La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 13. No puedo caer
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13. No puedo caer

Harper

Le pido que se siente en la camilla y que se quite la sudadera. Se queda con una camiseta de tirantes que le queda endiabladamente bien y que deja a la vista algunos de sus tatuajes —unos antiguos, otros nuevos—, pero, cuando veo que va a quitarse esa última prenda, lo freno.

—No tan rápido —me burlo.

—¿Todavía no quieres ver mis músculos? —pregunta de manera muy seductora.

Pongo los ojos en blanco y él se ríe. Me está provocando, como de costumbre.

—¿Qué tal? ¿Notas alguna mejora?

—Va doliendo un poco menos.

—Eso es bueno.

Mientras hablamos, froto un poco las palmas de mis manos para calentarlas, pues las noto algo frías.

—Pon la espalda recta, por favor —le pido, y él obedece sin rechistar, lo cual me parece raro.

Sostengo su antebrazo y realizo una flexión pasiva de hombro, observando el rango de movimiento, el cual calculo que llega a unos cien grados. Luego, realizo una rotación externa suave, tratando de no forzar el labrum anterior.

—Esto ha mejorado bastante —le informo mientras busco el iPad para anotarlo.

—Lo dices como si fuera algo alucinante.

—En realidad, está dentro de lo esperable. Pero tu actitud me hacía dudar.

Chasquea la lengua.

—¿Ya me quito la camiseta?

Sus ojos buscan los míos y su sonrisa provocadora me trae demasiados recuerdos.

—¿Tienes calor?

—Contigo, un poco.

Lo miro alzando las cejas porque me acaba de descolocar de tal manera que soy incapaz de disimular.

—¿Bajo la calefacción? —propongo, perdiendo algo de estabilidad en la voz.

—Es otra opción —conviene—. Pero creo que disfrutarás más si me quito la camiseta.

—Lennox —lo llamo, ahora seria.

—Está bien, haz lo que tengas que hacer.

Continúo un rato más con los movimientos asistidos. Le pido que se relaje en varias ocasiones, pero, al menos, esta vez me avisa cuando nota molestias. Es un paso, y agradezco en silencio que se deje tratar.

—Camiseta —le pido, de camino a buscar mi iPad para anotar una serie de cosas antes de que se me olviden.

Él se ríe y se quita la prenda como si se hubiera propuesto seducirme. Lo observo de reojo desde mi ubicación y él me pilla porque en ningún momento me quita los ojos de encima. Está completamente atento a mi reacción, la cual es un poco difícil de camuflar.

«Joder, qué bueno está».

Pongo los ojos en blanco mientras regreso a la camilla.

Apoyo una mano sobre el omóplato para estabilizarlo y evitar que compense con la espalda.

Una vez que logro corregirle la postura, paso a realizar movimientos lentos para mejorar el deslizamiento de la escápula y reducir la tensión del trapecio superior con tal de recuperar el control y la simetría en la parte superior del tronco.

—Muy bien, estás mejorando el control escapular.

—¿Eso es bueno?

Me relajo y suelto una pequeña risa.

—Sí, es bueno. Lo siento, a veces me pongo un poco técnica.

—Bueno, es como si yo te hablara con jerga deportiva.

Me río un poco más fuerte.

—Creo que podría entenderte a la perfección.

—¿Me estás vacilando?

—No. —Sonrío—. La verdad es que crecí viendo bastantes partidos.

—Todavía no me has dicho por qué te dedicas a esto —comenta tras unos segundos.

—¿Seguimos con la terapia?

—¿Por qué no quieres decírmelo? ¿Es para ver a hombres desnudos? —pregunta alzando las cejas varias veces con un tono jocoso.

—Créeme, no me hace falta este trabajo para ver hombres desnudos.

Él me observa sorprendido por mi respuesta y me pongo roja de repente.

—¡Mierda! ¿Por qué te cuento esto? —mascullo.

—¿Ves a muchos? —insiste.

—Casi prefería al Lennox que rugía y preguntaba por Grant a cada rato.

—¿De verdad lo prefieres? —pregunta alzando una ceja.

—Sí. No. No lo sé.

—¿Te pongo nerviosa?

Resoplo.

—Vamos a seguir, ¿de acuerdo?

Él asiente y detiene sus bromitas sin gracia.

—Mantente relajado, ¿vale? Voy a empezar con el masaje terapéutico —le informo.

Él obedece sin rechistar, gruñir ni bromear. Menos mal.

Aplico una presión lenta y sostenida en la dirección de las fibras musculares y fasciales desde el deltoides anterior hasta la inserción del bíceps, a fin de mejorar la flexibilidad, reducir la inflamación y restaurar el equilibrio del tejido conectivo.

Tras unos minutos, siento la respiración de Brady más profunda.

—No te quedes dormido —me burlo. Él chasquea la lengua—. Para esta parte es mejor que te tumbes.

Brady se acomoda con agilidad y me pide que le confirme si está bien tal cual se ha colocado.

