca he tenido novio en serio porque ¿qué clase de chico va a atreverse a salir con la pequeña de los Queen?
¿Quién crees que va a atreverse a entrar en casa y encontrarse con cinco Queens que lo mirarán como si fueran a darle una paliza?
—No queremos que sufras y salir con idiotas suele convertirse en tragedia. —Resoplo—. Pero… creo que hablo por todos los Queens al afirmar que ningún novio tuyo va a padecer ningún tipo de violencia por nuestra parte.
—No, claro, lo intimidaréis tanto con la mirada que saldrá corriendo —explico con cierto sarcasmo en la voz.
—Harper, estás hablando como si ya hubiera alguien a quien tengamos que intimidar.
—No te preocupes por ello.
—Bueno, creo que nosotros hace un buen rato que sobramos, ¿no? —bromea la mujer de Recursos Humanos, poniéndose de pie. El resto la imita y se despide de nosotros, recordándome que los avise de cualquier cosa.
—¿Te llevo a casa? —ofrece mi hermano.
—No, tengo que irme en mi coche, que luego voy a East Harbor. Pero, si quieres, puedes venir conmigo a poner una denuncia.
He pasado casi dos horas en la comisaría y menos mal que Matt estaba conmigo. Nadie te advierte de lo demoledor que es este proceso y que contar con alguien que te apoye resulta casi imprescindible.
Mi hermano se ha encargado de contarlo en el chat familiar y este ha estado echando humo todo el rato.
Los demás quieren saber qué ha pasado y hacen mil preguntas.
Yo no he escrito un solo mensaje porque estoy cansada de hablar de ello y siento que no lo puedo resumir en cuatro frases.
Así que he enviado un audio para decirles que, cuando me sintiera mejor, se lo explicaría a todos y lo han comprendido.
Ahora estoy terminando la maleta que llevaré a East Harbor.
Solo voy a pasar una noche, sin embargo, he metido mudas para varias semanas debido a lo alterada que me siento.
Ojalá pudiera quedarme allí más tiempo, pero por la tarde tengo que regresar para celebrar la noche de Acción de Gracias en casa de mi madre.
Salgo de casa, arranco el coche y me dirijo hacia el norte. Pongo el GPS, algo innecesario, pero el trayecto es tan largo que me interesa que me avise de los atascos. No obstante, antes de salir de Portland tomo un desvío.
Conduzco varios minutos y aparco en el jardín de su casa.
Camino con paso decidido hasta la puerta y llamo al timbre con dedos temblorosos.
Brady abre la puerta y me observa sorprendido, aunque no le doy tiempo de que pregunte qué hago aquí, porque me pongo de puntillas y le doy un beso veloz en los labios.
—Hasta mañana.
Lo he dejado tan en shock que no puede reaccionar y aprovecho para regresar corriendo al coche.
Al arrancar, Brady me alcanza y golpea la ventanilla con los nudillos.
—¿Qué significa esto, Harper?
Me encojo de hombros.
—No tengo ni idea.
—Espera, espera. No sé nada de ti después de lo ocurrido con Wesley, ¿y ahora me besas? ¿Quieres volverme loco?
—Nos vemos mañana. En la comida de Duncan y Holly. ¡Adiós!
Agito mi mano frente a su cara de pasmado y pongo la marcha atrás para salir de su terreno y entrar de nuevo en la calle.
No sé qué acabo de hacer.
No sé qué va a significar esto.
Pero me ha gustado. Mucho.