Capítulo 28 Carrie
Carrie
E l corazón de Carrie se paralizó.
—¡Nell! —gritó—. ¡Soy mamá! Estoy aquí, estáis bien, vamos a sacaros de aquí. —Intercambió una mirada frenética con Kris y Jack—. ¿Dónde están? —siseó para que las chicas no se percataran de que, a pesar de lo que les acababa de decir, no sabían exactamente cómo encontrarlas.
Jack se puso a cuatro patas y empezó a reptar por el suelo cubierto de matas, entre las grandes rocas. No decía nada, sino que escuchaba con atención para intentar seguir la dirección de la cual llegaban las voces de las chicas. Kris y Carrie lo siguieron. Jack frenó en seco.
—Aquí —dijo—. Mirad, hay un agujero, se ven las marcas del lugar donde deben de haber resbalado.
Carrie estiró el cuello para intentar ver lo que había descubierto Jack; la desesperada anticipación le heló la sangre. Jack volvió a llamar a las chicas:
—¡Nell, Amy! Estamos aquí. No os mováis, vamos a sacaros de aquí.
Jack se tumbó boca abajo y apuntó al hueco con la linterna del móvil. Cuando se incorporó, había empalidecido y tenía los ojos hundidos de alivio y, a la vez, de miedo.
—Están aquí —anunció—. Las dos, las he visto a las dos. Ahora debemos ayudarlas a salir.
—En el coche tengo una cuerda que uso para mi barco —dijo Kris—. Iré a por ella, y también traeré un poco de agua. Quedaos aquí y no dejéis de hablar con ellas. Yo llamaré a la policía otra vez. Deberían haber llegado hacer rato, igual que los bomberos y los paramédicos. Y los padres de Amy…
Desapareció en la oscuridad de la cueva.
—Gracias —le dijo Carrie, distraída.
Le importaban un comino los servicios de emergencia, solo quería rescatar a las chicas. Luego se dirigió a Jack, apartándolo para poder mirar por el hueco:
—Déjame verlas.
Con la vacilante luz del móvil, que sujetaba con una mano temblorosa, alcanzó a distinguir en el fondo del pozo la silueta de Nell y Amy, abrazadas la una a la otra y mirando hacia arriba, desesperadas por que las ayudasen.
Carrie no se dio cuenta de que estaba llorando hasta que le llegó el olor a humedad del suelo polvoriento. Intentando contener las lágrimas, les dijo a las chicas:
—Ya ha pasado todo, enseguida saldréis. Todo irá bien. Aguantad. Os queremos.
A pesar de la distancia que las separaba, Carrie vio y escuchó que Nell había empezado a llorar. Amy no emitía ningún sonido. Carrie tuvo el espantoso presentimiento de que estaba herida de verdad.
Parecía que hubiera pasado una eternidad cuando Kris regresó. Le dio a Carrie dos botellas de agua de plástico.
—Trae, ya se las doy yo —intervino Jack—. Debemos bajarlas con cuidado.
Carrie le entregó las botellas. Por algún motivo, ni siquiera estaba molesta por lo que acababa de decir.
De hecho, se alegraba de poder pasarle la responsabilidad de hacer llegar el agua a las chicas.
Por primera vez desde que había llegado Jack, Carrie sintió que se destensaba un poco el peso muerto del espanto que estaba arrastrando desde que se había dado cuenta de la desaparición de Nell.
Podía compartir la carga con Jack, una carga que solo ellos, los padres de Nell, podían sentir.
Kris se había enrollado una cuerda alrededor de los hombros y, después de entregar con éxito las botellas a las chicas, Jack la cogió.
—Podríamos atarla a aquella roca —sugirió con el ceño fruncido, pensando en el plan de acción más apropiado—. Y luego, podría bajar yo mismo.
—¿Pero entonces cómo subirás a las chicas? —preguntó Carrie.
—Entonces le ataré la cuerda a la cintura a una de ellas y vosotros tiraréis para ayudarla a subir.
Carrie se miró los brazos. ¿Tenía fuerza suficiente para arrastrar a una adolescente y sacarla de un pozo? Pero era demasiado tarde para protestar: Jack había fijado la cuerda y a los pocos segundos estaba bajando por el agujero.
Algo llamó la atención de Carrie, que vio un destello de luces procedente del exterior, a varios metros de distancia.
—Serán los bomberos —dijo Kris—. Deberíamos dejarlos hacer su trabajo.
—No —respondió Carrie con decisión y brusquedad—. Van a montar un lío, no pararán de hablar, todo se retrasará. Quiero sacarlas de ahí ahora mismo. Haremos lo que ha dicho Jack.
De repente, la cuerda, que reposaba en el suelo, se tensó.
—¡Listos! —Les llegó la voz de Jack desde las profundidades—. Amy primero. ¡Tirad, ahora!
Kris y Carrie cogieron la cuerda y empezaron a hacer fuerza como si les fuera la vida en ello. Las duras fibras de la cuerda rozaban con la piel de Carrie, provocándole un intenso dolor, pero lo ignoró.
Al cabo de poco, la cabeza de Amy emergió del hueco.
—Ayúdala —siseó Kris entre dientes.
El griego usó todo su peso para mantener a Amy en una posición estable mientras Carrie la sujetaba por debajo de los brazos y la ayudaba a salir.
Con un último esfuerzo, las dos cayeron al suelo, Amy encima de Carrie.
A pesar de sus temores, no parecía que la chica estuviera herida, aunque no decía nada, como si la espantosa experiencia la hubiera dejado sin habla.
Procurando no ser muy brusca, Carrie se separó de Amy, volvió a coger la cuerda y la lanzó por el agujero.
Una vez más, se tensó y Jack les gritó que empezaran a tirar.
Esta vez le costó todavía más. Se le habían levantado ampollas en las palmas de las manos y el dolor por el roce de la cuerda era insoportable.
¿Cómo podía ser Nell mucho más pesada que Amy?
Todo estaba tan oscuro que Carrie no veía más allá de unos centímetros, pero escuchó el sonido de los bomberos que se acercaban. Aun así, los ignoró. Nell ya debía estar a punto de salir. Carrie no iba a parar ahora.
Una mano emergió del agujero y palpó desesperadamente el suelo, buscando algo a lo que agarrarse.
Carrie se la quedó mirando, era grande y tenía los nudillos grandes y las uñas cortadas de cualquier manera.
Nada que ver con la pequeña y pálida mano de Nell, con las uñas pintadas de colores vibrantes y los dedos recubiertos de anillos.
¿Dónde estaba Nell? ¿Por qué no salía? ¿Estaba tan herida que no podía, o quizá incluso…? Carrie se obligó a no pensar en lo peor. Y, en el mismo instante, se dio cuenta de lo que estaba pasando y se quedó boquiabierta. No lo podía creer.
¿Jack estaba saliendo antes que su propia hija?