—Perfecto. —Doy la vuelta para ubicarme frente a su hombro derecho y ajusto de nuevo la altura de la camilla—. Esto quizá te duela un poco. Avísame si necesitas que pare.

—De acuerdo.

Me centro en la cicatriz, realizando un masaje profundo y transverso para mejorar la flexibilidad y evitar adherencias que limiten el movimiento en el futuro.

Es una técnica muy interesante para este tipo de recuperaciones, incluso para mejorar la apariencia estética.

No obstante, tiene una serie de inconvenientes, como el dolor o el enrojecimiento.

—Del uno al diez, ¿cuánto dirías que duele? —pregunto al notar que su cara se tensa y lucha por aguantar.

—¿Seis?

—¿Estás seguro? A mí me parece que eso es un ocho como mínimo.

—Es insufrible, pero seguro que hay cosas mucho peores.

—Las hay. Un parto, un cálculo renal, una luxación anterior del hombro con desgarro del labrum glenoideo… Seguro que alguna de esas te suena —bromeo, y con eso logro que Brady se ría y se relaje un poco.

—La luxación esa que acabas de mencionar es la que más duele de todas. Más que un parto.

—¡Ja!

Ambos nos reímos y me jode admitir que me siento bien bromeando con él. No debería relajarme tanto, sigue siendo el mismo que no recuerda que se acostó conmigo. No puedo pensar que es diferente, no puedo fijarme en él, no puedo… caer.

Para terminar el masaje y, de paso, darle un respiro, realizo una serie de deslizamientos suaves para promover la circulación por toda la zona afectada.

Esta es la parte en la que suelen relajarse más, a pesar de que no es especialmente relajante.

Una versión lenta de Everytime We Touch suena ahora por el altavoz y carga el momento de un clima demasiado íntimo.

Debería revisar las canciones de listas que no conozco antes de reproducirlas en mi lugar de trabajo.

O hacer las mías propias, pero no me da la vida.

De repente, noto a Brady incómodo por algo, pero me parece raro que sea por el masaje. Me fijo mejor en el hombro y en la cicatriz, aunque no veo nada.

—¿Ocurre alg…?

Me quedo callada de repente al ver la razón de su incomodidad y él se sienta con mucha urgencia, llevando ambas manos a su entrepierna.

—Lo siento, es que hace tiempo que nadie me toca de esa manera tan delicada —suelta de forma atropellada sin ser capaz de mirarme.

Alzo las cejas, aunque no me vea.

—¿Cuánto es «hace tiempo»? ¿Tres días? —ironizo.

Que no me venga con el rollo de que no folla; venga, hombre.

—No te burles —murmura dedicándome una mirada casi amenazante.

—¿Quieres hacerme creer que uno de los mujeriegos más famosos de la ciudad hace tiempo que no está con una chica?

—Es obvio que no me conoces —escupe, como si mis palabras le dolieran, y esquiva mi mirada.

No me atrevo a creerle nada, así que, para evitar un momento de confidencias y de intimidad que debería evitar a toda costa, decido jugar un rato con él.

—¿Necesitas ayuda con «eso»?

Vuelve a girarse y me observa incapaz de creer lo que acabo de decir. Al principio se muestra incrédulo y desconfiado, luego reaparece el Brady ligón de antes y sonrío mordiéndome el labio.

—¿A qué te refieres? ¿Qué clase de ayuda? —tantea, aunque creo que su mente perversa está vislumbrando algo que no va a ocurrir.

—Ya sabes, a «eso» hay que ponerle solución antes de que duela. —Por la mueca que esboza, creo que está empeorando. Si es que es peor que un adolescente—. ¿Te ayudo?

—Eehh… ¿Crees que es profesional? ¿Esto lo haces con todos?

—¡Claro! Mira, te cuento: sé de uno al que un día se le rompió mientras se masturbab…

—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaah!

El aullido de dolor creo que lo han oído hasta en los despachos.

—Mira, otra cosa dolorosa que añadir a la lista —me burlo.

Grant entra corriendo sin llamar, alarmado por el grito de hace apenas un segundo.

—¿Qué ha sido eso? ¿Lennox? ¿Algo va mal con el hombro?

—Tu residente es una sádica.

Mi jefe dirige su mirada hacia mí y me encojo de hombros.

—Estaba compartiendo con él una experiencia dolorosa para que vea que lo suyo no es tan grave. ¿Verdad, Lennox?

Brady parece querer asesinarme, pero creo que le avergüenza tanto lo ocurrido que no va a desmentir lo que acabo de decir.

—Exacto —confirma, resignado.

—Está mejorando el control escapular y va ganando movilidad. Todo va según lo previsto —le explico de manera breve a mi jefe.

—Genial, luego mándale los ejercicios que preparamos ayer para que los haga en casa.

—Claro. Ahora iba a ponerme a ello. Acabo de terminar el masaje.

—Perfecto. Si me necesitas, ya sabes dónde encontrarme.

