La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 22. Ya no lo odiamos
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22. Ya no lo odiamos

Harper

El sonido de la puerta al cerrarse no es fuerte, tan solo el clic seco de la cerradura.

La música sigue sonando, pero las conversaciones se han apagado.

Mi mirada se queda fija unos segundos de más en la dirección por donde Brady acaba de salir.

Todavía sigo medio aturdida por lo que me ha dicho hace unos minutos.

Todavía siento las mariposas y el pulso acelerado de mi corazón.

Me doy la vuelta y me encuentro con que todos los ojos están puestos sobre mí. Trago saliva y trato de disimular mientras emprendo mi marcha hacia el sofá. Charlotte es la primera en sentarse a mi lado. Jay lo hace después en el lado opuesto y los demás se acomodan alrededor.

—¿Y bien? —pregunta Holly, con una medio sonrisa, sentada sobre el regazo de Duncan.

—¿Qué es eso que te ha dicho que te ha dejado tan ida todo este rato? —inquiere Charlotte con una sonrisilla.

Niego con la cabeza.

—Nos lo acabarás contando tarde o temprano —comenta Beth—. Dilo ahora y así terminamos con esto.

—Le he contado por qué os conozco —empiezo a decir señalando a los dueños de la casa—. Le he explicado que no quería que nadie dudara de mis capacidades, algo que él mismo hizo, por cierto.

—¿Qué te dijo? —quiere saber Duncan, serio, paternal.

—Eso ahora no importa. Entiendo que estaba cabreado con el mundo tras la lesión y lo pagó conmigo.

—Uy, pues si lo defiende es que está hasta las trancas, porque cuando no lo soportaba no le hubiera importado compartir ese detalle con nosotros —deja caer Jay.

Me giro hacia él y lo asesino con la mirada.

—¿Qué estás haciendo?

—Decir la verdad. —Pongo los ojos en blanco—. Vamos, Harp, admite que Lennox te mola.

—Vale, me gusta. —Suspiro hondo y hago un gesto de rendición con los brazos—. ¿Y qué? No va a pasar nada.

—Así empiezan muchas novelas románticas —apunta Beth, la autora de la historia de Holly y la de Charlotte. Ambas, grandes éxitos en ventas. La segunda asiente, dándole la razón.

—Pero esto no es una novela romántica —rebato.

Se ríen. Capullos.

—A ver, ¿qué ha pasado para que haya dejado de ser un niñato consentido al que no soportas? —tantea Madison.

—No puedo contarlo porque sería traicionar su confianza. —Me fijo en cómo se miran Holly y Duncan. ¿Ellos lo saben?—. Pero digamos que he descubierto que no es así de idiota.

—Vaya, qué interesante —canturrea Beth, emocionada.

Pongo los ojos en blanco.

—¿Qué clase de interrogatorio es este? —mascullo.

—Solo nos preocupamos por ti y queremos saber si debemos seguir odiando a Lennox o no. —Esa es Madison.

—Pues no. Ya no lo odiamos —admito.

Se produce un silencio, supongo que me están dejando asimilar esto.

—Me ha estado escribiendo. Siempre asegura que tiene dudas con los ejercicios.

Se ha convertido en alguna especie de broma entre nosotros.

Él me pregunta y yo le digo que no estoy en mi jornada laboral.

—Sonrío al recordar algunas de nuestras conversaciones—.

El otro día me confesó que era una excusa para hablarme y hoy…

—suspiro largo y profundo mientras jugueteo con mis dedos— me ha dicho que cuando está conmigo, a tan poca distancia, y con mis manos sobre su piel, lo único en lo que puede pensar es en lo mucho que le gustaría dejarse llevar.

—¡Hostia puta! —blasfema Holly.

—Me encanta este chico para ti, Harp —afirma Charlotte entrelazando su brazo con el mío.

—No te creo. —Jay—. ¿Seguimos hablando de Brady Lennox?

—Muero de amor. —Beth.

Pongo los ojos en blanco otra vez.

—No os embaléis, no habrá nada entre nosotros —les advierto con el dedo índice señalándolos a todos ellos.

—Chicos, se abren las apuestas —interviene Jay, ganándose un codazo en las costillas—. Auch. Cincuenta a que están juntos para Navidad.

—¡Jay! —lo regaño, pero ni caso me hace.

—¿Navidad? Yo digo que Acción de Gracias. —Esa es Holly—. Ambos vienen a la comida que vamos a preparar en East Harbor —añade con un guiño.

—¿En serio? —cuestiono—. ¿No pensabais decirme nada?

—No —confirma Duncan—. En realidad, no teníamos nada claro cómo gestionar eso, porque como el hecho de que nos conozcamos es un secreto… Pero ahora ya lo sabe.

No respondo. Mis dedos siguen jugueteando y a todo el mundo le queda claro que estoy muerta de nervios por ir a esa comida. Y verlo a él. En un entorno relajado. Fuera de la sala de fisioterapia.

—Si dices que es otro Brady distinto al que creías, que te gusta, que estás hecha un flan por sus palabras y que te mueres de ganas de volverlo a ver… —enumera Charlotte—, ¿por qué dices que no habrá nada entre vosotros? Él parece bastante interesado en ti.

—Soy su fisioterapeuta, no puedo tener una relación con él.

No me he sacrificado durante tantos años para ahora arrojarlo por la borda y quedar relegada a «la novia de Lennox».

A que la gente crea cosas que no son, especule, mienta…

Por no hablar de cómo es la vida de un deportista, se pasan mucho tiempo fuera. No quiero eso.

—Yo tampoco lo quería —confiesa Holly—. He estado ahí, te entiendo.

Pero, si quieres a alguien, siempre encuentras la manera de hacerlo funcionar.

Brady es un buen chico, no va a permitir que la gente dude de tu valía ni que hablen mierda de ti.

Y, si sabes lo que creo que sabes de él, deberías tenerlo claro.

Duncan la abraza por detrás y muero un poco de envidia al verlos. Sé que hay relaciones que funcionan, pero no sé si yo estoy hecha para esto.

Sí, soy consciente de que ha protegido a su hermano de la prensa.

Eso solo puede significar que tiene cierta clase de poder sobre ella.

Pero es a costa de mostrar una imagen que resulta incompatible con la de un chico enamorado.

No quiero estar en el foco por salir con alguien así.

Este encaprichamiento debe terminar ya, antes de que se convierta en algo demasiado serio y no sepa cómo salir indemne.