La joven de Santorini Capítulo 46 Carrie
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Capítulo 46 Carrie

Carrie

A l día siguiente, cuando Nell y Carrie bajaron al restaurante para desayunar, Kris ya estaba allí.

—Me ha respondido —dijo en cuanto vio a Carrie—. Adas. Recibió mi correo electrónico y ha respondido.

—¿Qué? ¿Qué dice? —preguntó ella. Las palabras le salieron disparadas como balas.

Kris sonrió.

—Todavía no me he atrevido a abrirlo —admitió—. Pensaba que podríamos leerlo juntos.

Había traído el portátil, así que los tres se sentaron tan juntos como pudieron, y Kris hizo clic en el mensaje:

Gracias por su correo electrónico, que he leído con gran interés.

En efecto, me llamo Atlas Kourakis y el nombre de mi padre era Andreas.

Nos fuimos de Santorini cuando yo era un bebé, no recuerdo haber vivido en la isla ni al resto de mi familia.

Pero, justo antes de morir, mi padre me contó lo que había pasado, el motivo por el cual tuvo que irse para no volver.

Mis padres huyeron en plena noche porque mi padre había hecho algo terrible para salvarme la vida.

—Guau —murmuró Carrie—. Menuda revelación cuando ya tienes un pie en la tumba.

—Mira lo que dice a continuación —intervino Kris, emocionado.

El comando del SBS logró escapar, pero a la hermana de mi padre, Vassia, la detuvieron.

La culpa reconcomía a mi padre, lo atormentaba.

Fue a la residencia del comandante alemán, un hombre llamado Schwarz, y le suplicó clemencia.

Se conocían bien, aquel hombre solía comer en el restaurante en el que mi padre trabajaba como camarero.

Cuando Schwarz acordó liberar a Vassia, mi padre hizo los preparativos para marcharse.

Nos fuimos en el primer barco a Atenas para nunca volver.

Carne se quedó en silencio mientras Kris terminaba de leer.

Como Atlas, Nell también había nacido con un problema congénito en el corazón.

Siempre había dicho que haría lo que fuera por su hija, para ayudarla en todo momento.

¿Incluso traicionar a su propia hermana y hacer que la detuvieran, incluso ponerla en peligro de muerte?

No se podía imaginar cómo sería encontrarse en una situación tan espantosa como aquella, tener que enfrentarse a un dilema de tal magnitud.

Indiferentemente de cómo hubiera reaccionado o actuado ella, Andreas había tomado la única decisión que había considerado viable, y Carrie lo entendía.

—Qué triste —dijo Nell, rompiendo el silencio. Estaba claramente abrumada por la revelación—. O sea, no me malinterpretéis, Andreas no debería de haberse comportado así, pero entiendo por qué lo hizo.

Carrie sonrió para sus adentros al ver con qué facilidad su hija había entendido la situación. Kris expresó su acuerdo con ella:

—Sí, hizo algo terrible, pero todos entendemos el motivo. Y pagó un precio altísimo, un exilio de por vida, alejado de su tierra y su familia.

Empezó a escribir rápidamente en el ordenador. Carrie observó cómo las palabras incomprensibles tomaban forma. ¿Cómo había podido llegar a pensar que podía aprender esta lengua? Aunque era griego, le sonaba a chino.

—¿Qué pone ahí? —preguntó mientras Kris tecleaba frenéticamente.

Pero Kris sacudió la cabeza.

—Luego te lo cuento —respondió.

Era su último día en la isla, así que Carrie, Jack y Nell fueron a Akrotiri, la excavación arqueológica de la antigua civilización minoica, que también era, en gran parte, la inspiración de la teoría de la Atlántida perdida.

La ciudad había sido abandonada antes de la masiva erupción que había destruido la masa continental, lo cual indicaba que los pueblos antiguos habían sospechado lo que ocurriría.

En ese sentido, las ruinas eran completamente diferentes a las de Pompeya y Herculano, donde habían encontrado cuerpos entre los escombros.

A Carrie le interesaban los restos históricos, pero estaba preocupada, así que dejó que Jack y Nell llevaran el peso de la conversación. Al oírlos charlar y comentar los interesantes artefactos del museo y leer atentamente el prospecto, su corazón se llenó de amor y alegría.

Después de que le diagnosticaran los problemas de corazón, los primeros años de vida de Nell habían sido inciertos y Carrie siempre tenía el alma en vilo, y tener que lidiar sola con aquella carga le había pasado factura.

No era de extrañar que se hubiera sentido sola y perpetuamente agotada tanto tiempo.

Por la noche, como Xanthe ya había regresado de Tesalónica, le sugirió a Kris que los cinco fueran a cenar juntos, pero él declinó la oferta, alegando que estaba ocupado. Carrie no estaba del todo segura de que fuera cierto.

El día del vuelo de regreso a casa amaneció tan claro y radiante como los que lo habían precedido.

A Carrie le entristecía tener que marcharse de aquel pequeño paraíso, volver al centro de ocio y a las tareas diarias.

Aquellos días la habían malcriado, tanta belleza y tanto lujo no eran buenos para ella, la hacían sentir insatisfecha con su vida, aunque supiera lo afortunada que era en realidad.

Nell quería ir al pueblo a comprar recuerdos y regalitos para sus amigos.

Los indeseables, como los llamaba Carrie, pero se resolvió a darles un nuevo nombre en el futuro.