Me despido alzando la mano, esperando que Brady lo detenga y le pida algo, como las veces anteriores, pero no lo hace. Esto no huele nada bien. ¿Soy desconfiada? Normalmente no. Pero este cambio de actitud por su parte me parece sorprendente.

—¿De repente confías en mí? —le pregunto. Él me mira sin entender, o sin saber qué responder—. Lo digo porque como, hasta ahora, le pedías confirmación a Grant y te resistías con todo, buscando que me rindiera…

—Leif me echó la bronca —comenta a modo de explicación, aunque no da más detalles.

Asiento.

—Bueno, nos queda la última parte. Esta es más entretenida porque empiezas a moverte, ¿preparado?

Alza una ceja.

Suelto una risilla mientras voy a por una banda elástica ligera. La que menos resistencia tiene. Me coloco a su lado y le explico cómo sujetarla para que no quede ni demasiado holgada ni demasiado apretada y que suponga un esfuerzo leve, pero no demasiado exigente.

—Mira, ¿ves estas rayas? Necesito que la sujetes por aquí y por aquí.

Por este lado con tu mano derecha, y por este lado, con tu mano izquierda…

—la guío hasta la posición correcta—, así.

Fíjate bien en todo porque estos ejercicios los tendrás que hacer en casa, mañana y tarde, los días que no vengas aquí, ¿de acuerdo? Es muy importante que sigas el plan.

—Síííí —responde como un niño pequeño que quiere que te calles. Me río.

Le termino de explicar las diferentes series, haciéndolas con él, dejándole claro hasta dónde puede moverse y el nivel de tensión que debe tener la banda en cada uno de ellos.

—Igualmente, no te agobies, porque Grant y yo hemos elaborado una guía bastante detallada que ahora te mandaré a tu correo electrónico.

Y, si tienes algún problema, puedes llamarme.

Dentro del horario laboral —especifico. Aun así, me dirige una sonrisa traviesa que tiene un efecto en mi cuerpo que no debería.

—¿Voy a tener tu teléfono personal? —pregunta alzando las cejas con mucha ilusión.

—No es mi número personal —miento, y veo cómo su expresión se desinfla de manera teatral—. De modo que, si intentas contactar conmigo fuera de mi horario laboral, no podré atenderte.

Terminamos la sesión de hoy con algunos estiramientos pasivos suaves y le pido que respire profundamente tres veces mientras sostengo la posición.

—Recuerda que todavía no puedes levantar peso ni realizar movimientos bruscos o por encima de la cabeza. Vamos por buen camino, Lennox —le comunico al finalizar la sesión, mientras él se termina de vestir.

—Genial.

—Volverás al hielo.

—¿Cómo de segura estás? —me pide, y no me pasa desapercibido el hecho de que me lo pregunte a mí y no a Grant.

—Mira, esto no son matemáticas. No podemos hacer una fórmula y darte una fecha de alta.

Pero tienes a grandes profesionales a tu lado con presupuesto ilimitado.

Solo hace falta que tú pongas de tu parte.

Porque yo no puedo hacer los ejercicios por ti.

Y sé que es una mierda todo este proceso.

Es lento y frustrante. A veces no ves progresos.

Por eso es tan importante que confíes en nosotros, porque nosotros sí los vemos.

Y, si no los vemos, hacemos cambios en el plan para que los haya.

»Sé que crees que no tengo la edad ni experiencia necesarias, pero una luxación de hombro no es algo nuevo para mí. La mayoría de vuestros problemas ya los he trabajado antes. De lo contrario, no estaría aquí. Grant es muy exigente con los candidatos.

—Yo… lo siento. De verdad. Soy un completo gilipollas.

Me descolocan tanto sus palabras que no puedo evitar abrir los ojos al máximo.

—Lo digo en serio. Pero entiendo que ahora te cueste creerme.

—Bueno, digamos que has hecho todo lo posible para que «la nueva» no se cargara tu carrera.

Pone los ojos en blanco.

—Vamos a trabajar juntos unos meses, ¿no? Creo que va siendo hora de dejar de llamarte «la nueva».

Asiento.

—Eso estaría bien.

—Vale. Pero, entonces, lo justo es que dejes de creer que soy ese personaje que todo el mundo ve. Supongo que tendremos tiempo de conocernos —comenta mientras me guiña un ojo y va hacia la puerta.

Se despide de mí, pero yo me quedo tan bloqueada que no soy capaz de pronunciar ni una sola palabra.

¿Es posible que yo también lo esté juzgando a él? ¿Que Brady sea muy diferente a como se muestra? ¿O solo me dice esto para mejorar el clima de las sesiones? ¿O quizá, solo quizá, está tramando algo?

Sea como sea, no puedo caer. Brady es un paciente más y como tal lo trataré. Si él me respeta, yo lo respetaré, pero nada de dejarme embaucar por esa sonrisa peligrosa y ese cuerpo hecho para el pecado.

Solo es trabajo.