La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 15. Kill Bill
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15. Kill Bill

Harper

El móvil vibra sobre el mueble del baño en el que está apoyado mientras me maquillo para la fiesta.

De reojo, compruebo el nombre de quien osa molestarme mientras trato de delinearme el ojo y veo que son mis hermanos.

Videollamada grupal. Descuelgo y coloco el teléfono en una posición que me permita hablar con ellos mientras termino de arreglarme.

Las cuatro caras aparecen a la vez y no sé cuál me causa más gracia.

Matt se encuentra aún en su despacho, con cara de desear estar en cualquier otro lugar menos ahí. No me extraña, debería haber terminado hace horas. Seguro que le ha salido algún marrón de última hora.

Dean va conduciendo con el manos libres. No me gusta que haga eso, pero me imagino que está deseando llegar a casa y reencontrarse con su familia. Por lo tanto, aprovecha el camino para hablar con nosotros.

Ethan está en el gimnasio que montó en su garaje. Otro que aprovecha el tiempo.

Y Calvin, como siempre, está comiendo su ración de proteínas. Se propuso ganar más músculo y resulta evidente que lo está logrando.

—¡Harp! —gritan los cuatro a la vez.

—¿Qué tal? ¿Alguna crisis familiar o mero aburrimiento? —pregunto sin despegar la vista del espejo. Como me despiste me saldrá mal la raya y tendré que volver a empezar.

—Queríamos ver tu cara —responde Ethan—. Llevas una semana sin dar señales de vida.

—Me paso el día trabajando y cuando llego a casa estoy agotada —simplifico.

—Si necesitas algún descanso, solo tienes que pedírmelo —ofrece Matt.

—No lo necesito.

—A la vista está —interviene Calvin—. ¿Vas a algún lado, hermanita? ¿Has quedado con alguien? —pregunta alzando las cejas varias veces.

—¿Harp nos está dando plantón por un tío? —cuestiona Dean—. ¿Quién es? Hay que investigarlo.

—Estoy en East Harbor y voy a una fiesta de Halloween con mis amigos. Es mi día libre y necesito desconectar un poco del equipo. ¿Algún problema o tengo que daros más explicaciones?

Silencio.

Ethan suelta la mancuerna. Calvin deja de comer. Matt parece querer decir algo y solo espero que Dean no pierda la atención de la carretera.

—¿Desconectar? ¿Necesitas vacaciones? —insiste Matt.

—Ya he dicho que no.

—¿Alguno de esos chicos te lo hace pasar mal? —inquiere Ethan.

—¿Es eso? —quiere saber Matt.

—Basta. Todo el mundo necesita desconectar del trabajo. Sí, aunque sea algo que te apasione —añado al ver que Dean está a punto de hablar.

—Seguro que Lennox la tiene amargada —interviene Ethan, y pongo los ojos en blanco mientras busco un pintalabios—. ¿Es tan chulo e insufrible como dice Matt?

—Lo es —asevero—. Es un puto grano en el culo.

Un malcriado al que jamás le han negado nada y cree que el mundo gira a su alrededor.

Aunque he de admitir —continúo— que la lesión está suponiendo una cura de humildad y últimamente lo noto más colaborador.

Imagino que ha llegado a entender que debe poner de su parte si quiere volver a jugar.

—¿En serio? —pregunta Dean—. ¿Estás domesticando a Lennox?

Resoplo.

—No estoy haciendo nada —aclaro mientras reviso el resultado de mi sesión de maquillaje—. Solo soy su fisioterapeuta y le he tenido que echar alguna bronca, como haría con cualquier otro jugador. Nada más.

Ethan deja escapar una carcajada que nos sorprende a todos.

—Claro, así empezaron Dean y Avery. «Solo es la jefa de prensa. Me echa la bronca por liarla con los periodistas, como haría con cualquier otro jugador». Y míralos ahora, casados, hipotecados, con una hija preciosa y otra en camino.

—¿Ya tenéis nombre? —pregunto para desviar la atención, porque sé que ese comentario no va a dejar a nadie tranquilo.

—No. Y no quieras cambiar de tema —responde Dean.

Matt se inclina hacia la pantalla, con los labios formando una fina línea.

—Ni de puta broma, Ethan. Nadie de ese vestuario se va a acercar a nuestra hermana. Los tengo vigilados. A todos.

—¡Matt! No necesito que hagas nada de eso, soy adulta. Puedo espantarlos yo misma.

—No quiero que tengas que espantarlos. No deberían ni acercarse a ti en primer lugar.

—Matt, Harper tiene razón, es mayorcita —lo corrige Calvin—. Debemos apoyarla en sus decisiones y no actuar como cromañones si algún tío se le acerca. Sea cual sea. Es difícil, todos la hemos visto crecer, es «la niña»…

—¡No soy ninguna niña! —protesto.

—¡Te estoy defendiendo!

—Perdón. Sigue.

Mi hermano pone los ojos en blanco.

—Todos queremos protegerla de cualquier sufrimiento, pero las malas experiencias nos enseñan incluso más que las buenas. Dejad de tratarla como a un ser indefenso y vulnerable.

—Gracias, Cal.

Tengo ganas de llorar. Los demás rebufan porque les aburre que el más pequeño de todos ellos siempre salga en mi defensa cuando se ponen extremadamente protectores conmigo sin motivo aparente.

