La joven de Santorini Capítulo 22 Carrie
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Capítulo 22 Carrie

Carrie

A las tres de la madrugada, Kris insistió a Carrie en que se acostara un rato.

—Hay mucha gente haciendo la ronda —le dijo—. No puedes ayudarnos si estás exhausta.

Carrie no estaba de acuerdo. Había querido seguir con la búsqueda hasta que no pudiera mover ni un solo músculo, literalmente. A Nell y a Amy podría haberles pasado cualquier cosa, no podía descansar hasta que las encontraran.

—No las habrán secuestrado —dijo Kris con firmeza—. Estas cosas no pasan en Santorini. ¿A dónde se las llevarían? Estamos rodeados por el mar.

—Estas cosas pasan en todo el mundo —contraatacó ella—.

Cualquiera podría haberlas metido en un coche, llevarlas hasta una playa desierta, subirlas a un barco…

—Mientras lo decía en voz alta, se dio cuenta de lo improbable que sonaba—.

O quizá les han puesto algo en la bebida, en Inglaterra pasa constantemente, igual las han encerrado en un sótano, yo qué sé.

Seguro que tienen mucho miedo, Nell debe de estar llamándome y yo no estoy allí para ayudarla y rescatarla.

Kris le cogió las manos.

—Tienes que tranquilizarte —le dijo—. Ponerte así solo empeora las cosas. Si no puedes dormir, está bien, quédate toda la noche mirando el teléfono, pero por lo menos tómate algo caliente y descansa un poco.

De mala gana, Carrie aceptó la oferta. Kris la llevó a una habitación vacante del hotel.

Era una de las caras, con vistas a la caldera, pero en aquellas condiciones no podía apreciar el magnífico panorama.

¿A quién le importaba el paisaje cuando dos jóvenes, una de las cuales era su querida hija, habían desaparecido?

Aunque consiguió dormir de forma intermitente, esperó hasta las siete de la mañana para llamar a su madre, olvidando que eran dos horas menos en Inglaterra y que, por lo tanto, allí solo eran las cinco.

Aun así, Harriet cogió el teléfono al tercer tono.

Carrie apenas era capaz de pronunciar las palabras y anunciarle que no había rastro de Nell, su adorada nieta.

Harriet escuchó en silencio y le pidió que, si no había novedades por la tarde, la avisara para que ella y Bill pudieran coger el primer avión a Santorini.

Empezaría a mirar vuelos ahora para estar preparada.

Una sombra pasó por la ventana, oscureciendo por un momento la habitación. Alguien llamó a la puerta. Carrie se despidió apresuradamente de su madre y corrió a abrir. ¿Serían buenas noticias?

En cuanto vio el oscuro uniforme del agente de policía, le dio la sensación de que su corazón había dejado de latir.

—¿Q-qué pasa? —preguntó, desesperada, casi sin aliento.

Les habían dicho que no podían hacer nada hasta que hubieran pasado veinticuatro horas, y no hacía tanto que habían desaparecido. Eso solo podía significar que… El pensamiento era tan horrible que no quería formularlo.

El agente le dedicó una sonrisa mientras sacudía la cabeza.

—No hay novedades. Pero necesito una descripción detallada, por favor. ¿Cuándo vio a su hija por última vez, dónde estaba, de qué color tiene los ojos y el pelo, qué ropa llevaba? Díganos todo lo que recuerde.

Carrie intentó desesperadamente salir del terrible agujero mental en el que se habían hundido sus pensamientos.

Recordó el día anterior, que ahora parecía a años luz de distancia.

Nell, en pantalones cortos y una camiseta, metiéndose los billetes en la parte de arriba del bikini.

¿Qué shorts se había puesto? ¿Qué camiseta? «¡Piensa, Carrie, piensa!».

Sin saber muy bien cómo, consiguió dar una respuesta bastante coherente a las preguntas de la policía, describió el pelo castaño oscuro y los ojos de Nell, la cicatriz escalonada en el pecho de cuando la habían operado del corazón.

