La jugada cambiada Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

¿Me estás tomando el pelo, Nicky? ¡El de la foto!

¡El del culo espectacular!

Echo la cabeza hacia atrás y gimo, dejando caer el móvil sobre el regazo para masajearme las sienes.

Debería haberlo visto venir. Nate es incapaz de permanecer soltero demasiado tiempo, así que era inevitable que intentara emparejarme con chicos y chicas desde el momento en que le confesé que era bisexual.

Lo peor es que sé que lo hace con buena intención y que, probablemente, está encantadísimo consigo mismo por haberle conseguido una cita a su hermano ermitaño con el tipo al que yo solo conozco como oso_cariñoso_m.

No sabía que se llamaba Michael.

Claro que no. Hasta ahora solo era material para tus pajas.

¡Eso no es verdad!

Me arrepiento de haber enviado el mensaje en cuanto le doy a enviar, pero antes siquiera de plantearme borrarlo, mi hermano ya está escribiendo otra vez.

¿Ah, no?

Un instante después, una nueva avalancha de imágenes invade la pantalla. Son algunas de las favoritas de nuestro historial de chat. Aunque nunca he visto la cara de oso_cariñoso_m, desde luego no era tímido a la hora de enseñar otras partes de su anatomía.

La foto del bulto bajo unos pantalones de chándal de tiro bajo (lo bastante explícita para dejar claras sus intenciones, pero sin mostrarlo todo) es una de las que más veces he vuelto a mirar, pero ahora mismo estoy demasiado ocupado buscando desesperadamente el botón de borrar.

—¿Qué estás haciendo?

Se me escapa un chillido de vergüenza al oír aquel murmullo grave. A mi lado, Hart resopla mientras me tapo la boca con una mano. Algunos de los chicos mascullan alguna protesta en mi dirección, pero por suerte ninguno se molesta en levantar la cabeza.

—¡Idiota! —replico.

Hart se limita a soltar una risita ronca, todavía adormilado. El sonido me pone la piel de gallina y me remuevo en el asiento, bajándome aún más las mangas de la sudadera.

—¿Por qué estás mirando perfiles de tíos por internet?

O sea, que lo ha visto. Genial. Simplemente genial. Nate, eres un maldito idiota .

—¡No estaba mirando eso! Me lo ha enviado Nicko. —Aprieto fuerte los dientes mientras fijo la vista en la pantalla bloqueada y maldigo en silencio a mi hermano—. Está hablando con un tipo por Grindr y...

—¿Tu hermano usa Grindr?

Me estremezco cuando pronuncia la última frase lo bastante alto para que varias personas levanten la cabeza a nuestro alrededor. Ya se le ha pasado el sueño por completo, Hart está sentado bien recto en el asiento.

—¿Y qué tiene de malo? —resoplo a la defensiva. Justo entonces Taylor se gira en su asiento.

—¿Quién usa Grindr?

—Van der Segundo —contesta Hart con toda naturalidad.

Se me forma un nudo en el estómago al oír el apodo.

Odio que me llamen así. Me hace sentir como una copia barata, como si para él yo no fuera más que la versión de repuesto de otra persona.

Ojalá supiera que hoy se ha beneficiado precisamente del trabajo del hermano «de segunda».

—¿Qué pasa, que tu hermano es gay?

Contengo la respiración. Los nudillos se me ponen blancos de la fuerza con la que aprieto el móvil de Nate mientras me preparo para algún comentario sarcástico, pero no llega ninguno. Taylor simplemente me observa con curiosidad, esperando una respuesta.

—Es bisexual —respondo tras una breve vacilación.

Mi orientación sexual no es ningún secreto, pero tampoco he salido completamente del armario.

Nunca imaginé que acabaría quedándome a medio camino, con un pie fuera y el otro todavía dentro.

Pero, a diferencia de Hart, que habla del tema siempre que tiene ocasión y aprovecha cualquier oportunidad para reivindicarlo, yo no quiero que se convierta en una etiqueta.

Siempre pensé que me ocuparía de ello cuando realmente importara, si algún día conocía a un chico al que quisiera presentar a mi familia.

