La joven de Santorini Capítulo 20 Carrie
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Capítulo 20 Carrie

Carrie

A l día siguiente, Carne recibió un mensaje de Kris, que le agradecía la agradable velada, pero también le contaba que había una crisis en el hotel con una tubería atascada y no sé qué de la electricidad, así que no podía enseñarle las habitaciones por la mañana como habían planeado.

¿Le importaba posponerlo? Y, por supuesto, tanto ella como Nell estaban invitadas a usar la piscina, si así lo querían.

Como era de esperar, aquello hizo que Carrie se adentrara en una espiral de dudas.

¿Kris se arrepentía de la noche anterior?

Pero evitar a alguien cuando te estabas replanteando las cosas sería un comportamiento propio de adolescentes, ¿no?

Carrie había quedado para tomar un brunch con Xanthe a primera hora en el pueblo, quizá le podía pedir su opinión, si era lo bastante valiente para abordar el tema.

Mientras reflexionaba sobre el asunto, Nell entró en la cocina.

—Amy me ha escrito. Pregunta si puedo ir a verla.

Carrie se lo pensó un momento.

—¿Cuándo? —le preguntó—. Yo he quedado con Xanthe en un rato, así que no puedo llevarte a Oia.

—En plan, ahora mismo —respondió Nell con un tono un poco borde que indicaba que para ella era muy importante.

—Vale —dijo Carrie—. ¿Sabrías llegar tú sola en bus?

—Sí, no hay problema —asintió Nell, cuyo nerviosismo disminuyó de inmediato al recibir una respuesta positiva a su plan por parte de su madre.

—¡Genial! Es muy fácil llegar hasta la estación de autobuses, ¿no? —Añadió Carrie, más para tranquilizarse a sí misma que a Nell—. Los conductores anuncian el destino de cada autobús, lo único que tienes que hacer es montarte y luego bajarte en la parada que hay justo enfrente del hotel de Kris.

—Mamá —contestó Nell poniendo los ojos en blanco—. No soy tan incompetente, sé montarme en un bus yo sola.

El énfasis en la palabra «bus» parecía indicar que otros medios de transporte, como un cohete espacial, un submarino o un portaaviones sí serían más complicados, pero que un vehículo terrestre con ruedas estaba dentro de sus capacidades.

—Vale, lo siento. Las madres siempre nos preocupamos, ya lo sabes.

Forma parte de nuestro ADN . —Carrie le dio a Nell otro vaso del zumo de naranja y mango que tanto le gustaba, intranquila por si se hidrataba lo suficiente con aquel calor—.

Recuerda beber mucha agua y usar crema solar, no te olvides de volver a ponerte un poco cuando salgas de la piscina.

—Sí, claro.

Los pulgares de Nell se desplazaban a toda velocidad por la pantalla del móvil, seguramente para confirmar sus planes con Amy.

—¿Qué vais a hacer durante todo el día, además de nadar? —inquirió Carrie con la esperanza de que Nell no pensara que se inmiscuía demasiado. Era difícil saber qué podía causar resentimiento a una adolescente.

Nell solo se encogió de brazos.

—Nada, cosas. Y también —añadió con un repentino tono animado—, después de lo que nos contó aquella señora mayor, hemos decidido que vamos a averiguar más cosas sobre Vassia y Andreas.

Carrie observó a su hija con el ceño fruncido de perplejidad.

—¿Y cómo pensáis hacerlo?

—Pues en internet y tal —respondió Nell alegremente—.

Literal que me encanta la historia. Y a Amy también.

Y todo esto tiene que ver con la familia de Kris y con la nuestra, y nada es más importante que la familia, ¿verdad?

—Volvió a mirar la pantalla del móvil—. En fin, le he dicho a Amy que llegaría pronto, tendría que ir tirando.

Era obvio que aquellas prisas no tenían un motivo de ser, pero Carrie se contuvo heroicamente y no hizo ningún comentario, sino que dijo:

—De acuerdo. Claro que puedes ir. Espero que paséis un día maravilloso juntas. —Le dio algunos billetes—. No te olvides de pagar por todo lo que consumas en la barra de la piscina —añadió—. No quiero que Kris piense que nos aprovechamos de su generosidad.

Sin apartar los ojos del teléfono, Nell cogió el dinero y se lo metió en el bolsillo de sus shorts .

—¡No lo pierdas! —gimió Carrie—. ¿Crees que es un lugar lo bastante seguro para guardarlo? Se te va a caer. ¿No tienes un monedero o un bolso?

En silencio, Nell se sacó los billetes del bolsillo y se los metió debajo de la parte de arriba del bikini, que llevaba por debajo de una camiseta, y todo esto sin apenas dejar de teclear. Carrie no pudo evitar reírse.

—Vale, vale, ya te dejo en paz —cedió—. Una última palabra, o palabras: ve con cuidado y pórtate bien. Te quiero.

Tras implorarle a su hija un mensaje de confirmación cuando llegase, Carrie se despidió de Nell y salió de casa para su encuentro con Xanthe.

Mientras bajaba al café por los callejones empedrados, reflexionó sobre la afirmación de Nell de que la familia estaba por encima de todo.

Era cierto, pero, que ella supiera, su hija nunca antes había expresado aquel sentimiento.

