La joyera china Capítulo 30
69%

Capítulo 30

La noticia del asesinato del señor Lebedev llegó un mes después de la entrega del premio.

Se sabía poco sobre lo que había sucedido, salvo que se lo había visto reunido con un oficial japonés en un restaurante antes de que le dispararan.

Anyu recordaba que el señor Lebedev era el hombre de mediana edad con un traje de color ópalo de fuego, el primero que había hablado en su favor para que la admitieran en el gremio.

Isaac se quedó impactado, con el rostro serio. Dijo con tristeza que tenía un mal presentimiento; fue incapaz de trabajar durante días.

Samuel juró que no sabía nada del asesinato y que había dejado de ver a Rose, tal y como había prometido.

Anyu le creyó: era un hombre decente; lo habían incitado a hablar sobre el señor Walters y la señora Brown, pero no sabía nada sobre el señor Lebedev ni sobre el gremio.

Samuel juró averiguar si Rose lo había utilizado y, unos días más tarde, se derrumbó.

Dijo que había ido a interrogarla, pero que ella había desaparecido.

Cuando Anyu le contó a la señora Brown lo que Samuel le había dicho, la mujer británica se dispuso a investigar, tal y como había prometido tras la muerte del señor Walters. Con voz temblorosa, también confesó que aún no había encontrado una alternativa segura a la cámara secreta.

Anyu ya no podía concentrarse en su trabajo. ¿Quién había atacado al señor Lebedev y al señor Walters? ¿Para quién trabajaba la señorita Rose?

Un día, Isaac, pálido, cerró la puerta después de que el tío David y Samuel salieran del taller y le pidió a Anyu que se sentara en el taburete frente a él.

—Anyu, lo he estado pensando mucho y me temo que nuestro gremio corre un grave peligro, y tú también. —Tenía el ceño fruncido y la mirada sombría.

—Estás pensando demasiado, Isaac —dijo ella tratando de consolarlo.

—Me temo que el señor Lebedev es solo la víctima más reciente y que el gremio está expuesto. Nos enfrentaremos al mayor reto de nuestra vida. Pase lo que pase, quiero asegurarme de que estés a salvo.

Anyu mantuvo la compostura; no miró el escondite donde guardaban su huevo.

—Tengo que mostrarte algo. —Isaac se desabrochó la parte superior de la camisa para dejarle ver un collar con un colgante. Se lo quitó y lo sostuvo con ambas manos—. Dime lo que ves.

Anyu tomó una lupa y examinó la piedra bajo la luz de una linterna.

Parecía discreta, pesaba unos diez quilates y tenía la forma del corte más antiguo, un corte de mesa, con una superficie plana en la parte superior y otra pequeña superficie plana en la parte inferior, con los bordes sin pulir.

Para un ojo inexperto, se confundiría con una aguamarina azul defectuosa con una opalescencia débil.

Pero cuando la examinó con más detenimiento, notó que le temblaba la mano por la emoción.

—Es un diamante azul extremadamente raro, aún en bruto; muestra un gran brillo en las bandas de color y una línea de inclusión plumosa, pero tiene una pureza de color y una fluorescencia claras. ¿Dónde lo conseguiste?

—Es un diamante que perteneció a mi padre, a su padre y al padre de su padre. Todos ellos eran joyeros y la piedra se transmitió de generación en generación. Se llama Aurora de Medianoche.

—¿Aurora de Medianoche? —Anyu recordó que Samuel lo había mencionado. Isaac asintió.

—Creemos que esta piedra es legendaria, tan antigua como la civilización tal y como la conocemos. Según la tradición de mi familia, este diamante se remonta a la Prehistoria y contiene la esencia de la creación de la luz. Algunos de mis parientes, incluso, creían que se trataba de un zohar .

— ¿Zohar?

—Una gema luminosa que Dios le dio a Noé cuando necesitó luz para construir el Arca.

Sé que es difícil de creer; el zohar solo se menciona una vez en la Biblia y la referencia es vaga.

Algunos incluso dirían que se refiere a una claraboya, no a una piedra luminosa. Pero nosotros sabemos lo que sabemos.

—¿Crees que el diamante que tengo en la mano es la misma piedra que Noé utilizó para iluminarse mientras construía el Arca?

—Exactamente.

Anyu no estaba convencida, pero sí estaba de acuerdo en que, efectivamente, se trataba de un diamante raro.

—Lo que quiero decirte es que este diamante también se conoce como el Diamante de la Vida. Tiene un poder especial: otorga a quien lo lleva la capacidad de eludir las garras de la muerte.

—¿Quieres decir que otorga la inmortalidad a quien lo lleva?

—Oh, no. Eso sería una maldición, ¿no?

—Quizá. Pero ¿no es cierto que algunos diamantes están malditos?

—dijo Anyu, recordando los rumores maliciosos asociados con diamantes extraordinarios como el Hope, el Koh-i-Noor y el Regent.

Se decía que esos diamantes formaban parte de un cuerpo divino y que, cuando fueron robados, los dioses maldijeron a los ladrones, por lo que todos los propietarios de esos diamantes tuvieron un final desastroso: fueron asesinados, ejecutados, destrozados por perros o murieron en la miseria.

—Las maldiciones, como sabes, se inventaron para evitar la codicia.

