CAPÍTULO 9 #2
Luke se echó a reír, separándose de la columna y dando un rápido paso hacia mí. Ignoró por completo a la gente de su alrededor, ignoró el riesgo de las fotos o de que nos pillaran, y tiró de mí para darme un fuerte abrazo.
Sus brazos rodearon mi cintura y me apretó contra su pecho.
Cerré los ojos, escondiendo la cara en la chaqueta de cuero y abrazándole con la misma fuerza.
El mundo del aeropuerto desapareció. El ruido de las maletas rodando y de la gente hablando se desvaneció.
Solo existía la certeza de que aquel abrazo era la mejor sensación de todo mi viaje.
—Odio los aeropuertos —dijo cerca de mi oído, con voz un tanto ronca—. Me paso la vida entera en ellos, pero hoy el ambiente es insoportable.
Me aparté un poco, manteniendo mis manos apoyadas en sus hombros, y le miré a la cara.
—Los aeropuertos son lugares justos, Luke. Nos trajeron a Italia en clase turista, ¿te acuerdas?
—Aquel vuelo fue un desastre que acabó convirtiéndose en mi parte favorita del año —respondió, esbozando una pequeña sonrisa y quitándose las gafas de sol para mostrar aquellos intensos y claros ojos azules.
Caminamos hacia un rincón más apartado cerca de los grandes ventanales, donde el flujo de personas era menor. El sol de última hora de la tarde iluminaba la pista de despegue ahí fuera.
—Bueno —empezó a hablar, cruzándose de brazos y adoptando mi postura más controlada—. La temporada internacional ha sido un éxito. El campeón se lleva el trofeo a casa. Debes de estar orgulloso. Tu equipo ha jugado de forma espectacular.
Luke se apoyó en la pared de cristal, manteniendo sus ojos fijos en los míos. Parecía estar analizando mi postura. Se dio cuenta de inmediato de que me estaba retrayendo, de que mi muro defensivo estaba levantado. Habíamos pasado el tiempo suficiente juntos como para que pudiera leer entre líneas.
—Estoy orgulloso del equipo. Hemos hecho un gran trabajo en la cancha. —Asintió con calma—. Pero la copa de campeón no es lo que más ganas tengo de llevarme a casa de este viaje, Sean.
Tragué saliva, desviando la mirada hacia la pista de aterrizaje durante un segundo, antes de volver a mirarle a la cara.
—Ha sido perfecto, Luke. —Dije con sinceridad, manteniendo el tono de voz constante—.
En serio. Las escapadas, las pizzas, las bromas en mitad del entrenamiento, todo.
Ha sido la mejor experiencia de viaje que he tenido en mi vida.
Un verdadero romance digno de una película de verano.
Pero los dos sabemos cómo funcionan las cosas en la vida real. Somos adultos.
Luke se cruzó de brazos y su expresión relajada dio paso a un enfoque muy serio y muy intenso. Las bromas habían desaparecido de su mirada.
—Sigue, chico de la hoja de cálculo. Explícame cómo funcionan las cosas en la vida real, ya que lo sabes todo.
Su tono desafiante siempre despertaba mis ganas de replicar, pero ahora no era el momento de jugar a las rivalidades. Quería protegernos a los dos de futuras frustraciones.
—Sabes a qué me refiero. Tu horario no existe, Luke.
Lo moldea la liga. Vas a volver a Estados Unidos, los entrenamientos te van a consumir la vida, los medios van a exigir tu presencia en actos de relaciones públicas y Sarah te va a programar entrevistas en todos los programas de televisión del país.
Tu vida es un espectáculo público constante.
Di un paso atrás, negando con la cabeza.
—Y yo vivo en una ciudad distinta, me siento en la mesa de una oficina todos los días de la semana para revisar campañas de ventas y planeo mi comida a través de una aplicación.
Nos hemos reído mucho aquí en Italia porque estábamos en una burbuja.
Nadie sabía quién era yo, y podíamos fingir que solo éramos una pareja normal explorando Europa.
Pero ahí fuera, la burbuja estalla. No hay espacio en tu mundo para un chico como yo.
Es mejor que salgamos de esta historia con los buenos recuerdos intactos.
Lo solté todo de golpe. Mi pecho iba a mil por hora. Esperaba que me diera la razón. Esperaba que esbozara esa sonrisa encantadora, que dijera que tenía razón, que le había encantado conocerme y que seríamos amigos para siempre, sellando el clásico final de una historia de vacaciones.
En lugar de darme la razón, Luke dio una gran zancada hacia mí. Su postura era imponente, no con arrogancia, sino demostrando una convicción absoluta. No estaba retrocediendo ni un solo milímetro.
—¿Ya has terminado tu erróneo análisis técnico de nuestro futuro? —preguntó, con voz grave y directa.
Parpadeé, pillado por sorpresa.
—Luke...
—No, ahora me vas a escuchar a mí. —Me interrumpió con suavidad, agarrándome por los brazos y manteniéndome en mi sitio—.
Tienes la irritante costumbre de creer que puedes predecir los pasos de todo el mundo solo porque lo apuntas todo en el móvil.
Creas escenarios en tu cabeza y te crees que son hechos incuestionables.
Bajó un poco la cara, asegurándose de que él ocupara por completo mi campo de visión.
—Es verdad. Mi vida es una locura. Mi horario es pésimo.
Los medios son agotadores y no tengo la rutina tranquila que tienes tú.
Pero te equivocas en algo muy importante, Sean.
¿Te crees que este viaje ha sido bueno porque estábamos en Italia?
¿Te crees que nos hemos divertido porque estábamos en una burbuja aislados del mundo?
Abrí la boca para responder, pero no me dejó espacio.