La joven de Santorini Capítulo 44 Carrie
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Capítulo 44 Carrie

Carrie

— N o me extraña que Andreas se fuera de Santorini y nunca volviera —comentó Kris tristemente cuando terminó de leer el diario de Vassia—. No habría sido bienvenido.

Elena resopló otra vez.

—Tienes razón. Debía de tener demasiado miedo.

Aunque, como padres, entendemos su desesperación para ayudar a su pobre hijo.

—Hizo una pausa y suspiró—. Es obvio que mi madre y mi abuela lograron ocultar el verdadero motivo de la desaparición repentina de la familia.

La ignorancia de las ancianas es la prueba.

—Miró por la ventana con un aire nostálgico—.

Pero hace mucho tiempo de aquello. Ahora, deberíamos perdonar y olvidar, como la misma Vassia hizo.

Qué lástima que nunca pudo decirle directamente a su hermano que no se lo recriminaba.

Se quedaron sentados en silencio, reflexionando sobre un período de la historia que había tenido unas consecuencias cruciales para una familia isleña tan unida. Al cabo de un rato, Elena se levantó.

—Bueno, por fin hemos resuelto el misterio —dijo solemnemente—.

Por lo menos, nuestro misterio. Es raro escuchar esta gran historia de amor de la que nadie sabía nada.

Siempre me había parecido que mis padres solo tenían ojos el uno para el otro.

Pero, igualmente, creo que Vassia logró ser feliz en la vida que se construyó.

—Miró a Carrie—. Pero quizá Sol no, teniendo en cuenta que no se casó.

Hay cosas que nunca descubriremos. —Suspiró otra vez, y sacudió la cabeza—.

Y tengo que terminar de limpiar esta casa.

Echó un vistazo a su alrededor un tanto desanimada, como si la magnitud de la tarea la sobrepasase. Kris dijo que se quedaría a ayudar a su madre a mover los pesados muebles.

—¿Cómo los llevaréis por estas calles hasta el vertedero o donde sea que los tiréis? —preguntó Carrie.

—A la antigua usanza —respondió Kris—. Con un burro.

—¡Estás de coña! —exclamó Nell—. ¿En serio que todavía usan a los burros para cosas así?

—Claro —dijo Kris—. ¿Por qué no?

Nell se rio y Carrie se sintió aliviada porque parecía que volvía a ser la de siempre. O casi. El remordimiento por haber preocupado tanto a sus padres hacía que se comportase de una forma extremadamente educada y atenta.

Era el último día de Amy en la isla e, inspirada por la capacidad de perdonar de Vassia, Carrie había aceptado que Nell pasase el día con ella en la piscina, pero solo bajo la atenta mirada de su madre, y tenían prohibido salir.

Aquello le proporcionaba a Carrie la excusa perfecta para no hacer nada.

Jack vino desde Fira, pusieron dos tumbonas bajo las palmeras y se reclinaron uno al lado del otro.

Como una pareja casada, pensó Carrie, reflexionando sobre lo raro que era.

Jack y ella hablaron de todo y nada, poniéndose al día después de pasarse años sin intercambiar más palabras de las necesarias.

Carrie se sentía tan cómoda a su lado como si hubieran vuelto a ser como antes, tanto tiempo atrás.

Aquella noche, Nell, Carrie y Jack salieron a cenar juntos con total naturalidad.

Carrie se percató de que Nell se había pasado la velada observando a su madre y a su padre por debajo de sus pestañas, tal vez ponderando cómo reaccionaban en presencia del otro.

Carrie sabía que Nell siempre había querido tener un padre y una madre que vivieran juntos, y siempre se había sentido mal por no haber podido dárselo.

Siempre le había parecido imposible después de lo que había ocurrido.

Cuando Nell se fue a la cama o, mejor dicho, de vuelta a la habitación a mirar el móvil varias horas, Jack y Carrie se sentaron en la idílica terraza. Habían cerrado las puertas a conciencia para mantener alejado el calor, así que Nell no podía escuchar lo que decían.

—Carrie. —El tono de Jack indicaba que tenía algo importante que decir—. No quiero meterme entre ti y tu… —Vaciló y luego dijo la palabra—: novio. Pero tengo derecho a saber si tienes intención de mudarte a Grecia o algo…

—¡No! —lo cortó Carrie sin dejarle terminar—. No, no es mi novio. O sea, en realidad, no. Para nada. Por Dios, Jack, con todo lo que ha pasado, apenas he tenido energía o ganas de pensar en mi vida amorosa. Y, en cualquier caso, no te incumbe quién es mi novio.

Las normas gramaticales básicas abandonaron su cerebro mientras intentaba formular una respuesta.

—Entiendo —dijo Jack abruptamente, pero luego rebajó su tono—.

Carrie, iré al grano. ¿Podemos intentarlo otra vez?

Nos iba bien cuando estábamos juntos, y podría funcionar otra vez.

Nunca ha habido nadie como tú en mi vida.

Todos estos años he intentado ser el mejor padre para Nell.

Lo hice por ella, claro, pero sobre todo por ti.

Quería demostrarte que no soy un inútil e incompetente.

Nunca he dejado de pensar que podíamos volver a estar juntos.

Hizo una pausa. De repente, parecía agotado.

—He reconocido que me porté mal y me he disculpado. He cumplido mi condena. Y no soy orgulloso y no me da vergüenza decirte que todavía te quiero. No he dejado de quererte, y nunca lo haré.

Carrie se quedó boquiabierta y sin palabras. Miró fijamente a Jack. No sabía qué decir, cómo reaccionar. Cuando recobró el sentido, se dio cuenta de algo insólito: ahora que Jack había pronunciado la palabra, se daba cuenta de que ella sentía lo mismo.

Pero al principio de aquella semana había empezado a pensar que amaba a Kris. Todo era demasiado para su cabeza. Estaba muy perpleja y desconcertada para responder.

—Yo… n-no estoy segura —balbuceó.

Jack asintió y no la dejó terminar.

—Vale. Ya he dicho lo que pienso, así que me voy. Solo quería que lo supieras.

Dicho eso, se levantó, se dirigió a las escaleras que llevaban a la calle y desapareció.

Carrie se fue a la cama pero no logró dormir.

Se quedó tumbada un buen rato, mirando al techo de la cúpula, escuchando la suave y rítmica respiración de Nell.

Kris no era su novio, estaba claro; no hacía tanto que se conocían.

Quizá él sí quería una relación. Ya habían tenido una historia, gracias a la cual se habían reencontrado, y habían estado a punto de acostarse.

Jack había leído su mente al acusarla de querer mudarse a Grecia.

Le había dado vueltas, se lo había planteado en serio, dejándose llevar por el romance y el glamur, ebria del vino y del sol de Santorini.

Si las cosas hubieran sido distintas en estos últimos días, ¿habría pasado algo entre ella y Kris?

¿Algo que hubiera convertido la mudanza en una posibilidad real?

Carrie debía aceptar que sí. ¿Todavía quería que ocurriese algo, desde que había llegado Jack?

¿Desde que habían dejado las cosas claras? ¿Desde la declaración de amor de Jack?

No estaba segura. Para nada.