—Pero no se puede negar que el mal engendra el mal.

—Es cierto. Entonces, si los diamantes que provienen de orígenes malintencionados cargan con una maldición, un diamante con un origen favorable y atesorado por su legítimo propietario ¿puede otorgar bendiciones?

—Ay, no tengo argumentos para rebatirlo. Pero ¿cómo sabemos que el diamante otorga la capacidad de evadir la muerte?

—Ha estado entrelazado con la supervivencia de mi familia durante siglos.

Puedo contarte de las veces que mi padre escapó de la muerte, pero tú no lo conociste.

Te diré lo que sé. En octubre de 1917, unos años después de que me hiciera cargo de cuidar del huevo, estalló la revolución en Rusia.

Cientos de hombres inocentes, judíos y aristócratas, fueron arrestados, acosados y asesinados.

Mi padre y mi tío David se separaron mientras intentaban huir de la ciudad.

Mi padre repartió las joyas entre mi hermano y yo y nos dijo que fuéramos al este y al sur, con la esperanza de encontrarnos algún día en otro país.

Fue un momento de desesperación y los tres nos dispersamos en la oscuridad.

Mi padre se marchó primero y mi hermano y yo lo seguimos.

Pero, finalmente, los bolcheviques nos capturaron a todos y nos obligaron a embarcar en una barcaza prisión donde estaban confinados muchos judíos y aristócratas.

Poco después, los bolcheviques lanzaron una bomba a la barcaza para matarnos a todos.

Mi padre murió en el acto. Mi hermano y yo fuimos a ayudarlo, nos arrodillamos a su lado, pero entonces explotó una segunda bomba.

Mi hermano, junto con muchos otros, murió.

Solo yo, de todas las personas que estaban en la barcaza, sobreviví.

Era la primera vez que Anyu lo oía relatar su vida y sus pérdidas.

—Y más tarde hubo intentos de acabar con mi vida mediante arsénico. —Isaac sostuvo el diamante con ambas manos y se le llenaron los ojos de dolor.

Anyu recordó que Esther le había contado que la sopa envenenada había matado a la esposa y a la madre de Isaac.

—¿Quieres que te cuente más incidentes trágicos?

Durante los últimos diez años, he huido con mi familia de San Petersburgo a Moscú, Vladivostok y Shanghái.

Escapé de un accidente en un ferry, fui testigo de muchas muertes indescriptibles y sobreviví a intentos de asesinato.

Muchas personas de mi entorno perecieron, pero yo sigo con vida.

Anyu miró el diamante que él tenía en las manos. Solo con su ojo entrenado podía ver su brillo especial; para mucha gente, no era más que una piedra barata.

—¿De verdad crees que un diamante puede protegerte y traerte suerte, Isaac?

—¿Y tú, Anyu?

Ella dudó.

—Debes creerlo. En un mundo de asesinatos y codicia, los supervivientes deben creer en las bendiciones. ¿Tú eres una superviviente?

Ella quiso sonreír. ¿Necesitaba decir algo más? Después de todos esos años, si había algo que había aprendido era eso: solo era una huérfana, pero había encontrado un hogar, se había convertido en una maestra joyera y poseía un huevo de Fabergé. Sin duda, era una mujer bendecida.

—Lo soy, y creo en las bendiciones.

—Muy bien. —Se acercó detrás de ella y le abrochó el collar alrededor del cuello.

—A partir de ahora, eres la guardiana del Diamante de la Vida.

Te protegerá y te traerá bendiciones y suerte frente al desastre y la muerte.

Como guardiana del Diamante de la Vida, debes prometer que siempre lo llevarás puesto, que nunca lo venderás para obtener beneficios y que el único momento en el que lo quitarás de tu cuerpo será cuando encuentres al próximo guardián del diamante.

Ella tembló. ¿Le iba a confiar un diamante legendario?

—¿Y tú, Isaac?

—Llevo veinticinco años cuidándolo, desde que mi padre me puso al frente de la joyería de mi familia. Pero creo que tú lo necesitas más que yo. Ahora que el gremio ha quedado expuesto, el futuro del huevo es precario. Tú, mi sucesora, la única protectora del huevo, debes estar a salvo.

Ella sostuvo la gema en la mano: era fría, de un azul grisáceo profundo e insondable, como las historias del pasado, como la visión del futuro. Comprendió que él no solo le había dado un diamante de valor incalculable, sino también una vida, la vida de una joyera, una protectora y una guardiana.

Se abrió la puerta del taller y entraron el tío David y Samuel.

—Estoy encantado de conocer a la nueva diseñadora jefe de la Casa Mandelburg —dijo el tío David.

—No entiendo —dijo Anyu.

—Es tradición en nuestra familia que el guardián de la Aurora de Medianoche se convierta en el diseñador jefe de la casa. Eres la joyera más dedicada que he visto nunca. Te debemos nuestro éxito —dijo el tío David.

—Es un honor —dijo Anyu con una sonrisa radiante.

—Te queda muy bien —dijo Samuel.

—Samuel… —El diamante debería ser suyo; él lo había deseado.

—No hace falta que digas nada, Anyu. ¿Te contó mi padre algo importante sobre el Diamante de la Vida?

—¿Qué?

Él esbozó una sonrisa enigmática.

—Se queda en la familia.