—No me las des, solo digo lo que pienso. Eso sí, si un día nos necesitas, estaremos ahí.

—Bien dicho. Como alguien se atreva a hacerte daño, tengo un bate listo para utilizar. —Ese es Ethan. Juega al beisbol, tiene muchos bates.

—¿Tú qué sabes, Cal? —pregunta Matt.

—Nada.

—¡Venga ya! —protesta Dean.

Todos saben que Calvin es el único al que le hablo de chicos porque es el único que no me trata como a una niña.

—No hay nada que saber.

—Aún —insiste Ethan con una pequeña sonrisa, como si disfrutara haciendo sufrir a nuestro hermano mayor.

—Tranquilos —digo alzando las manos—, no estoy interesada en ser la esposa de ningún deportista. Y lo digo en serio, ¿vale? No es la vida que quiero.

Ethan abre la boca, preparado para bromear. Matthew parece querer insistir, pero decide hacer caso a Calvin, quien asiente como sabiendo más del asunto que yo misma. Y Dean sonríe satisfecho.

—Así que, por favor, dejad el tema, ¿vale? No os tenéis que preocupar por ello. Y en la remota posibilidad de que hubiera algo, no sería de vuestra incumbencia.

Los dejo tan descolocados que ninguno sabe qué decir, así que aprovecho para ir cortando la conversación, pues debería empezar a vestirme para la fiesta.

—Bueno, tengo que terminar de arreglarme. Adiós.

—Pasa foto —pide Calvin.

—No.

—Vamos, Harp. Queremos ver lo guapa que vas a ir a esa fiesta. —Ese es Ethan.

—Ni de coña.

—Dinos, al menos, de qué vas —suplica Matt, y me da hasta lástima.

—De la rubia de Kill Bill.

—¡Hostia! ¡Qué bueno, Harp!

—Increíble.

—Vas a ser el centro de atención.

—Luego os mando alguna foto cuando esté en la fiesta. ¡Un beso!

Cuelgo y sé que los dejo con la palabra en la boca, aunque, si no lo hago, no habrá manera de poner fin a esta charla. Los quiero, pero cuando se ponen así son un poco pesados.

La casa de Madison parece sacada de Pinterest. Está claro que tanto ella como Caleb llevan trabajando en la decoración desde hace varias semanas.

El exterior se asemeja al escenario de una peli de terror en una granja.

Hay paja en todos lados llena de sangre falsa, un espantapájaros que da auténtico miedo, huellas de pintura roja entrando en la casa y hasta una recreación de la niña de The Ring colgada en el porche.

Hay muchas calabazas y luces anaranjadas, pero, aun así, la oscuridad ayuda a dar ese aspecto tétrico que la convierte en la mejor decoración del pueblo.

Al entrar, no os creáis que la cosa mejora.

Hay textos escritos en las paredes, telarañas, unos cordones policiales sobre la puerta que da al garaje con un mensaje que reza: «Riesgo biológico.

No entrar», ventanas tapiadas con cartones que dan mucho el pego…

Si no la conociera, ya habría salido corriendo.

Sigo adentrándome en la casa, ambientada con las bandas sonoras de las mejores pelis de miedo, aunque de fondo me llegan la música de la fiesta y las risas.

Cuando alcanzo la parte trasera de la vivienda me encuentro a un clon de Alice, de Resident Evil, muy acaramelada con una especie de mercenario, que supongo que es Carlos Oliveira.

—¿Soy la primera en llegar? —pregunto, obligando a la parejita a separarse.

—Charlotte y Jay han llegado, pero han salido a buscar tacos al Jalapeños. Antojos de embarazadas.

Sonrío y los saludo con un fuerte abrazo a ambos.

—Estás cañón, tía. Te has pasado —le digo a Madison—. Ese vestido es la hostia de sexy. Se supone que es una fiesta de Halloween.

—Esto es el antes. Cuando me cargue a un par de zombis no tendré el mismo aspecto —bromea, y me río. Ella me echa una mirada de arriba abajo—. Vaya…, qué lástima que no hayamos invitado a cierto jugador lesionado.

Pongo los ojos en blanco y voy a responder cuando oímos ruido en la puerta y nos asomamos a ver quién ha llegado: Harley Quinn y el Joker, es decir, Holly y Duncan. Junto a ellos, también aparecen Beth y Jake, que van disfrazados del Team Rocket. Por favor, los amo, son tan cuquis…

Nos acercamos a saludar y hay muchos besos y abrazos. Mientras tanto, Circus, de Britney Spears, da paso a Kill Bill , de SZA, algo que hace que todos me miren.

—Esa parece mi canción —bromeo.

—Juro que no sabía que Harper vendría disfrazada de la novia asesina —comenta Caleb. Así que él es el responsable de la playlist.

—Bueno, tengo que admitir que cuando no tienes que buscar un disfraz en pareja es muy fácil. —Me encojo de hombros. —Oye, dime que hay algún buenorro en tu lista de invitados y que no voy a ser la sujetavelas oficial de la fiesta —le pido, suplico, exijo a Madison.

—¡Por supuesto! ¿Por quién me tomas? Como no salgas de aquí con alguien esta noche me voy a ofender. He seleccionado lo mejorcito de este pueblo y alrededores. —Mira a los demás y se arrima a mí para que nadie más la oiga—. Le pedí la agenda a Holly.