En este punto, las palabras se le atragantaron en la garganta.

Oh, Dios, ¿cómo había llegado a aquella situación, a verse obligada a explicarle a un agente de policía extranjero qué marcas distintivas tenía su hija para poder identificarla?

No, debía parar.

A trompicones, logró recuperar la compostura y contar todo lo que tenía que decir.

Mientras terminaba la entrevista con la policía, Kris apareció al otro lado del umbral con aspecto agotado.

Tenía los ojos hundidos y los labios pálidos y secos.

Inmediatamente, Carrie se dio cuenta de que había ignorado su propio consejo de dormir un rato, como le había ordenado a ella; era evidente que se había pasado la noche despierto buscando a las chicas.

—Todavía creen que bebieron demasiado y están durmiendo la mona por ahí. Aunque estén en el exterior, es improbable que les pase algo, y por la noche no hace frío. Cuando por fin regresen, como mucho estarán cansadas, hambrientas y sedientas.

Carrie sacudió la cabeza.

—No creo que sea eso —murmuró—, pero…

Desesperadamente, se encogió de hombros y dejó la frase a medias sin saber cómo terminarla.

Teniendo el historial de su hija, ¿podía estar segura de que Nell no había estado dándole al alcohol y, Dios no lo quiera, incluso a las drogas?

Últimamente, se había comportado notablemente bien, pero los adolescentes se caracterizaban por ser poco constantes, imprevisibles y erráticos.

—Estamos buscando por todo el pueblo —prosiguió Kris—. En todas las iglesias, en todos los callejones, en cada jardín y cada terraza. También hemos preguntado al personal de los bares y a los dependientes de los comercios. —Se dirigió brevemente al agente.

—¿Tienes una foto de Nell que la policía pueda usar en su investigación? —le preguntó a Carrie.

—Claro —respondió ella, desbloqueando rápidamente el móvil para buscar una foto adecuada.

El agente se fue y Carrie se dejó caer en la butaca.

—He pedido al servicio de habitaciones que nos suba café —dijo Kris—, y algo para comer.

Carrie sacudió la cabeza y se rodeó el torso con los brazos.

—No puedo comer nada, me pondría mala —musitó, mordiéndose el labio para frenar las lágrimas que se le acumulaban en los ojos—.

Debo mantenerme activa. ¿Podemos ir a algún sitio?

—Al instante, se llevó las manos a la boca y balbuceó—: Perdona, debes de tener cosas que hacer aquí, en el hotel.

Seguro que no puedes perder el tiempo con todo esto.

Kris hizo un gesto vago con la mano para indicar que no se preocupase.

—No, no, está bien. Mi equipo se las apañará sin mí a corto plazo. Vamos a dar una vuelta en coche, a ver si encontramos algo.

Carrie tuvo la sensación de que Kris había escogido una actividad para tenerla ocupada en lugar de una con propósito real, pero en aquel momento le daba igual. No quería quedarse quieta, sino hacer algo, lo que fuera.

Estuvieron horas por las blancas y polvorientas carreteras que serpenteaban por las escarpadas colinas volcánicas, pasando por pueblos y aldeas, dejando atrás diminutas iglesias aisladas, enormes villas con piscinas turquesas y los característicos viñedos de Santorini en forma de koulourakia tostándose bajo el intenso sol.

Era precioso, y Carrie lo odiaba con todas sus fuerzas.

Hicieron una parada en la casita, por si, casualmente, Nell había decidido visitarla, pero, como Carrie suponía, no había nadie. Cuando regresaron a Oia, eran poco más de las tres de la tarde. Veinticuatro horas desde que habían visto a las chicas.

Kris aparcó el coche, apagó el motor e hizo una nueva llamada a la policía.

Carrie se quedó sentada a su lado. Notaba cómo subía otra vez la temperatura en el interior del vehículo estacionado, pero no tenía suficientes fuerzas para abrir la puerta, ni mucho menos para salir.

