La Jugada del Diablo (Serie Kat Drummond 3) 13. Fiesta
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13. Fiesta

Fiesta

Colin me ha salvado la vida, literalmente, con los cubiertos de plata.

Le ha costado bastantes triquiñuelas legales y (hay que reconocerlo) un buen puñado de mentiras sobre los estatutos municipales para conseguir las piezas, pero lo importante es que las ha conseguido.

La recompensa de la ciudad ha sido suficiente para cubrir el reembolso a los propietarios.

Le he ofrecido a Colin una parte, como se esperaba profesionalmente, pero ha declinado con cortesía.

He usado el resto de la paga para costear mis gastos médicos.

Me iban a quedar dos cicatrices, pero el pelo podrá crecer sobre el corte de la cabeza.

Mientras tanto, me he peinado hacia un lado para cubrir unos puntos de sutura poco favorecedores.

Bueno, no debería quejarme. Podría haber sido mucho, mucho peor.

Aun así, he pasado mucho más tiempo del habitual frente al espejo recogiéndome el pelo de la forma justa para que la mayoría de los puntos quedaran ocultos.

Conrad no me ha dado mucho tiempo para recuperarme. Aunque está molesto conmigo por retrasar el pago de los magos Titán, todavía hay monstruos que cazar.

Así que eso me ha traído ante un retornado, que acecha a la gente por las marismas de Lakeside.

Nunca me he enfrentado a uno, pero sigue siendo lo mío.

Todo carne podrida, tendinosa, con huesos que sobresalen.

Los retornados son no muertos. Normalmente, no muertos que llevan muertos mucho tiempo.

Imaginaos algo parecido a los zombis, pero mucho más podridos y mucho más cabreados por ello.

Este retornado ha sacado la mano de una parcela de tumbas antiguas.

Algún ritual nigromántico chiflado a kilómetros de distancia lo ha alcanzado y ha levantado a la abuela o al abuelo de alguien de la tumba.

No sabría decir a quién. Ya no parece humano.

Por suerte para mí y para los residentes, también le falta un par de extremidades muy humanas: las piernas.

Cuando los nigromantes levantan retornados de entre los muertos, suelen usar sus poderes para mejorar las partes del cuerpo que quedan.

No con este espécimen. Está tan podrido y cadavérico como el día antes de empezar a gritar.

He encontrado a la cosa gateando por el suelo, arrastrándose por la hierba junto a los lagos y los pantanos cenagosos del suburbio de Lakeside.

Ha sido fácil de encontrar. La gente lo observaba desde lejos, como si fuera un accidente de coche distante o un artista callejero.

He hecho patente mi irritación al pasar junto a la multitud de curiosos, he contemplado al desgraciado sibilante, borboteante y pestilente que tenía ante mí, y luego le he atravesado la cabeza.

La multitud se ha dispersado con lentitud. Había un aire de decepción en ellos mientras yo sacaba una foto del retornado y veía cómo depositaban la paga en mi cuenta.

—Creo que querían algo más de espectáculo —ha comentado Treth. He notado disgusto en su tono. Mis mismos sentimientos.

Hemos regresado a casa en relativo silencio. He conseguido que me llevaran en uno de los escasos autobuses de Hope City. Mucho más barato que un taxi. De verdad necesito comprarme un coche o una moto...

En el autobús casi vacío, no he podido evitar sentirme un poco melancólica. No ha ayudado que el sol estuviera a punto de ponerse, transformando el cielo azul y la luz amarilla en un naranja y rojo más sombríos. Esta melancolía ha ido creciendo. ¿Cuál era la causa?

¿Ha sido el retornado? ¿Su forma patética ha despertado alguna simpatía en mi corazón frío y curtido?

No puede ser. He visto cosas mucho peores. He hecho cosas mucho peores. Siento por el retornado lo mismo que por todos los no muertos. En el mejor de los casos, una fría indiferencia. En el peor, un odio vehemente.

Lo que siento no tiene nada que ver con el retornado.

¿Eran, entonces, preocupaciones por algo que estuviera pasando en mi vida?

No sabría qué. Las cosas iban bien, relativamente.

Me llevaba bien con Trudie de nuevo, chateaba con Colin por internet todas las noches, mi saldo bancario era bueno.

Duer ha limpiado la línea ley de mi apartamento tan bien que Pranish incluso ha pedido venir de visita para poder encantar cosas usando el suministro de magia local.

La vida era, por lo que podía ver, bastante buena. Solo tenía que cerrar este asunto con la Ciudadela. Ya entraría en razón y aceptaría cobrar en algún momento.

El autobús ha parado en Rondebosch y me he bajado para caminar el resto del trayecto. Mi bolsa de equipo me pesaba de forma extraña en la espalda. Había metido mi espada en ella. Mi solitaria espada. De verdad tenía que ir a buscar otra .

La calle que lleva a mi edificio de apartamentos estaba tranquila, como de costumbre. He oído a unos pájaros piarle a un gato. No sería Alex. A él no le gusta salir de mi apartamento. Los gatos de la zona son malos.

He llegado al pie de la escalera que sube a mi planta y he soltado un hondo suspiro.

—Feliz cumpleaños, Kat —ha dicho Treth, en voz baja.

Sí, era eso.

