LA JUGADA PERFECTA (LIBROS DE BOLSILLO – P.W. WILLIAMS nº 1) CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

No dijo nada, pero arqueó una ceja hacia mí. El mensaje era claro: «¿Qué, sigues pensando que juego al béisbol?».

Puse los ojos en blanco a propósito y fingí un bostezo, tapándome la boca con la mano. Su sonrisa se ensanchó y volvió a centrarse en el partido.

El silbato del entrenador sonó fuerte inmediatamente después.

—¡Cinco minutos de pausa! ¡Bebed agua y volved a la línea de fondo! —Gritó el hombre.

Los jugadores empezaron a caminar hacia el banquillo a por botellas de agua y toallas. Luke cogió una pequeña toalla, se frotó la cara y caminó directo hacia mí, parándose frente a mi fila de sillas.

Estaba jadeante, con el pelo húmedo echado hacia atrás, y sus ojos claros brillaban de adrenalina y diversión.

—¿Y bien? —preguntó, apoyando una mano en la barrera acrílica que separaba la pista de la grada—. ¿Qué te parece la experiencia? ¿Ya has averiguado dónde está el lanzador de béisbol?

Crucé las piernas y apoyé la espalda en la silla, adoptando mi mejor expresión de crítico de arte que analiza un cuadro ordinario.

—Está bien. Corréis mucho. Vuestras zapatillas hacen un ruido curioso cuando paráis de golpe. Y tu amigo de allí… —Señalé a Gavin, que estaba intentando equilibrar un balón en la cabeza en el borde de la pista—. Parece que ha consumido demasiado azúcar en el desayuno.

Luke soltó una risa y dio un largo sorbo de agua a la botella que sostenía.

—Gavin está a tope todo el tiempo. Pero estás evitando la pregunta, Sean.

—No estoy evitando nada. He dicho que es un deporte que está bien. La dinámica es interesante, lo confieso. Se tira el balón a la canasta y se ganan puntos. Muy fácil de entender.

Entrecerró los ojos al darse cuenta de que no iba a dar mi brazo a torcer tan fácilmente. Su ego quería elogios, quería que yo admitiera que estaba impresionado, y mi negativa absoluta a hacerlo era nuestro juego favorito.

—Eres muy cabezota. Has visto el mate que acabo de hacer. Te he visto mirando.

—En realidad, estaba mirando el marcador luminoso de arriba. Las luces led están muy bien hechas.

Ryan apareció junto a Luke con su botella de agua y sonriendo abiertamente. Se apoyó en el borde de la barrera acrílica y me miró.

—Qué pasa, Sean. ¿Qué te parece nuestro capitán? Se ha pasado la última hora intentando impresionarte con todas las jugadas difíciles que sabe hacer. El tío no suele intentar un mate así en el primer entrenamiento del día. Su ego necesita que le valides.

—Ryan. Cállate la boca —ordenó Luke, que cambió de expresión en el acto.

—Me parece todo muy normal —le respondí a Ryan, encantado con que estuviera allí. El amigo de Luke era un excelente cómplice para mis provocaciones—. He visto vídeos de gatos en internet dando saltos muy parecidos a los suyos.

Ryan estalló en una genuina carcajada, doblando el cuerpo hacia delante. Gavin se acercó corriendo para ver de qué se reía tanto su amigo.

—¡Ha comparado tu salto con un vídeo de gatos, jefe! —Le dijo Ryan a Luke, señalándolo con el dedo—. En serio, Sean, me encantas. Por favor, ven a todos nuestros entrenamientos. Nos hacía falta alguien que no tratara a Luke como a una deidad intocable.

—A partir de mañana se le deniega el acceso permanentemente —refunfuñó Luke, cruzándose de brazos, pero su tono de voz dejaba claro que no estaba realmente enfadado.

Gavin se apoyó en Ryan y me miró.

—Pero en serio, ¿de verdad no te gusta el juego? Somos muy buenos.

—Es broma. —Confesé, dirigiéndole a Gavin una sonrisa amistosa—. El juego está guay. Sois muy rápidos, y yo no sería capaz de hacer ni la mitad de las cosas que hacéis en la pista sin romperme ambos tobillos en los cinco primeros minutos.

Luke giró rápidamente la cabeza hacia mí.

—¿Un elogio? ¿Acabas de decir un cumplido?

—He elogiado al equipo. A la plantilla. Al grupo colectivo —corregí en el mismo instante—. No he dicho ni una palabra sobre tus habilidades individuales.

A Luke le brillaron los ojos de forma peligrosa. Aquella llama de desafío que siempre aparecía cuando discutíamos los dos se apoderó de su rostro. Dio un paso atrás, poniéndose frente a mí, con la pista a su espalda.

—¿Quieres una prueba de habilidad individual, chico de la hoja de cálculo?

Me incliné un poco hacia delante, interesado por lo que estaba a punto de hacer.

—¿Qué tienes en mente?

Luke señaló exactamente el centro de la cancha. El enorme logotipo de la federación estaba dibujado en la madera pulida justo en la línea que dividía el espacio en dos mitades.

—Me quedaré justo ahí. En el centro exacto de la pista. Tiraré el balón desde ahí e irá directo a la canasta, sin tocar el aro.

Ryan soltó un silbido bajo.

—Jefe, eso es un tiro desde el medio campo. La semana pasada no acertaste ni uno.

—Cállate, Ryan. Estoy hablando con Sean. —Luke no apartaba los ojos de mí—. Si hago este tiro y acierto a la primera, gano. Y tendrás que admitir delante de todos que soy el mejor jugador que has visto. Y lo que es más importante…

Hizo una pausa calculada y el silencio pareció apoderarse de nuestro lado del estadio. El corazón me empezó a latir un poco más deprisa al percibir el cambio en su tono de voz. La broma estaba derivando a algo totalmente distinto.

—¿Y qué es más importante? —pregunté, esforzándome por mantener la voz firme.

—Si acierto, me debes una cita de verdad. Esta noche.

Las palabras cayeron entre nosotros como una deliciosa bomba.

Ryan abrió mucho los ojos e intercambió una rápida mirada de asombro con Gavin.

Los dos parecían acabar de presenciar un milagro.

Me quedé callado un par de segundos. La propuesta era clara.

Ya no había lugar a interpretaciones de amistades extrañas o rivalidades de viaje.

Me estaba invitando a salir delante de sus amigos.

Sentí que se me calentaban un poco las mejillas, pero nunca me echaba atrás en una apuesta.