27. ¿Qué ibas a hacer?
Brady
Hace casi una semana que no veo a Harper.
Casi una semana desde la última sesión en la que la Reina de Hielo fue estrictamente profesional.
Una semana en la que no le he vuelto a escribir para no perturbarla, aunque me quemaran los dedos por hacerlo y me quedara mirando su conversación durante más minutos de los que debe considerarse saludable.
Pero hoy, por fin, vuelvo a tener sesión con ella, un día antes de Acción de Gracias.
No sé si asistirá a la comida que Duncan y Holly preparan mañana en East Harbor con familia y amigos, a la que Ryan y yo estamos invitados, pero espero que sí.
Tengo ganas de verla en un ambiente relajado, lejos del lugar de trabajo y de Wesley.
Llego al estadio pronto, como las últimas veces, aunque sé que Harper no me permitirá entrar hasta que sea la hora. Intento hacer tiempo en la cafetería, no obstante, Grant se cruza conmigo y me pide que lo acompañe.
—¿Qué tal sigue el hombro?
—Mucho mejor. Al final fue un acierto ponerme con Harper, es la mejor.
Grant sonríe y me da un par de palmadas en el hombro bueno.
—Esa chica tiene un gran futuro por delante. Posee un talento natural. Se adelanta a las lesiones tan solo observando vuestros movimientos mientras entrenáis. Eso nos permite modificar ejercicios, corregir posturas y recurrir a la terapia necesaria para evitar que los músculos se sobrecarguen.
El hombre habla con total admiración, una que empiezo a sentir yo también. Me parece increíble que haya pasado de no confiar nada en ella a poner mi carrera en sus manos sin un ápice de duda.
—Ni se te ocurra jugar con ella —me advierte de repente, y me hago consciente de que he dejado de escuchar durante unos segundos.
—¿Eh? No, yo no… —empiezo a negar de mil maneras.
—Sabe más el diablo por viejo que por diablo. No lo olvides, Lennox.
—No hay nada. Lo juro.
Grant niega con una sonrisilla que me hace reír internamente. ¿Es tan obvio que me gusta?
Al entrar en el área médica, unas voces nos alertan, haciendo que detengamos nuestros pasos.
—Sabes perfectamente cómo funciona esto, monada. —La voz de Wesley nos llega amplificada por el eco de este espacio y buscamos rápidamente el origen—. Ya debes de estar acostumbrada. ¿Cuántos favores has tenido que hacer para llegar hasta aquí?
—Ya te he dicho que ninguno —gruñe Harper. Me tenso de manera automática.
—Nadie va a creerte cuando esto salga a la luz, así que más vale que esa boquita trabaje bien…
No pienso, solo corro hasta la sala C3 y empujo la puerta tan fuerte que golpea la pared. Wesley se mueve rápido, pero me ha dado tiempo de verlo manosear y acorralar a Harper contra la pared.
«Puto pervertido».
Grant venía detrás de mí y ha visto exactamente lo mismo que yo. O eso espero, porque necesitaremos testigos objetivos.
Me arden las manos por molerlo a golpes, sin embargo, Harper está tan paralizada que voy a por ella y la alejo de ese monstruo tirando suavemente de sus brazos hacia el otro lado de la habitación.
Tras esto, se da la vuelta, me mira con los ojos llorosos y se abraza a mí.
Solo entonces me permito apretarla contra mi cuerpo, contra mi pecho, contra mi estómago, con tal de contener los espasmos de su llanto.
—¿Qué demonios ibas a hacer, Wesley? —lo encara Grant, casi tan lleno de rabia como yo.
—Nada. Solo estábamos discutiendo los términos de nuestro acuerdo —responde el hijo de puta mirándola de una manera que me produce asco hasta a mí.
—¿Qué acuerdo es ese? —quiere saber Grant.
—Deja de protegerla, sé que te hizo un par de favores para que le dieras el puesto.
Alzo las cejas y desvío la mirada hacia el jefe de Harper, quien parece demasiado tranquilo para lo que este tío está insinuando.
—Te acabas de meter en un buen lío, Wesley. No puedes hacer esa clase de acusaciones, se llama difamar y es un delito.
—Por favor, mírala —nos señala—. ¡Está con él! Ha entrado en el equipo para ser la zorrita de algún jugador y ninguna zorra tiene un currículum brillante.
—¡Cuidado con lo que dices, chaval! —lo increpo.
—A nadie le importa la vida privada ni de nuestros jugadores ni del staff —explica Grant con mucha más diplomacia que yo—. En cambio, tenemos tolerancia cero con el acoso y la violencia. Y tú acabas de traspasar ese límite con dos compañeros de trabajo. Será mejor que me acompañes a la salida.
—No estás hablando en serio…
—Entréganos la llave de tu taquilla y mandaremos tus cosas a casa. No vamos a demorar más esto.
—Grant, escúchame…, ella es…
—Te recomiendo que te calles —lo interrumpe—. Vamos, no lo pongas más difícil.
—No pienso irme a ningún lado.
Grant niega con la mirada y luego dirige la vista hacia nosotros.
—Harper, ¿puedes ir con Olivia y llamar a seguridad? ¿Te ves con fuerzas?
Ella se revuelve entre mis brazos y se deshace de ellos para largarse sin mirar atrás.
—No creo que haga falta llegar tan lejos. ¿Me vas a echar como si fuera un fanático que se ha colado en el estadio?
—Te voy a echar porque has cometido una falta muy grave que no va a quedar impune.
—¿Y ella no? —cuestiona, lleno de ira. Empieza a estar completamente fuera de sí.
—Basta, Wes, ni siquiera estamos juntos —comento con hastío—. Admite que te has equivocado con Harper y ten la decencia de salir de aquí sin montar dramas.
—Ya tiene que ser buena en la cama —masculla.
—Vamos… —lo apremia Grant, y Wesley se pone en marcha por fin.
—Esto no va a quedar así, pienso demandaros a todos —nos amenaza oponiendo un poco de resistencia a su salida.
—Hazlo, estás en tu derecho. Así como Harper también puede denunciarte a ti.
Gruñe, pero logramos salir del área médica y al poco vemos a varios agentes de seguridad para ayudarnos. Ahora se resiste más que antes y hay muchos gritos que alertan a la gente de Administración, aunque, al fin, logramos que salga del estadio.
—¿Crees que podemos estar tranquilos? —pregunto a Grant mientras vemos cómo arranca el coche y se va.
—No. Pensé que lo conocía bien, está claro que me equivoqué con él. Harper debe denunciarlo a la policía, porque aquí dentro podemos protegerla, pero fuera, no.
Mis manos forman dos puños y aprieto la mandíbula como si fuera a romperme las muelas.
—Tú tenías sesión hoy con Harper, ¿verdad?
Lo miro y me destenso enseguida.
—Sí. Pero entiendo que no esté en condiciones.
—No te vas a librar de esto, es importante. —Chasqueo la lengua—. Déjame arreglar el asunto y luego te veo. Espérame ahí, ahora vendré —pide con el agobio de alguien que sabe que se le viene tremendo marrón encima.
Decido hacerle caso para no añadirle más molestias y camino a paso ligero hasta las butacas que hay frente a las consultas.
Aunque mis ojos se dirigen a la de Olivia, donde sé que se encuentra Harper, y hago el mayor esfuerzo de contención para no ir con ella porque realmente no somos nada y ahora está fuera de peligro.