He subido las escaleras y me he plantado ante la puerta de mi apartamento. He trasteado con las llaves y he abierto la puerta.

—¡Sorpresa! —ha bramado desde el umbral como un disparo de escopeta. Habría dado un salto si no me hubiera quedado atónita.

Trudie ha venido corriendo hacia mí, sosteniendo a Alex. Llevaba una falda de cuadros rojos oscuros y grises con calcetines negros por encima de la rodilla.

—¡Feliz cumpleaños! —ha chillado, evidentemente más emocionada por mi tradicional rotación alrededor del sol que yo. Alex me ha maullado mientras yo estiraba la mano para acariciarlo.

He mirado por encima del hombro de Trudie hacia el interior de mi apartamento. Detrás de ella había un grupo variopinto que nunca esperaría ver reunido en un solo lugar. Un montón de gente de tantas partes diferentes de mi vida que había olvidado que eran de la misma ciudad.

Justo detrás de Trudie estaba Pranish, radiante como solía estar.

Andy estaba a su lado, con su amigo de la fiesta de Miriam.

Y hablando de Miriam, allí estaba ella, con su enagua de vampira negra.

Junto a ella estaban Brett, Guy e incluso Cindy.

Y para rematar, estaba Colin, con una camiseta informal y unos vaqueros que le hacían parecer años más joven.

Tanta gente. Tantas partes de mi vida.

—No llores —ha dicho Treth, más para sí mismo que para mí. Tenía el amago de un sollozo en su tono.

—¿Cómo? —le he preguntado a Trudie, que ha resplandecido ante la pregunta.

—Cuando arreglé tu teléfono, puede que me diera acceso a tus contactos. Invité a las personas con las que más hablabas.

Ha fruncido el ceño. —La mayoría no respondió.

Era de esperar. La mayoría de mis contactos eran clientes temporales a los que ni siquiera había conocido.

—¿Con los que más hablaba? —he preguntado, ignorando la flagrante invasión de mi privacidad—. ¿Dónde está Conrad, entonces ?

—Tu engreído jefe se reunirá con nosotros más tarde en el Gravekeeper.

He sonreído. —¿Lo tienes todo planeado entonces?

Trudie ha sonreído de oreja a oreja. —Sí.

Trudie me ha engatusado para que entrara en la habitación. He cerrado la puerta tras de mí y he dejado mi bolsa en su sitio habitual. Mis invitados han empezado a apretujarse para saludarme y, en un aturdimiento inconsciente, he saludado a todo el mundo.

—Feliz cumpleaños, Katty —ha bromeado Brett.

—¿Te hemos sorprendido? —ha añadido Guy con una sonrisa casi infantil.

Cindy me ha abrazado y simplemente ha dicho: —Feliz cumpleaños.

—He pensado que era justo que yo asistiera a una de tus fiestas —ha dicho Miriam. La he llamado profesora. Ella ha sonreído y me ha reprendido.

Antes de que pudiera llegar hasta Colin, Trudie ha puesto a Andy y a su amigo en mi camino. He mirado la sonrisa de Trudie y he decidido ser educada.

—¿Te acuerdas de Oliver? —ha preguntado Andy, con su sonrisa demasiado blanca reluciendo.

He mirado al joven. Tenía una mueca de arrogancia en el rostro. Muy similar a la que tenía en la fiesta de Miriam.

—Me acuerdo. —He tendido la mano. Me la ha estrechado. Su agarre era fuerte. Más fuerte de lo que parecía.

—¿Cómo va la caza de monstruos? —ha preguntado Oliver, con un deje de burla en el tono.

—Muy bien. ¿Cómo va la informática?

—¿Informática?

Ha sido repentino y muy sutil, pero he pillado a Andy fulminando a su amigo con la mirada. Oliver se ha estremecido, de forma aún más sutil, y ha continuado.

—¡Ah, informática! Sí, ha ido bien.

—Nuestro objetivo es tener una versión funcional para el año que viene —ha añadido Andy, con cara seria.

¿De qué iba todo aquello?

—¿Versión funcional? ¿Qué estáis desarrollando? —he preguntado, solo un poco curiosa. He mirado por encima del hombro de Andy. Colin me ha sonreído y me ha inclinado su bebida. Estaba demostrando que no estaba ofendido. He sentido una punzada que no sabría explicar.

—Videojuegos —ha respondido Oliver.

Andy le ha dado un codazo en las costillas y ha respondido él mismo. —Cosas aburridas. Software de contabilidad.

—Oh —he dicho en un tono apenas encubierto de interés forzado—. El software de contabilidad puede ser muy interesante.

—Deberías hablar con Pranish, nena —ha dicho Trudie—. Está desarrollando una especie de código mágico.

Pranish, desde el otro lado de la habitación, hablando con Cindy, ha mirado hacia nosotros al oír su nombre. Me ha dado la impresión de que no querría hablar con Andy sobre su proyecto.

Mi teléfono ha sonado antes de que nadie más pudiera hablar.

—Ignóralo. ¡Es tu cumpleaños! —ha dicho Trudie, menos pesada y más emocionada.

He sonreído levemente, pero aun así he sacado el teléfono del bolsillo. El identificador de llamadas mostraba: Mandy Caleb. Mi tía. Mi última pariente viva.

He ignorado a Trudie y he respondido.

—¡Feliz cumpleaños, Kat!