La joven de Santorini Capítulo 47 Carrie
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Capítulo 47 Carrie

Carrie

A demás de arreglar las cosas con Jack, aprender a vivir juntos otra vez y a ser compañeros después de tantos años, Carrie tenía otro asunto pendiente importante a su regreso de Santorini. La reconciliación con su hermana Jenny.

La primera llamada telefónica ya fue lo bastante angustiosa.

Carrie tuvo que reunir todo su coraje antes de marcar el número, pero, al final, Jenny había resultado ser sorprendentemente positiva y había aceptado de inmediato ir de Bristol, donde vivía, hasta una cafetería de Bath para ver a Carrie el sábado siguiente.

Después de acomodarse con sus respectivos flat whites y un plato de pastas, Carrie fue al grano:

—Quería disculparme —dijo—. Me comporté como una idiota al reaccionar de aquella manera hace tantos años, pero lo he sido mucho más desde entonces.

Podríamos haber resuelto esto hace un montón de tiempo, pero mi orgullo y mi obstinación no me lo permitían.

Me ofreciste la pipa de la paz tantas veces, y cada una de ellas me negué a aceptarla. Y lo siento mucho.

Cogió la cucharilla y empezó a remover el café con gesto distraído. Luego, dejó la cucharilla otra vez y se decidió a mirar a su hermana directamente a los ojos.

—Sé que no merezco tu perdón, pero te lo quiero pedir de todos modos, si estás dispuesta a perdonarme.

Carrie se sorprendió al ver que su hermana se había emocionado.

—Ay, Carrie, eres tonta de remate de verdad —exclamó Jenny, que extendió el brazo para coger las manos de su hermana—.

No hay nada que perdonar. En cualquier caso, soy yo quien debería implorar tu clemencia.

Nunca quise hacerte tanto daño, pero sé que te sentiste muy dolida.

Lo que hice, lo que Jack y yo hicimos, fue horrible.

Lo único que puedo decir en mi defensa es que no significó nada, aunque tú interpretaras que sí.

Carrie asintió con tristeza.

—Me quedé destrozada, pero no debería haber permitido que la situación se descontrolase durante tanto tiempo. Lo siento. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo y hacer las cosas de una forma distinta y mejor.

Jenny sacudió la cabeza y sacó un pañuelo de su bolsillo para secarse los ojos.

—No tiene sentido guardamos rencor, debemos avanzar hacia el futuro.

—Tomó un sorbo de su café antes de seguir—.

Te he echado mucho de menos, ¿sabes? Durante todos estos años, he estado a punto de coger el teléfono tantas veces porque quería contarte o preguntarte algo…

Y luego, cuando voy a marcar tu número, recuerdo lo que hice y no puedo.

Ha sido horrible. Pero me alegro de que vuelvas a estar en mi vida.

Carrie intentó contener las ganas de llorar al escuchar aquello, pero, por mucho que se esforzase, no logró que no se le quebrara la voz al responder:

—Yo también te he echado mucho de menos. No permitamos nunca más que algo se interponga entre nosotras.

Jenny sonrió y se pasó las manos por el pelo.

—Nunca más. —Cogió el teléfono y lo trasteó un poco—. ¿Quieres ver fotos de mis niñas? Les encantará conocer a su prima por fin.

Con cuidado, Carrie agarró el teléfono y echó un vistazo al álbum de fotos que Jenny había abierto para ella.

Zoe y Elsie parecían encantadores y sería genial que Nell las tuviera en su vida.

Carrie estaba segura de que se llevarían bien, tenía muchas ganas de presentarlas.

Por ese motivo, Jenny y ella fijaron una fecha para hacer un pícnic en los Cotswolds, un hermoso lugar al que solían ir de pequeñas.

Después de aquel encuentro, Carrie y Jenny no dejaban de enviarse mensajes.

Cuando llegó el día, Nell estaba inusitadamente emocionada y nerviosa.

Solo había visto a Zoe y Elsie un par de veces en casa de sus abuelos cuando se habían solapado las visitas durante las vacaciones.

Carrie siempre se había esforzado por evitarlo, pero no le había quedado otro remedio cuando no tenía canguro para Nell o le tocaba trabajar.

Con perspectiva temporal, le costaba creer lo dogmática e irracional que había sido.

¿Cómo había permitido que el pasado infectase tanto el futuro, especialmente el de su propia hija?

En el camino a la cita, Nell no paró de hacer preguntas: ¿a qué escuela iban Zoe y Elsie?

¿A qué curso iban? ¿Dónde vivían? ¿En qué tipo de vivienda, una casa o un piso; en la ciudad o en el campo?

¿Cuándo eran sus cumpleaños? Carrie respondió tan bien como pudo.

