La joven de Santorini Capítulo 40 Carrie
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Capítulo 40 Carrie

Carrie

D espués de haberse pasado media noche llorando, Carrie tenía los ojos secos. Ella y Jack fueron a sentarse al lado de la piscina para tener privacidad para hablar sin que Nell los escuchara.

Sin embargo, Jack tenía los ojos llorosos al decir:

—Lo que viste aquella noche, Carrie, no fue nada.

Ese estúpido juego del escondite… Casi todos estábamos borrachos e íbamos corriendo de un lado a otro de aquella enorme y destartalada residencia como una panda de idiotas.

Jenny y yo nos peleamos por cuál de los dos se quedaría con el espacio del armario, yo casi me caí encima de ella y nos echamos a reír como tontos, y de repente nos dimos un pico.

Eso es todo, no fue más allá, solo un beso bajo el efecto del alcohol.

Fue una estupidez, fue desacertado, pero no teníamos intención de repetirlo.

Cuando estuvimos sobrios, ambos nos horrorizamos de lo que habíamos hecho.

Pero solo fue un beso, nada más. Y justo entraste en el peor momento y no me diste tiempo, mejor dicho, no nos diste tiempo de explicar lo que pasó.

En un momento, me bloqueaste de tu vida.

Me enteré de que habías tenido un bebé por tu madre. Ni siquiera me lo dijiste tú.

Ahora Jack lloraba de verdad, las lágrimas se acumulaban en el rabillo de sus ojos y se las secó de un gesto agresivo con la mano. Recobró la compostura y siguió:

—Desde entonces, no he dejado de arrepentirme por ello, quería arreglar las cosas.

Pero nunca querías verme ni hablar conmigo.

En todos estos años, nunca me has dado la oportunidad de justificarme.

Con las novias que he tenido, o intentado tener, las cosas no han funcionado porque tenía miedo de que se interpusieran entre Nell y yo, no necesitaba darte más razones para odiarme todavía más.

Carrie cerró los puños alrededor de la suave almohada de su asiento.

—Ya no —dijo en un tono de voz tan bajo que era casi imperceptible.

—¿Qué?

Jack se inclinó hacia ella para escucharla mejor.

—Ya no —repitió Carrie—. Te he odiado mucho tiempo, es cierto.

Y lo siento. No es excusa, pero igual ahora entiendes cómo me sentí.

Fue humillante pensar que salías conmigo, me decías que me amabas y, a la primera de cambio, vas y te enrollas con Jenny.

—Miró a Jack e hizo un movimiento hacia arriba y hacia abajo con las manos—.

Lo sé, lo sé, me has explicado lo que pasó en realidad, pero así es como yo lo viví en aquel momento.

Era joven e ingenua, y estaba embarazada, aunque entonces no lo sabía, o sea que tenía las hormonas desajustadas y me sentía vulnerable.

Igual recuerdas que no era la persona más segura del mundo, más bien hipersensible y con la autoestima baja.

La universidad es difícil, me costaba encajar, siempre me preocupaba que los demás se lo pasaban mejor que yo y esas cosas.

Cuando te conocí, tuve la sensación de que todo tenía sentido, que había encontrado mi lugar.

Empecé a salir del huevo y a madurar. Y entonces tú y Jenny me rompisteis el corazón, me dejasteis destrozada.

Carrie se detuvo y extendió los brazos en posición suplicante, como si aquello ayudara a Jack a entenderla.

Luego se pasó las manos por el pelo, que estaba encrespado y despeinado por el calor.

—O sea que sí, te odié. Y ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba, lo estúpida e imprudente que fui, el mal que nos hice a todos.

Por suerte, mamá me hizo entrar en razón al convencerme de que no te apartara de la vida de Nell y no perjudicara tu relación con ella.

Y, bueno, lo cierto es que ya no te odio.

No negaré que he tardado años en llegar a este punto, pero, no sé, igual estar aquí, en este hermoso lugar, y pensar que había perdido a Nell para siempre, me ha ayudado a ver las cosas desde otra perspectiva.

En realidad, me he sentido muy sola estos últimos años.

Nell es mi persona favorita en el mundo entero, obviamente, y la quiero más que a nada, pero creo que estoy lista para volver a pensar en mí misma otra vez. Para empezar a vivir de nuevo.

Cogió las manos de Jack entre las suyas y lo miró directamente a los ojos.

—¿Podrás perdonarme?

Jack le devolvió la mirada sin decir nada, como si le costase asimilar toda aquella información. Luego dijo:

—Sí, te perdono. Por supuesto que te perdono. Pero soy yo quien debe pedirte disculpas, y te agradezco mucho el gesto.

Jack echó un vistazo a su alrededor, a la piscina y a las palmeras que se mecían con la suave brisa, y a un gato pelirrojo que se paseaba por el muro exterior del hotel.

—Y ahora, ¿qué hacemos? —Añadió.

Carrie se sorprendió por aquella pregunta tan directa.

—¿Qué quieres decir? —preguntó solo para ganar tiempo, pues ya sabía la respuesta.

Jack fue al grano:

—Con lo nuestro.

Carrie se retorció incómoda. No sabía cómo reaccionar. De estar soltera y sin compromiso durante tantos años, había pasado a tener dos hombres en su vida. Era incomprensible.

