Capítulo 40 Carrie #2
Por la mañana, Carrie y Nell fueron al restaurante a desayunar con Kris.
Una vez más, la vergüenza se apoderó de Carrie.
La noche anterior, tanto ella como Kris se habían confesado algunos de sus deseos más profundos: amor, afecto, unión.
Habían estado a punto de acostarse. ¿Cuál era el protocolo a seguir, ahora?
¿Debían hablar de la próxima ocasión para dejarlas cosas claras?
¿Tendrían otra oportunidad con Nell y Jack rondando por allí? ¿Quería ella otra oportunidad?
Todo era muy confuso, no tenía ni idea de qué sucedía. Se limitó a pedir un espresso grande con la esperanza de que el chute de cafeína le diera la respuesta.
Kris llegó poco después que el café.
—Tengo novedades —anunció.
Nell puso la antena enseguida.
—¿Qué? —exigió al instante.
Su roce con la muerte no había reducido su interés por la historia de la guerra que había ido a investigar con Amy.
Carrie la había puesto al corriente de su excursión con Kris a la cueva y del descubrimiento y rescate de la radio y la carta.
También le había dicho a Nell que, igual que ella y Amy, por suerte no había encontrado el mítico esqueleto del que había hablado Penelope.
Pero la historia parecía tener algo de verdad.
Seguramente se había esparcido el rumor de que uno de los hombres del SBS se había quedado en la isla, y no era descabellado pensar que había muerto pero que nadie había recuperado su cuerpo.
Porque, además de Vassia, ¿quién más sabía si el comando había logrado escapar?
—Anoche, cuando volvimos a cenar, estuve fisgando en internet —explicó Kris—. Hasta ahora no había tenido tiempo, pero me alegro de haberlo hecho porque creo que he encontrado al hijo de Andreas.
—¡No me digas! —exclamó Carrie.
—¡Guay! —dijo Nell a la vez.
Carrie se sintió mareada por la mezcla de la emoción y la resaca.
—He descubierto a un tal Atlas Kourakis que, según su página de Facebook, nació en Santorini en 1944.
Y en una de sus imágenes, si haces mucho zoom , se ven algunas fotos en la estantería detrás de él.
Una es casi idéntica a la que Nell encontró en casa de Vassia, igual la hicieron en el mismo momento o es una copia. Le he mandado un correo electrónico.
Kris miró a Nell y a Carrie directamente a los ojos antes de añadir:
—Pero todavía no me ha contestado.
Carrie se llevó las manos a la cabeza, se apoyó con los codos en la mesa y exhaló profundamente.
—Pensaba que ya tendríamos todas las respuestas.
Kris sonrió.
—Creo que las tenemos, porque eso no es todo.
También he recibido un mensaje de mi madre.
Resulta que nuestra visita a la casa de Vassia la animó a ponerse manos a la obra.
Dice que, aunque luego no la alquile a turistas, igualmente debía limpiarla y dejarla libre para alguna pareja joven local.
Hay pocas viviendas para los que hemos nacido aquí.
—Buena idea —asintió Carrie.
—Y ha encontrado algo que dice que debemos ver. Cuando terminemos de desayunar, ¿os apetece una visita relámpago a Vourvoulos?
Mientras se abrían paso por las sinuosas callejuelas empedradas, Carrie se sorprendió una vez más por la belleza del pueblo.
¿Habría caminado su querido tío Sol por estas mismas calles hasta aquella casa?
En el pequeño domicilio, enmarcado por el rosa estridente de las buganvillas, Elena los dejó entrar con una expresión sombría en el rostro.
En cuanto Carrie, Kris y Nell se hubieron acomodado en el sofá, les mostró un álbum de recortes de tapa dura, aproximadamente de tamaño DIN-A5 .
—Creo que lo hizo Vassia durante la guerra —explicó—. Empecé a limpiar el dormitorio y saqué el colchón. Nadie querrá un trasto tan viejo. Creo que está lleno de paja, ¡mira si es antiguo! No es cómodo para nadie.
Carrie, que estaba en vilo, se quedó mirando a Elena. Notó que Nell, a su lado, se removía incómoda, quién sabe si por la idea de acostarse sobre un montón de paja o por una impaciencia hasta entonces desconocida para Carrie. Le dio un suave golpe con el codo para que parase.
—Y encontré esto bajo el colchón. Debía de llevar años ahí.
Le entregó el cuaderno a Kris. La cubierta de tapa dura crujió al abrirse.
Kris movió el álbum un poco hacia la derecha, justo encima de las rodillas de Carrie, para que tanto ella como Nell pudieran verlo.
Consistía en recortes de periódicos, fotos de revistas y algunos párrafos cortos.
En algunas páginas el encabezado marcaba un año nuevo: 1940,1941,1942,1943 y, finalmente, 1944.
—Se diría que documentó la guerra —supuso Kris—. Mirad lo que puso en 1944.
Tanto él como Carrie y Nell se inclinaron levemente para verlo más de cerca. Era un esbozo muy parecido al del cuaderno de Sol, pero más simple. Parecía que hubieran arrancado la página de la libreta. La firma en el margen inferior decía «Sol Baker».
—Un selfi como recuerdo —suspiró Nell—. Qué romántico.
Kris pasó la página. Pegado en la siguiente había un documento oficial con una tipografía en negrita ominosa.
—Es de las fuerzas de ocupación —murmuró mientras sus ojos no paraban de escanear la página para intentar deducir de qué se trataba exactamente—. Dice: «Vassia Kourakisha sido arrestada y acusada de prestar ayuda al enemigo y ser su cómplice».
—Sería el enemigo de los alemanes, no el nuestro —intervino Elena con una risa irónica.
—Así que es cierto, alguien los traicionó —susurró Carrie.
No estaba muy segura de por qué hablaba bajito. No había nazis esperando en las esquinas, buscando conspiradores. Pero estaba tan inmersa en el mundo de Vassia que tenía aquella impresión.
—¿Quién iba a hacer algo así? —gritó Nell, casi un eco de la reacción que habían tenido Carrie y Kris al enterarse de la terrible verdad.
Kris pasó la página otra vez. En esta, la letra era tan pequeña y condensada que apenas dejaba espacios en blanco. La leyó en silencio y, al terminar, dejó caer el cuaderno en el regazo de Carrie.
—No me lo puedo creer —dijo con la voz ronca—. Es imposible.
—¿Qué? —insisto Carrie, desesperada—. ¿Qué pasa?
Kris la miró fijamente a los ojos.
—Lo dice aquí. La persona que los delató. No entiendo nada.
En aquel momento, Carrie estaba a punto de agarrar a Kris y sacudirlo para sonsacarle la nueva información.
—¿Quién? —exigió saber—. ¡Dinos quién fue!
Nell se había pegado a ella, no quería perderse ni una palabra.
—Andreas —respondió Kris secamente—. Su propio hermano traicionó a Sol.