La joven de Santorini Capítulo 32 Carrie
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Capítulo 32 Carrie

Carrie

D os días después del dramático rescate, Nell reposaba en la terraza con vistas a la caldera con la pierna lesionada encima de una silla.

Estaba pálida y débil, pero, por lo demás, casi había vuelto a la normalidad.

Jack y Carrie estaban sentados a su lado y le traían refrescos, se aseguraban de que tomase los analgésicos y de que no pasase demasiado tiempo al sol, preocupándose por ella desmesuradamente y cubriendo todas sus necesidades.

Aquella fatídica noche, Kris había conducido a toda velocidad hacia el hospital detrás de la ambulancia.

Los padres de Amy, que habían llegado a la escena justo en el momento que la ambulancia partía, los habían seguido en su coche de alquiler.

Al llegar al hospital, los médicos habían determinado que a Nell no le había pasado nada grave, solo sufría deshidratación y tenía el tobillo torcido, pero se la quedaron veinticuatro horas en observación por si acaso.

A Amy le habían dado el alta de inmediato.

Cuando Nell pudo volver a casa, Kris insistió en que tanto ella como Carrie fueran a pasar el resto de sus vacaciones en el hotel, en una de las mejores habitaciones con vistas al mar, y se negó a aceptar dinero a cambio.

Carrie tuvo una larga conversación por teléfono con Xanthe para explicarle el drama que se había perdido desde que se había ido de Santorini.

Su amiga había dicho que obviamente Jack podía quedarse en casa de sus abuelos.

En su coche de alquiler, podía ir a Oia sin problema cuando quisiera o lo necesitara. Y así quedó resuelto el asunto.

Para Carrie, el hecho de que Nell estuviera allí, sana y salva, parecía un milagro.

No paraba de pensar en las terribles cosas que había imaginado cuando la búsqueda no daba señales de las chicas, y entonces debía esforzarse en no hiperventilar por el horror de lo que podría haber pasado.

Le venían a la cabeza historias de gente que había sucumbido al calor y al cansancio en Tenerife, en Symi, en Corfú, y sintió que iba a enloquecer.

Consiguió frenar su rabia y resistir la tentación de gritarle a Nell todo lo que quería decirle en realidad: «¿En qué estabais pensando?

Usasteis un DNI falso y os fuisteis sin decir nada, sin batería en el móvil y sin agua.

¿Es que no tenéis nada en la cabeza, par de descerebradas?

¡No tenéis ni idea de lo mal que nos lo habéis hecho pasar! ».

Ya habría tiempo para una conversación seria, pero ahora no era el momento.

Al día siguiente del rescate, Carrie y Nell estaban tan exhaustas que se habían pasado casi todo el día durmiendo. Hoy por fin ambas estaban un poco más descansadas.

El recipiente metálico que habían encontrado Amy y Nell reposaba en la mesita de noche de Carrie.

Inicialmente, el estado de salud y la recuperación de Nell la habían mantenido demasiado ocupada para echarle un vistazo a la hoja, pero, en cuanto tuvo ocasión de hacerlo, tampoco le reveló nada.

La tinta era antigua y estaba desgastada, así que la letra casi no se veía.

Lo poco que pudo descifrar estaba en griego.

Carrie decidió dejarla a un lado y ocuparse de ella cuando todo se hubiera calmado un poco.

La noche del rescate, Nell había dicho que había otros objetos en la cueva, pero no lo había vuelto a mencionar y Carrie no quería preguntárselo y provocarle estrés postraumático.

Cuando estuviera lista para hablar, revelaría la historia completa, pero no antes.

Como había pasado tan poco tiempo con Nell, Jack había pedido pasar el día con ella fuera de casa.

Ambos querían hacer la ruta en barco por las famosas playas negras, rojas y blancas de Santorini y visitar el faro.

No tendrían que andar mucho, así que para Nell sería factible a pesar de la férula que llevaba en el tobillo y las muletas.

Carrie, todavía eufórica por el alivio y, a la vez, sin fuerzas para ir otra vez de excursión, había dado su consentimiento.

Padre e hija partirían al cabo de poco y Carrie tenía intención de pasar el día trabajando en su libro, con una pausa para almorzar con Kris.

Todavía no había podido agradecerle todo lo que había hecho por ella, no solo la habitación sino su participación en la misión de rescate y toda su generosidad.

—No pensaba salir del hotel —les dijo Carrie a Jack y a Nell mientras estos se preparaban para irse—. Así que llamadme si me necesitáis.