Escuchó la rápida cadena de palabras en griego de Kris, de las cuales solo reconoció los nombres de Nell y Amy.

Sobrepasada, dejó caer la cabeza entre las manos.

¿Cómo podía estar pasando esto? Desde el momento en que había descubierto que estaba embarazada, había dedicado todo su amor a su hija.

Ambas habían pasado por tantas cosas juntas, especialmente el espantoso día en el que les dijeron que Nell tenía un problema en el corazón.

En aquel momento, Carrie había pensado que, si la vida de su hija llegaba a su fin, también terminaría la suya.

Cuando resultó que la enfermedad de Nell se podía operar, Carrie había hecho todo lo que había podido para que su bebé creciera de forma saludable y fuera lo bastante fuerte para soportar la operación y recuperarse pronto.

Nunca olvidaría cómo, al entrar en la sala de reanimación, se había encontrado a la pequeña Nell, tan pálida y vulnerable, en una cama de hospital, llorando y llamando a su madre.

Había ayudado a Nell a vivir entonces, y también lo haría esta vez.

La llamada de Kris terminó.

—Por fin se van a poner en marcha —dijo con una sonrisa.

Se apoyó en el respaldo del asiento del conductor y se pasó las manos por el pelo. Se le habían acumulado las gotas de sudor en la frente y tenía el aspecto de estar exhausto.

—Menudo calor —dijo, como si se hubiera dado cuenta de repente de que estaba transpirando.

Salió del coche y lo rodeó para abrirle la puerta a Carrie justo en el momento en el que otro vehículo pasó junto a ellos. Iba demasiado deprisa y levantó una nube de polvo.

—¡Frena! —gritó Carrie al vehículo errante justo cuando este clavó los frenos con un chirrido.

Aunque el conductor seguramente no la había oído, le sentó bien poder expulsar un poco de la rabia acumulada.

Pero, a la vez, al decir aquello la invadió una sensación de pánico e inquietud.

Sus piernas casi no podían sostener su peso y se apoyó en lo primero que encontró: Kris.

Lo rodeó con los brazos y se agarró a él como si le fuera la vida en ello.

Kris respondió con un abrazo, sujetándola con fuerza.

Se quedaron en aquella posición un rato, y a pesar de la intensidad del sol de la tarde, ignorando que el otro conductor se les estaba acercando.

Por el rabillo del ojo, Carrie vio que el hombre se detenía, en vez de pasar de largo.

Algo molesta, se movió para apartarse de la mirada intensa del desconocido, usando el cuerpo de Kris como escudo humano.

Finalmente, Kris la soltó.

—Vamos dentro, donde no haga tanto calor —dijo.

Carrie no quería soltarlo. Lo necesitaba.

Necesitaba su fuerza y su apoyo, su presencia tranquilizadora, que domaba su pánico, su desesperación y su imaginación desenfrenada.

Ya se había separado de él una vez tantos años atrás, una decisión que, ahora, encontraba incomprensible.

¿Y por qué? Para encajar con sus amigas, por miedo a que la dejaran atrás.

¿Quizá también por miedo a descubrir que Kris no iba en serio?

Fuera por el motivo que fuera, ahora mismo le parecía que se había equivocado en todos los aspectos.

Kris la cogió de la mano, entrelazando sus dedos con los de ella.

Había pasado mucho tiempo desde que Carrie había experimentado intimidad física de una forma tan relajada, pero le parecía el más natural y necesario de los gestos.

Se acercó más a él cuando empezaron a avanzar hacia el hotel, y a la vez se percató de que el hombre seguía allí.

Una sensación parecida a una descarga eléctrica le recorrió el cuerpo al reconocerlo, pero no quería creerlo. No podía ser, sus ojos la engañaban, el estrés le provocaba alucinaciones. Lo miró fijamente y entrecerró los ojos para intentar deducir si lo que veía era real.

Y así era.

Esta vez, la impresión fue demasiado para Carrie. Las piernas le fallaron y cayó desmayada al suelo.