—¿Qué te gustaría que pasara?

Jack abrió la boca y la cerró de nuevo, luego se encogió de hombros con gesto cansado.

—Quizá ahora no es el mejor momento, porque primero deberíamos aclarar otra cosa, ¿no crees?

Carrie se quedó mirándolo con perplejidad, aunque en el fondo sabía a qué se refería Jack. Por eso, sus siguientes palabras no la sorprendieron:

—Tú y K…

El sonido del móvil de Carrie la sobresaltó e interrumpió a Jack. Era Nell.

—Mamá, ¿dónde estás? Me he despertado pero no estás aquí.

A través del aparato, la voz de la joven sonaba lastimosa y desolada. Carrie sintió una punzada de amor.

—Enseguida voy —tranquilizó a su hija.

Sin colgar el teléfono, se levantó y se despidió de Jack con la mano mientras señalaba el teléfono y murmuraba: «me tengo que ir».

—Lo siento, cariño —le dijo a Nell.

Caminó tan rápido como sus inestables piernas le permitieron cruzar el camino que llevaba a las habitaciones de lujo con vistas a la caldera.

Incluso mientras consolaba a su hija, tenía la sensación de que la había salvado la campana.

Lo que había estado a punto de decir Jack era obvio, y Carrie no estaba preparada para darle una respuesta.

—Estaba hablando con Kris y luego con tu padre, y se me ha ido el santo al cielo —le explicó a Nell—. Ya estoy aquí.

Terminó la llamada al cruzar la puerta de su habitación. Nell estaba sentada en la cama con el teléfono en la oreja, los ojos muy abiertos y miedo en la mirada. Carrie corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

—Mamá —dijo la joven. Se le rompía la voz, estaba a punto de llorar—. Quería decirte que lo siento mucho.

Desconcertada, Carrie frunció el ceño.

—¿Por qué? —respondió—. ¿Qué has hecho ahora?

Acompañó sus palabras con una risa para indicar que estaba bromeando. Con Nell, nunca se sabía. Su hija sacudió la cabeza.

—¡Nada! Pero no es eso… El tema es que… Me he comportado como una idiota, metiéndome en líos y tal.

No me refiero a Santorini, lo de la cueva fue un accidente…

, bueno, vale, lo del DNI falso, pero no lo hicimos con mala intención.

Solo queríamos ayudarte a descubrir más cosas sobre Sol para que puedas escribir tu libro.

Sé que tienes muchas ganas de volver a ser escritora, mamá, y creo que deberías hacerlo.

Es lo que se te da bien. Y supongo que siempre he querido una gran familia, y me da la sensación de que Sol forma parte de ella, y…

Hizo una pausa para sonarse la nariz.

—O sea, me refiero a las cosas que hice en casa, tonterías en plan beber y tal.

Y quería decirte que lo siento y que, de ahora en adelante, me portaré mejor y me esforzaré más.

No sé por qué me comportaba como una idiota, ni siquiera me gusta fumar o tomar drogas ni nada de eso. Creo que solo intentaba encajar.

En aquel momento, parecía indescriptiblemente triste.

Entornó los ojos y sus labios esbozaron una mueca afligida.

Una ola de amor y cariño amenazó con hacer llorar a Carrie.

Recordaba demasiado bien el horror de la adolescencia, la inseguridad bajo la fachada que presentas al mundo, la ansiedad por impresionar a los demás, la dependencia de las opiniones de tus amigos y de tus enemigos por igual.

En la uni, no había terminado de experimentar muchas de aquellas cosas cuando cortó con Jack.

Dios, no repetiría aquella etapa por nada del mundo.

Era genuinamente terrorífica. Abrazó a Nell con todavía más fuerza.

—No pasa nada, cariño —canturreó—. Siempre te querré, pase lo que pase. Ya sabes que siempre serás mi niña, mi tesoro. —Notó el movimiento de la cabeza de Nell, apoyada sobre su barriga, asintiendo—. Y gracias por la disculpa. Significa mucho para mí.

Se hizo el silencio, Carrie lo aprovechó para calmar sus sentimientos. Sabía cuánto le habría costado a Nell pedir perdón. Luego sonrió y se pasó la mano por la frente.

—¡Bueno! —dijo con tono jocoso—. Tengo ganas de que empiece esta nueva etapa de nuestras vidas con cero unidades de ansiedad. Ya te digo.

Nell le devolvió una sonrisa traviesa.

—Vamos a calmarnos, tampoco es que me haya convertido en una santa de la noche a la mañana.

Ambas se echaron a reír y, cuando se tranquilizaron, Nell cerró los ojos.

—Estás agotada —le dijo Carrie—. Vamos a dormir.

Se tumbó en la cama al lado de su hija y le acarició el pelo, como solía hacer cuando Nell era pequeña.

Al lado de la mesita de noche había una botella de desinfectante.

Como la chica no había cerrado el tapón, el leve olor aséptico transportó mentalmente a Carrie a la cirugía de Nell, a la época en la que había tenido que aprender a curar la herida, cosa que había hecho con sumo cuidado, mientras los enormes ojos marrones de Nell la miraban con confianza.

¡Tenía tanta suerte de que Nell siguiera con vida! Era lo único que importaba.