Capítulo 38 Carrie
Carrie
A l regresar a Oia, Carrie recibió un mensaje de Nell avisándola de que el viaje en barco con Jack había terminado, pero se iban a quedar un rato más y cenarían en uno de los restaurantes de la playa de Perissa.
—Vamos a dar una vuelta, a ver la puesta de sol y a tomar algo en el local de mi colega —sugirió Kris.
Paseando por las perfectas calles del pueblo, esquivando a los turistas y sus palos de selfi y a los ancianos con sus bastones, Carrie tuvo una vez más la sensación de estar en un sueño, como si llevara toda la vida ahí, y no menos de diez días.
En el extremo de la isla, cuando creía que ya no podían llegar más lejos, llegaron a una puerta incrustada en la piedra.
Al entrar y ver la escena que le daba la bienvenida, Carrie suspiró.
El restaurante consistía en numerosas terrazas excavadas en la roca, cada una lo bastante grande para acomodar una mesa para dos y con vistas sin obstáculos al mar en calma que se extendía hacia el horizonte y que pronto se teñiría del rojo y rosa de la puesta de sol.
—¡Guau! —exclamó—. ¡Es increíble!
El amigo de Kris los condujo hacia lo que debía de ser la mejor mesa en el mejor local de todo el pueblo. Se sentaron el uno al lado del otro para poder contemplar el magnífico panorama.
—Me cuesta imaginar quién pudo haber traicionado a Vassia y a Sol —dijo Carrie mientras el camarero les llenaba las copas de un vino local de color ámbar pálido.
Kris sacudió la cabeza.
—A mí también. Es una acción espantosa. Hemos descubierto muchas cosas, pero todavía hay mucho que no sabemos.
Carrie hizo una mueca.
—Exacto.
Tomó un sorbo de su copa. Entraba demasiado bien, pero la invadió una repentina sensación de abandono, como si necesitase beber demasiado para liberarse de la horrible tensión y agonía de los últimos días.
Pidieron la comida y charlaron un poco más sobre Sol y Vassia y lo que les habría ocurrido. Cuando llegaron sus platos, comieron y, envalentonada por el vino, Carrie acabó preguntándole a Kris por qué estaba soltero, por qué no había nadie especial en su vida. Él se limitó a encogerse de hombros.
—Supongo que todavía no he conocido a nadie con quien tuviera ese tipo de conexión —contestó—. O, bueno, mejor dicho… No, quizá no es cierto. Y las cosas cambian, ¿no crees? No he perdido la esperanza.
Las manos de ambos reposaban en la mesa a muy poca distancia. Kris acercó la suya a la de Carrie y la cogió entre sus dedos. Ella sintió una descarga eléctrica en su interior.
—Pero es difícil, ¿sabes? —prosiguió él—.
Mi vida está en Santorini y, aunque es un sitio precioso, también es pequeño y no tenemos buen tiempo todo el año.
En invierno, suele hacer mucho frío y viento, y no hay mucho que hacer.
Mucha gente pasa la temporada baja en Atenas o en algún sitio con más actividad, mientras que yo prefiero quedarme aquí.
Me gusta cuando todo está en caima, relajado.
La gente con hijos se preocupa por su educación y se pregunta si lo que la isla ofrece es lo bastante bueno, así que ya puedes imaginarte…
Se interrumpió de golpe. Entrelazó sus dedos con los de Carrie y los apretó, la miró fijamente a los ojos.
—¿Y tú? —le preguntó—. No me has contado nada sobre ti y Jack.
Arrugó la nariz al decir su nombre, como si hubiera olido algo en mal estado. El largo suspiro de Carrie parecía emerger de las profundidades de su ser.
—Bueno, la versión corta es que me rompió el corazón —dijo, sobrepasada por la emoción.
Sabía que no debía, pero igualmente tomó un poco más de vino. Ya iba por la segunda copa —¿o era la tercera?— y el alcohol no solo la mareaba un poco, también la hacía más locuaz. Qué diablos.
—¿Y la versión larga? —insistió Kris con la cabeza inclinada hacia un lado y una sonrisa que a Carrie le removió el estómago—. ¿La puedo escuchar?
Carrie puso los ojos en blanco y tomó otro sorbo de vino.
—Vale, si realmente quieres la cruda verdad, te lo diré —respondió, y se echó a llorar inesperadamente.
Secándose los ojos con la servilleta, consiguió controlar el flujo de lágrimas lo suficiente para hablar.
—Lo que sucedió es esto —prosiguió—. Jack y yo nos conocimos y nos enamoramos.
Hasta aquí, todo correcto. Pensaba que era mi alma gemela, que estaríamos juntos para siempre, era una sensación tan agradable que dolía.
Cuando nos separábamos, él era lo único en lo que yo podía pensar.
Una locura, ya lo sé. Pero cuando eres joven, sientes las cosas con mucha más intensidad, ¿no crees?
Las relaciones, quiero decir. Parecen lo más importante.
Kris hizo una señal al camarero para que trajera más vino y Carrie vaciló. Sabía que no era buena idea seguir bebiendo, pero también que no iba a resistir la tentación.
—Sinceramente, todo era tan perfecto que debería haber sabido que no duraría, que era demasiado bueno para ser verdad.
