Capítulo 36 Carrie
Carrie
— E ntraré yo primero —dijo Kris—. Así comprobaré que las cuerdas aguantan. Cuando llegue al fondo, te llamaré y daré tres tirones para que sepas que es tu turno.
Apretando los dientes, Carrie asintió.
El descenso de Kris fue rápido y directo.
Con cautela, Carrie medio caminó, medio se arrastró hacia la entrada del pozo, puso los pies en los primeros peldaños y, aguantando la respiración, empezó a bajar.
Sorprendentemente, alcanzó el suelo sana y salva.
Al mirar a su alrededor, solo veía una gran caverna con las paredes de piedra puntiaguda.
—¡Cielos! —exclamó—. No sé qué esperaba, pero esto seguro que no.
Kris encendió una linterna y pudieron ver la totalidad del espacio subterráneo, mucho mayor de lo que Carrie había imaginado. Pensó en las chicas, que se habían quedado atrapadas sin saber si alguien las rescataría. Debió de ser una experiencia terrible.
—Mira, aquí —anunció Kris, emocionado.
Se arrodilló cerca de una caja de madera oscura rodeada por un montón de tierra y piedras acabadas de excavar, la prueba de que las chicas la habían descubierto.
Carrie se puso a su lado. El corazón le iba a toda velocidad.
Kris levantó la tapa, cuyo borde se rompió con el movimiento.
En el interior había una serie de botones y diales oxidados y manchados por la humedad, así como un montón de cables y enchufes enredados.
—Un set de radio —declaró Carne, fascinada—. Vaya. Debía de ser de los hombres del SBS .
Todavía no le había contado a Kris lo que había descubierto su madre en el antiguo libro en las estanterías de la buhardilla, así que lo puso al corriente.
—Así que Sol se quedó atrás… —musitó Kris—. Y alguien cuidó de él. Es más que probable que fuera la abuela Vassia.
Iluminando el interior de la caja con la linterna, se puso a inspeccionarla.
Las palabras «tabla de sintonización de los altavoces» estaban talladas en una placa metálica pegada a los restos de la tapa.
Tres tomillos oxidados la mantenían en su lugar, pero faltaba el cuarto.
Cuando Kris pasó los dedos por encima, otro se soltó, lo cual hizo que la placa cayera y revelara otra hoja de papel oculta en su interior.
Con sumo cuidado para no romperla y mordiéndose el labio por la concentración, Kris la sacó de su escondite.
Abrió el papel e iluminó con la linterna las palabras en griego que cubrían casi la totalidad de la página. Murmuraba algo entre dientes.
Al cabo de unos minutos, dejó caer el papel y guardó la lupa. Se pasó las manos por el pelo, se giró para mirar a Carrie y, emocionado, exclamó:
—¡Teníamos razón! Es de Vassia para Sol. La fecha es de junio, muchas semanas después de la incursión, que fue en abril.
—¡Cielos! —murmuró Carrie—. O sea que nuestras sospechas eran ciertas. El retrato indica que se conocieron durante más de cuarenta y ocho horas y…
Dejó la frase a medias, era incapaz de terminarla. ¿Qué había ocurrido entre ellos en un tiempo en el cual la prioridad era luchar por la supervivencia, y sin garantías?
Kris frunció el ceño y continuó leyendo.
—No lo consigo descifrar todo —dijo, entornando los ojos para ver mejor las letras borrosas—. Creo que es la primera parte de la carta que encontró Nell. Le dice que las vidas de ambos corren un grave peligro esta noche.
—Dios mío —se sobresaltó Carrie, como si el riesgo fuera real en aquel momento, y no ochenta años atrás—. ¿Por qué? ¿Por qué aquella noche más que cualquier otra?
Kris estudió las palabras con atención mientras Carrie esperaba. El suspense la estaba matando.
—Dice —empezó a decir con voz vacilante, pero se detuvo, no podía continuar.
—¿Qué? ¿Qué dice?
El tono interrogativo de Carrie estaba cargado de urgencia, de frenesí. Cuando Kris la miró, su rostro era la viva imagen del desconcierto.
—Dice que sabe quién lo delató a los nazis.
Ambos se quedaron sentados en silencio, mirándose, absorbiendo la revelación.
—¿Así que alguien lo traicionó? —preguntó Carrie, que apenas lo comprendía—. Me cuesta creerlo.
Kris sacudió la cabeza, afligido.
—A mí también, pero es lo que dice aquí.
No había dejado de analizar la carta atentamente.
—Aquí dice algo más —dijo al cabo de un rato—. Fe, esperanza, y creo que amor. Y el mayor de ellos es el amor.
—¡Dios mío! —gritó Carrie. La excitación casi no la dejaba respirar—. ¡Son las palabras del anillo! Bueno, una parte. ¡Mira!
Buscó su móvil en el bolsillo y le enseñó las fotos a Kris.
—Debía de ser un dicho especial para ambos —sugirió Kris con voz temblorosa.
Carrie puso una mano encima de la de Kris.
La emoción los estaba afectando a ambos.
En plena guerra, Sol y Vassia se habían enamorado perdidamente el uno del otro, pero alguien los había traicionado.
Era incomprensible. En una isla llena de gente que deseaba más que nada la victoria aliada y la expulsión de los odiosos nazis, ¿quién podría haber hecho algo así?