La jugada cambiada Capítulo 34 #2
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Capítulo 34 #2

@brad.hdp420: ¿Qué tal tienes el culo después de comerte toda la polla del árbitro?

@piel-de-ballin: Espero que los Rebels no te fichen, pedazo de maricón de mierda.

@katie.ladivina: ¡Ni siquiera mereces pisar el hielo! ¡Boston merecía estar en los F4!

@golde2000metros: ¡Seguro que te has tirado al árbitro, maricón asqueroso! ¡Eres una vergüenza para el hockey!

Me muerdo la lengua y respiro hondo. Cada vez que publico algo, recibo cientos de mensajes como esos. Normalmente los borro sin siquiera leerlos y, desde luego, nunca respondo a ese tipo de comentarios retrógrados. Aun así, siguen doliendo. Algunos ya acumulan decenas de «me gusta».

—Vale, ya... ¿Qué pasa?

Por supuesto, Nicko elige ese momento para volver y cerrar la puerta tras de sí. Parece preocupado, pero niego con la cabeza antes de que pueda inquietarse más.

—No es nada —murmuro mientras me aparto para dejarle sitio.

Ignora todo el espacio libre que tiene alrededor y se deja caer encima de mí.

—Mentiroso.

Resoplo, dudando si enseñárselo o no, pero al final le tiendo el móvil.

Entrecierra los ojos al leer el último comentario que he abierto y separa los labios para decir algo.

Vuelvo a negar con la cabeza y le tapo la boca con la mano.

Ahora mismo no tengo fuerzas para lidiar también con su indignación.

Las cejas de Nicko casi se juntan cuando frunce el ceño, pero al final asiente y se aparta.

Suspiro, bloqueo la pantalla otra vez y dejo caer el móvil sobre el pecho.

—Siempre habrá imbéciles como esos —digo en el sofocante silencio que se instala entre nosotros. Es lo que me repito a mí mismo. Aun así, me siento peor precisamente porque hace apenas unos minutos estaba celebrando la victoria de New Hampshire.

—Sí, supongo —murmura Nicko mientras se tumba a mi lado. Su hombro presiona contra el mío, pero el tema sigue flotando entre nosotros, incómodo y pesado.

Sigo borrando mensajes como si así pudiera borrar también el problema.

Entonces Nicko saca su propio móvil y resopla al mirar la pantalla. Me enseña las decenas de notificaciones de mensajes de Nate. Me río y abro mi aplicación de mensajería para enseñarle los que yo he recibido antes.

Nicko emite un sonido pensativo y vuelve a mirar su teléfono. Da un par de toques en la pantalla y, de pronto, su expresión se ensombrece.

—¿Pero qué coño...? —suelta.

Me incorporo un poco para ver qué le ha molestado tanto y parpadeo al reconocer mi propia historia de Instagram. Alguien la ha compartido acompañándola de insultos y una colección de emojis de mierda.

—Nicko, ya te lo he dicho. Siempre habrá imbéciles. No deberías...

—¡Sí, unos cuantos imbéciles! ¡Pero a este le conozco!

Frunzo el ceño y me acerco más para mirar la pantalla.

No está señalando la publicación, sino los «me gusta» que aparecen debajo.

«Le gusta a BadgerXL». Inclino la cabeza.

Nicko resopla y pulsa el nombre para abrir el perfil del tipo, y de repente yo también estoy mucho más cabreado que cuando los insultos venían de completos desconocidos.

Linus Zollweg, vestido con el uniforme naranja de los Badgers, sonríe con suficiencia en casi todas las fotos de su perfil.

—¡¿Mi capitán de mierda?! Y después de que yo... —Nicko se interrumpe de golpe, mordiéndose el labio con tanta fuerza que me preocupa que llegue a hacerse sangre. Siento que se me revuelve el estómago y cierro los ojos un instante.

No me afecta tanto a nivel personal, pero me da náuseas pensar en nuestro último encuentro. El tipo que me sonrió a la cara mientras me estrechaba la mano antes del partido resulta que dedica su tiempo libre a dar «me gusta» a publicaciones con emojis de mierda superpuestos sobre mi cara.

—¡Qué capullo! —Nicko aprieta los ojos con fuerza. Le quito el teléfono antes de que lo estrelle contra la pared, bloqueo la pantalla y lo dejo sobre la mesilla de noche. Cuando vuelvo a mirarlo, tiene el antebrazo apoyado sobre la frente.

—Lo siento. Sé que esto es una mierda.

—No. No, no tienes ni idea. —Inspira hondo y gira la cabeza para mirarme—. ¿Recuerdas que no se lo he contado a casi nadie? Lo de que soy bisexual. —Traga saliva con dificultad y vuelve a esconderse tras la mano—. A Linus sí se lo conté.

Me muerdo la lengua y siento que el corazón se me encoge por él.

—Lo siento muchísimo, Nicko. —Me acerco un poco más, aunque no estoy seguro de si le apetecerá que lo toque por lo que acabamos de hablar.

Pero no se aparta, así que le paso un brazo por la cintura—.

Pero... —empiezo, intentando encontrar las palabras adecuadas— dentro de unos meses te habrás librado de él.

Jugaremos juntos en los Rebels y no tendrás que volver a aguantar a ese hijo de puta de Linus.

—¿De verdad crees eso?

—¿Qué quieres decir?

Al principio no responde. Solo se muerde el labio inferior.

—¿Nicko? —pregunto, con el pecho oprimido por una sensación de inquietud.

—¿Y si los Rebels no me fichan?

Casi me río al oírlo.

—¡Claro que van a ficharte! Nicko, eres uno de los diez primeros del draft . ¡Los Rebels serían unos completos idiotas si te dejaran escapar!

—Yo... —Nicko emite un sonido extraño, como si se le hubiera quedado el aire atascado en la garganta. Me incorporo y me apoyo sobre los codos para mirarlo, pero vuelve a taparse la cara con las manos.

—Cuéntamelo.

Vuelve a hacer el mismo ruido y yo suelto un suspiro. Me inclino hacia él y le deposito un beso rápido sobre los nudillos.