Ahora que Nell estaba a salvo, se sentía benévola con todo y con todos, tranquila y segura de sí misma por primera vez en mucho tiempo.

Jack dijo que iba con Nell y Carrie se excusó. Había tomado una decisión.

Encontró a Kris en su despacho. No era el sitio ideal, pero quizá no tendría otra ocasión. Se sentó en una de las sillas alrededor de la mesa redonda y Kris se unió a ella.

—Tengo novedades —dijo antes de que Carrie pudiera empezar—.

He conseguido hablar con Atlas por teléfono, no solo por correo electrónico.

Vendrá con su esposa, su hijo y sus dos nietas.

Bueno, ya están mayores y no quieren viajar con este calor, así que no será hasta el otoño, pero es mejor.

Así les puedo ofrecer las mejores habitaciones y enseñarles la isla. Será una especie de regreso a casa.

—¡Maravilloso! —exclamó Carrie con alegría genuina—. La familia reunida al fin. ¿Tu madre ya lo sabe? Me imagino que estará encantada.

Kris asintió.

—Está entusiasmada. Desde que encontró el cuaderno de Vassia, quiere arreglar las cosas, dejar claro que no hay resentimiento y tal.

—Me alegro muchísimo por vosotros. Ojalá Sol todavía estuviera vivo para presenciarlo. Y Vassia también, claro.

Pero es genial que hayamos juntado las piezas del rompecabezas. Bueno, casi todas.

Kris la miró inquisitivamente.

—¿Qué queda por resolver? —preguntó.

Carrie suspiró.

—Bueno, como insinuó tu madre, no sabemos por qué Sol no volvió a buscar a Vassia después de la guerra. Al fin y al cabo, compró el anillo y, si no era para Vassia, ¿para quién? Entonces, ¿por qué nunca lo recibió? ¿Por qué no reanudaron su historia de amor?

Kris sacudió la cabeza.

—No lo sé. Me imagino que la vida siguió adelante, sin más.

Mi abuelo Evangelos, el marido de Vassia, era uno de sus vecinos, un buen chico del pueblo.

Sé cómo funcionaban las cosas en estas comunidades tan pequeñas en el pasado.

Supongo que se sentiría presionada para casarse y su familia le buscaría un buen partido. Quizá no le fue posible esperar a Sol.

Carrie volvió a suspirar.

—Tendré que encontrar otra forma de terminar el libro y dejar todos los cabos bien atados —dijo—. Es una lástima, ahora que lo sabíamos casi todo.

—Quizá saldrá algo nuevo a la luz. Nunca se sabe —le respondió Kris—.

Mientras tanto, voy a exponer todos los objetos en algún lugar del hotel y que sean una crónica de la guerra y los terribles hechos que suceden en tiempos de contienda.

—Miró a Carrie a los ojos—. Cuando hayas terminado tu libro, podría incluirlo en la colección.

Carrie sonrió.

—Por supuesto. Sería un honor.

Se hizo el silencio.

—Carrie…

—Kris…

Habían empezado a hablar a la vez. Carrie se rio, nerviosa.

—Oye, Kris —dijo antes de perder el valor—.

Eres una persona maravillosa. Nos has tratado tan bien, con todo lo que ha sucedido, y no lo habría podido soportar sin ti y tu apoyo.

Nunca podré agradecértelo lo suficiente, pero…

—Vaciló, apretó los puños, y se obligó a continuar—.

La otra noche, cuando estábamos en el camino de la caldera y estuvimos a punto de…

ya sabes. O sea, fue genial, no me malinterpretes.

Pero creo que pasar la noche juntos no era una buena idea.

—La desesperación para explicar las cosas con claridad hizo que su tono de voz aumentara—.

Me dejé llevar por la intensidad de mis sentimientos y por todo lo que hiciste por mí cuando Nell desapareció.

Distorsionó la realidad. Pero ambos sabemos que lo nuestro no funcionaría, ¿no crees?

Tú estás aquí, y Nell y yo en el Reino Unido, y a ella todavía le quedan dos años en el instituto, y luego irá a la uní o lo que sea, o sea que, aunque nos conociéramos lo bastante bien como para tomar una decisión de este calibre, yo no tengo la libertad de dejarlo todo sin más.

Solo quería decirte que lo siento. Y gracias.

Dejó de hablar de repente. Se había quedado sin excusas.

Durante unos largos segundos, Kris no respondió. Luego le dedicó una de sus hermosas sonrisas.

—No pasa nada —respondió—. Lo entiendo. Los amores de verano nunca duran, ¿no?

Carrie sintió que se le encogía el corazón.

Kris tenía razón: solo había sido un romance durante las vacaciones, igual que la primera vez.

Vassia había perdonado y olvidado un daño mucho mayor que el que Jack le había hecho a Carrie.

Debía tomar ejemplo de Vassia pues, a diferencia de ella, Carrie sí tenía la ocasión de arreglar las cosas.

Kris era una persona maravillosa, un amigo increíble, pero no era el hombre para ella. El miedo y la soledad habían provocado que Carrie llevase las cosas demasiado lejos. A quien realmente amaba, y siempre había amado, era a Jack.

Cuando volvieran a casa, ya verían cómo iban las cosas. Quizá funcionaría, quizá no. Pero, en cualquier caso, debían intentarlo. Por Nell. Y por ellos mismos.