Conocí a Jack a través de mi hermana Jenny.
Ella ya estudiaba en la uni de Nottingham y yo seguí sus pasos.
Solo soy un año menor. Éramos inseparables, lo hacíamos todo juntas, y por eso escogí la misma universidad que ella, ¡incluso la misma carrera! Mira si soy poco original…
Carrie rio con ironía antes de proseguir:
—Total, que se hizo amiga de Jack, me lo presentó, y voilà .
El sueño del amor de juventud. Siempre tuve la sensación de que a ella también le gustaba Jack, pero no le di muchas vueltas, estaba tan absorta en la relación.
Un día, en una fiesta en casa de alguien, yo no bebí nada pero los demás sí, y empezamos a jugar al escondite.
Estaba completamente oscuro, todos estaban desenfrenados y un poco pasados de vueltas.
Corrí a esconderme, encontré una habitación, abrí la puerta del armario y encontré a Jack y a Jenny enroscados, dándose el lote apasionadamente.
Al decir aquello, notó que otro sollozo se había quedado atrapado en su garganta. Decidida a no echarse a llorar otra vez, lo reprimió.
—Me quedé devastada —continuó con su relato—.
Absolutamente disgustada. Me sentí tan humillada, no sabía cuánta gente los había visto, quién más lo sabía, porque di por sentado que no era una cosa puntual, sino que ocurría desde hacía tiempo.
Me convencí a mí misma de que todo el mundo se reía de mí y sentía lástima. Era insoportable.
Hizo una pausa y se puso a arreglar los cubiertos para que el tenedor y el cuchillo quedasen perfectamente alineados.
—Y eso fue todo. Juré que nunca más volvería a hablar con Jack o con Jenny. Si no fuera porque dos semanas después me enteré de que estaba embarazada, lo habría cumplido. Pero mi madre me obligó a contarle a Jack que me iba a quedar con el bebé y a mantener el contacto entre él y Nell.
Kris frunció el ceño y asintió.
—Suena como si no estuvieras satisfecha con esta decisión.
—Y no lo estaba —intervino Carrie—. ¿Lo habrías estado tú?
Me parecía que Jack no tenía ningún derecho después de haber sido tan hijo de puta, con perdón.
Pensaba quedarme a Nell para mí sola, que Jack lo tenía bien merecido, pero mi madre me dijo que luchar por la custodia no solo sería agotador, sino también muy caro, y me convenció para que encontrara un término medio.
¡Y así fue! —La indignación hizo que el tono de voz de Carrie se agudizara—. Debería estar agradecido.
La expresión en el rostro de Kris era de perplejidad y preocupación.
—Lo siento mucho —dijo finalmente—. Debió de ser horrible. Y todos los años que has cuidado de Nell sola… —Apartó la mirada y la fijó en el mar, como si Nell estuviera ahí fuera con exigencias, como suelen tener los hijos—. Pero debes de estar muy orgullosa de ella. Es increíble.
Carrie se echó a reír por la tensión acumulada.
—Cuando no usa un DNI falso para alquilar ilegalmente un ciclomotor, se queda atrapada en cuevas y me hace envejecer veinte años de golpe de tanto estrés y preocupación y te distrae a ti de tu trabajo cuando apenas te conoce…
Una sonrisa de concesión se dibujó en los labios de Kris.
—Bueno, sí, es una adolescente. Todos tienen sus momentos. Pero, en general, como decía, es maravillosa.
Por los volubles altibajos emocionales que le provocaba el alcohol, Carrie volvió a ponerse seria y sintió que las lágrimas se le acumulaban en los ojos.
—Lo es. Y la quiero mucho, muchísimo —balbuceó, cubriéndose la cara con la servilleta, que había quedado húmeda y arrugada—.
Y lo peor es que ella quiere mucho a su padre y nunca le podré contar lo que me hizo porque lo interpretaría como un intento de ponerla en su contra, y no puedo explicarle por qué no conoce a su tía y a sus primas, y todo es una mierda.
Tomó otro sorbo de vino.
De repente, tuvo la sensación de que, tras haber revelado tantos secretos a Kris, podía ir más allá y confesarle algo que nunca le había dicho a nadie, algo que solo había empezado a comprender durante estas vacaciones.
—Y desde que estoy aquí me he dado cuenta de lo sola que me siento, sola de verdad.
Me encantaría tener una relación, aunque nunca me lo he permitido; claro que me gustaría tener pareja, pero es que siempre he pensado que no debía porque, si las cosas se torcían, también le afectaría a Nell y, de todos modos, nunca salgo y no sé dónde conocer a alguien, no voy a meterme en una app y deslizar hacia la derecha, o a la izquierda, o yo qué sé…
Su inconexo discurso llegó bruscamente a su fin, como si se hubiera quedado sin palabras.
Tuvo una fugaz y perjudicial sensación de haber dicho demasiado, de haberse pasado de la raya.
Pero Kris respondió con empatía. Le soltó la mano, le pasó un brazo por encima de los hombros y la atrajo hacia sí.
—Siento mucho que te sientas sola —le dijo—. Yo también me siento así a veces.
Se hizo un silencio expectante que solo se rompió por la llegada de un camarero para recoger los platos y ofrecerles el postre, que ambos declinaron.