No tenía sentido decir aquello; ¿para qué iban a necesitarla y qué podía hacer ella que no pudiera hacer Jack? Pero creer que estaba a la disposición de Nell en todo momento la hacía sentir mejor.

—¿Qué vas a comer? —le preguntó Jack—. ¿Servicio de habitaciones?

Con gesto incómodo, Carrie cambió el peso de su cuerpo de una pierna a la otra.

—Kris me ha invitado a almorzar con él —respondió—. Así que estaré por aquí.

—Oh. —Jack entornó los ojos y apretó los labios—. Vale. Pues que pases un buen día.

Se subió al coche, tiró su mochila en el asiento de atrás y arrancó el motor.

Carrie reprimió las ganas de suspirar mientras se despedía de ellos con la mano y la sonrisa más alegre que pudo conjurar.

No le gustaba perder de vista a Nell, pero debía ser sensata.

Jack era más que capaz de cuidar de su propia hija.

Lo que le molestaba, en realidad, era la actitud extraña que Jack tenía con Kris, pero no tenía tiempo para aquello.

Cuando volvió a su maravillosa habitación con aquellas increíbles vistas, su teléfono sonaba. Corrió a cogerlo de su mesita de noche y vio que era el número de su madre.

—Hola, mamá —dijo al contestar—. ¿Todo bien?

Hubo una breve demora y luego escuchó a su madre decir:

—Sí, todo bien. Solo llamaba para preguntar por la convaleciente. ¿Cómo se encuentra hoy?

Carrie le pasó un parte detallado del estado de salud de Nell y de su salida con Jack.

Escuchó la aprobación silenciosa de Harriet del plan desde el otro lado del teléfono.

Su madre nunca juzgaba abiertamente a Carrie ni sus decisiones, pero Carrie sabía lo que Harriet pensaba de su relación con el padre de Nell o, mejor dicho, la falta de la misma.

—Suena muy interesante —dijo Harriet cuando Carrie hubo terminado—. Pero en realidad te llamaba para darte una noticia.

—¡Vaya! ¿De qué se trata? —preguntó Carrie.

Distraída, cogió la carta que Nell había encontrado en la cueva.

Hasta aquel momento, apenas había tenido tiempo y energía para pensar en ella, pero de repente se dio cuenta de su verdadera importancia.

¿Podría ser aquella fina hoja de papel la clave para revelar los secretos que ella y Kris habían tratado de desentrañar?

—Recuerdo que, cuando nos mudamos, dejé un montón de libros que habían sido de Sol en las estanterías de la buhardilla —dijo Harriet—. No suelo subir a menudo, pero las niñas de Jenny van a venir a pasar unos días cuando empiecen las vacaciones, así que tenía que poner sábanas limpias en las camas.

—Ajá —dijo Carrie, impacientada. Esperaba que su madre fuera al grano, no quería oír hablar de la visita de unas sobrinas a las que casi no conocía.

—Bueno —prosiguió Harriet—, el caso es que los he hojeado todos y he encontrado un librito sobre el SBS . Creo que lo autoeditaron algunos de sus miembros en los años cincuenta. Parece hecho a mano, ya me entiendes, no es muy elegante.

—Ajá —repitió Carrie, que todavía no sabía a dónde quería ir a parar su madre.

—Solo he tenido tiempo de echarle un vistazo rápido —añadió Harriet—, pero es muy interesante. No puedo creer que no supiéramos nada de esto. Parece ser que Sol no salió de la isla con los demás, sino que se quedó atrás y tuvo que contar con…

Su voz se interrumpió de repente, Carrie oía que hablaba con alguien más.

—Carrie —dijo Harriet al cabo de unos segundos—, tengo que colgar. Tu padre se cogió la semana de fiesta por si nos necesitabais, pero, por suerte, no ha sido así. Pero se acaba de acordar de que tiene hora en el hospital. Si no salimos ahora mismo, llegaremos tarde.

Carrie intentó ocultar su decepción por no haber podido escuchar el final de la historia.

—Vale, no pasa nada —respondió—. No te entretengo, llámame más tarde y me lo acabas de contar.

Colgó el teléfono y se dirigió a las puertas del balcón para contemplar las maravillosas vistas.

Ahora que Nell y Amy estaban a salvo, su mente estaba más libre para volver a preocuparse por el misterio de lo que le había ocurrido a Sol, la relación que había tenido con Vassia, la abuela de Kris, y, por supuesto, qué había sido del enigmático hermano de Vassia, Andreas.

Se moría de ganas de resolver el rompecabezas de una vez.