Le preocupaba un poco la diferencia de edad entre las chicas, pues Nell, la mayor de las tres, acababa de cumplir los dieciséis; Zoe tenía trece años, y Elsie, diez.

En la adolescencia, incluso un año parecía un abismo, y Carrie esperaba que Nell no encontrase a las hijas de Jenny demasiado pequeñas y, por ende, poco interesantes para ella.

Después de aparcar y salir de sus respectivos vehículos, hubo un breve momento de tensión, durante el cual las tres jóvenes se miraron incómodas.

Elsie se escondía tímidamente detrás de su hermana mayor.

Al principio, Carrie observó ansiosa la escena, pero, cuando Nell dio un paso adelante e hizo un cumplido a las zapatillas de Zoe, se sintió orgullosa de que su hija hubiera roto el hielo.

Al cabo de poco, las tres estaban charlando animadamente sobre sus canciones favoritas de Taylor Swift y las mejores tiendas online de ropa de segunda mano.

Nell parecía disfrutar de su rol de prima mayor más sofisticada.

Le enseñó a Zoe otros modos de ponerse las horquillas en el pelo y luego a Elsie cómo usar una goma elástica para hacerse un nudo en la parte trasera de la camiseta para que le quedara más «favorecedora».

Aquello hizo que Carrie levantara las cejas. ¿Realmente necesitaba una chica de trece años aquel modelito? Pero Jenny se rio.

—Cada mañana nos discutimos por la longitud de la falda del uniforme y cuántas veces se la ha enrollado alrededor de la cintura. La obligo a ponérsela bien, pero sé que, en cuanto me pierde de vista, se la vuelve a subir. No creo que Nell le enseñe nada que sus amigas no sepan ya.

Carrie sacudió la cabeza y se le escapó una amplia sonrisa.

—Me suena… Por suerte, ahora que Nell empieza el bachillerato, se acabó el uniforme.

—Me cuesta creer lo mayor que se ha hecho —dijo Jenny, suspirando con incredulidad—. En nada irá a la universidad.

Carrie hizo una mueca.

—Lo sé, y me atemoriza la idea. Pero —añadió con un tono más alegre—, eso significa que debo aprovechar al máximo los dos últimos años que la tendré en casa.

Por suerte, desde la debacle de Santorini, parece que me aprecia un poco más que antes.

Sigo siendo una vieja para ella y la avergüenzo, pero ha descubierto una pizca del amor incondicional.

—Claro, ¡te adora! —exclamó Jenny—. Y ahora que tú y Jack volvéis a estar juntos, debe estar encantada.

—Pues sí —respondió Carrie—. Y, sorprendentemente, ha madurado. Me dijo que hiciera lo que considerase más conveniente para mí misma, no para ella. Que debo aprender a vivir mi propia verdad, y la queso , palabras textuales.

Se le escapó una risita por haber usado aquella expresión de la generación Z, y Jenny se unió a ella. Al calmarse, Carrie prosiguió:

—Pero, por mucho que dijera eso, sé que se moría de ganas de que Jack y yo arregláramos las cosas.

Aun así, nos queda mucho camino por recorrer.

No era consciente de lo rígida que me había vuelto en mis costumbres y ha sido difícil integrar a otro adulto en mi vida, especialmente cuando estaba tan acostumbrada a guisármelo todo yo sola.

Las risotadas de las niñas interrumpieron la respuesta de Jenny.

—Se lo están pasando bien —comentó antes de volver al tema y preguntar con aire preocupado—: ¿Pero os va bien? ¿No te arrepientes?

Carrie sacudió la cabeza.

—Para nada, es genial. Solo es cuestión de adaptarnos un poco. Por lo demás, todo bien.

Jenny parecía aliviada.

—Bueno, ¿quieres que montemos el pícnic? He comprado un festín en Marks and Sparks, y tengo muchas ganas de hincarle el diente.

Carrie cogió su manta y la extendió sobre el césped. Luego, ella y Jenny pusieron, la comida encima. Las chicas habían bajado al arroyo que atravesaba la pequeña aldea en la que se encontraban, se habían quitado los zapatos y chapoteaban en sus frías y cristalinas aguas.

Jenny sirvió dos vasos de agua con gas.

—Tenemos que encontrar una noche para salir y hacer algo que involucre un taxi para que podamos tomar una copa.

Carrie asintió. Se abrazó las rodillas y observó cómo jugaban y chillaban Nell, Zoe y Elsie al meter los pies en el suave lecho del río. Aunque había escrito muchos finales felices en sus libros, la verdad es que nunca había creído en ellos.

Ahora empezaba a cambiar de opinión. Arreglar las cosas con su hermana era un gran paso hacia su propio final feliz, y lo valoraba todavía más al saber que Vassia y Andreas nunca habían tenido la oportunidad.