¿Significaba que Nell estaba creciendo, madurando? Sería un gran alivio…

Cuando Carrie llegó a la cafetería en el pueblo había cambiado de opinión, no iba a contarle a Xanthe lo que había pasado con Kris.

Su amiga era maravillosa, pero a veces actuaba de manera desmesurada.

Carrie temía que, a la mínima insinuación de romance, Xanthe se pondría a planificar una boda doble con ella y Spencer.

Seguramente no entendería las dudas de Carrie respecto a Kris, su miedo a que él se hubiera arrepentido de haber dado el primer paso la noche anterior.

Al reflexionar un poco más, Carrie llegó a la conclusión de que seguramente sus propios temores eran infundados.

Mientras esperaba a su amiga, Carrie pidió un café y abrió su libreta para leer sus escasas anotaciones de todo lo que había descubierto hasta entonces sobre Sol.

Examinó una vez más la imagen que había tomado del anillo, que se había quedado en casa de su madre.

Era el tipo de joya que solo se regala a alguien a quien quieres mucho, escogida con sumo cuidado y cara, casi un tesoro.

La inscripción solo lo enfatizaba todavía más.

Carrie tuvo la idea de preguntarle a Xanthe qué significaban las palabras, aunque sabía que ella no sabría responder a la pregunta de por qué Sol no lo había entregado a su destinataria. Estaba en manos de Carrie descubrirlo.

Mientras cavilaba sobre aquella cuestión, Xanthe llegó con un torbellino de disculpas por su retraso, complejas explicaciones sobre su trabajo que Carrie no comprendía del todo, y sugerencias sobre lo que podían comer.

Al cabo de unos minutos, la mesa estaba llena de platos: yogur con miel local, koulourakia , pan de olivas y strapatsada , huevos revueltos preparados con queso feta y tomates.

Carrie comió vorazmente y se estaba llevando una cucharada del delicioso plato de huevos cuando Xanthe, con su habitual falta de pelos en la lengua, comenzó el interrogatorio.

—¿Y bien? —dijo con toda la intención del mundo—. ¿Qué hay del buenorro de Kris?

—¿A qué te refieres? —contestó Carrie, fingiendo una inocencia que sabía que no frenaría a Xanthe ni por equivocación.

—No te hagas la loca —le recriminó—. Eres transparente, te leo las intenciones como un libro abierto. Te gusta, ¿no? Y es obvio que a él tú también le gustas. Así que, sinceramente, no veo dónde está el problema.

Carrie suspiró. Ojalá fuera así de simple.

—Supongo que no hay ningún problema —dijo con cautela—. Pero bueno, ya sabes, yo no estoy libre del todo. Tengo que pensar en Nell y…

—Y nada —interrumpió Xanthe—. Ya has sacrificado bastante por Nell; tus estudios, para empezar, y tu vida amorosa durante los últimos dieciséis años.

Sé que no te arrepientes, y tampoco deberías, pero tanto tú como ella sois lo bastante mayorcitas para que puedas satisfacer tus propios deseos de una vez.

Dicho aquello, sonrió satisfecha y se metió un trozo de pan en la boca. Al terminar de masticar, añadió:

—Y dime, ¿ha pasado algo entre vosotros? Apostaría algo a que ya te ha besado.

Por mucho que quisiera, Carrie no consiguió evitar que una sonrisa se le dibujara en el rostro.

—Pues, confieso que… sí.

—¿Y? —exigió Xanthe.

—Fue fantástico —contestó Carrie, sin dejar de sonreír.

Xanthe tiró su servilleta encima de la mesa.

—¡No hay más preguntas, señoría! Sabía que volveríais a estar juntos. Está escrito en las estrellas. —Suspiró dramáticamente y puso los ojos en blanco—. Ahora que ya hemos resuelto este asunto, cuéntame qué hay de nuevo con el misterio de Sol.

Lamentablemente, todavía no había mucho que contar. Carrie resumió los pocos detalles que había averiguado, y luego sacó el móvil para enseñarle a Xanthe las imágenes del anillo y la inscripción que había copiado en un papel. Esperaba que su intento de transcribir el griego no fuera muy desastroso.

—Vale —dijo Xanthe mientras examinaba las fotos con atención, y añadió—: tu letra en griego no está nada mal, por cierto.

Al cabo de unos segundos dedicó una mirada triunfante a Carrie y exclamó:

—Las palabras son «fe», «esperanza» y «amor». Qué bonito, ¿no? Tiene un rollo así en plan «come, reza, ama», pero con más peso, más dignidad. Sol debía de querer de verdad a la destinataria de este anillo, fuera quien fuera.

Carrie anotó rápidamente la traducción en su hoja de papel.

—Eso parece —respondió. Tomó un sorbo de su taza de café y se quedó mirando las palabras, pensativa—.

Estoy tan segura de que Sol lo compró para Vassia, la chica del retrato…

Pero lo que no entiendo es por qué se tomó tantas molestias y luego no se lo dio.

Me muero de ganas de descubrir qué pasó entre ellos, cómo surgió su relación, qué los unió y qué los separó.

Xanthe asintió con aire pensativo.

—Ojalá los muertos pudieran hablar, ¿eh?

—Debo resolver este misterio —dijo Carrie, frunciendo el ceño—. Por Sol, y por mi madre, y también por la familia de Kris.

Y, por supuesto, por su libro, para poder escribirlo y publicarlo y resolver todos los problemas que la esperaban a su regreso a Wiltshire.