No quiero que todo el mundo se centre en mi vida privada en lugar de en cómo juego.

No quiero que los equipos decidan no ficharme porque les preocupe que algún día salga con un hombre y se monte un circo mediático.

—Ah, vale... ¿Pero no ha salido del armario?

Taylor apoya la barbilla en el respaldo de su asiento, claramente dispuesto a tener una conversación profunda.

Me muerdo el labio mientras intento encontrar la respuesta adecuada. Esto es rarísimo: hablar de mi sexualidad desde el punto de vista de mi hermano mientras dos pares de ojos me observan fijamente. Lo peor es que sé que Nate lo habría hecho mejor.

—Buenooo... —alargo la palabra para ganar tiempo—.

Tampoco es que esté exactamente dentro del armario.

Es más bien... un secreto a voces. Quiero decir, la gente que tiene que saberlo ya lo sabe.

Pero no quiere que eso se convierta en...

—hago un gesto con las manos, como si eso pudiera ayudarme a encontrar las palabras— ... en una etiqueta.

—Pero tampoco quiere que lo sienten en un programa especial sobre deportistas LGBTQIA+ para hablar de su futuro en la liga —interviene Hart. Hay un poso de amargura en su voz y me estremezco.

Otra vez lo mismo.

—Cada persona tiene derecho a salir del armario cuando le dé la gana —cito, recordando las publicaciones de Hart en redes sociales, pero las palabras suenan huecas y vacías. El corazón me late con tanta fuerza que me siento mareado. No quiero hablar de esto. Ni como Nicko ni como Nate.

—Claro. Pero nadie tiene derecho a convertir la salida del armario de otro jugador en una estrategia publicitaria —replica Hart.

Lo dice con calma, aunque veo cómo se le tensa la mandíbula cuando lo miro de reojo.

Durante un instante, mi atención se detiene en el perfil definido de su mandíbula y desciende por su cuello antes de que aparte la vista bruscamente.

Pero eso fue exactamente lo que pasó , quiero decirle. ¡Te utilizaron para salvarles el culo a los Rebels y sigues sin darte cuenta!

Evidentemente, no puedo decir nada de eso, así que me limito a responder en voz baja:

—No lo dijo con esa intención.

—¿Te refieres a aquella entrevista en la radio del campus? Porque sonó bastante a que sí iba con esa intención —comenta Taylor antes de volverse hacia Hart—. No pareces muy sorprendido. ¿Ya sabías que era bisexual?

Noto cómo Hart vuelve la mirada hacia mí antes de asentir con cierta vacilación.

—Sí. Nate me lo contó cuando nos conocimos en primero.

—Pensé que saber eso te haría sentir más cómodo conmigo. Al principio estabas bastante incómodo cuando estabas cerca de mí —refunfuño. Me resulta extraño hablar de mi hermano de esta manera, incluso sabiendo perfectamente cuáles eran sus intenciones.

—Ay, qué mono —dice Taylor con dulzura justo cuando Hart vuelve a abrir la boca.

—No deberías haber hecho eso. Estoy seguro de que tu hermano no quería que yo lo supiera.

—Lo sé, lo sé. —Pongo los ojos en blanco—. Pero Nicko me perdonó.

Y es verdad. Nate se sintió fatal por haber hablado con su compañero de habitación sin mi consentimiento y, muy a mi pesar, tengo que admitir que Hart jamás ha utilizado esa información en mi contra.

—Pero si ya lo sabías, ¿por qué no lo dijiste durante la entrevista? —pregunta Taylor con curiosidad.

—Porque sacar del armario a alguien en directo es una auténtica cabronada, ¿no te parece? Habría sido incluso peor que él si hubiera hecho algo así —responde Hart.

Taylor inclina la cabeza mientras lo piensa.

—Supongo que tienes razón —admite con un suspiro antes de darle un puñetazo suave en el hombro—. Pero bueno, si tienes suerte, lo descartarán por la lesión. Y después de cómo ha jugado Nate hoy, ¡los Rebels deberían plantearse ficharlo a él!