La joven de Santorini Capítulo 12 Carrie #3
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Capítulo 12 Carrie #3

Perdida en sus ensoñaciones, Carrie bajó a paso ligero el camino empinado por el que había subido, de vuelta a la orilla del agua.

Llegó justo cuando el barco turístico se preparaba para zarpar.

Cuando ella y Nell llegaron a Pyrgos ya era media tarde, el sol seguía alto en el cielo y pegando fuerte.

Mientras subía arduamente por la fuerte pendiente, Carrie divisó una silueta que se entretenía junto a la verja que daba acceso a la propiedad.

Supuso que se trataba de un turista que estaría sacando fotos del pintoresco paisaje.

No fue hasta que estaban llegando a la puerta que se dio cuenta de quién era.

Kris.

Le dio un vuelco el corazón.

—Ve tirando —le dijo a Nell apresuradamente—. Pon agua a hervir para hacer el té. Entro enseguida.

Todo había acabado de una forma tan abrupta el día antes que quería quitarse a Nell de en medio antes de hablar con Kris.

Alentó a Nell para que obedeciera y no empezara a hablar de arañas y, curiosamente, aquella vez sus plegarias fueron escuchadas.

Nell entró en la casa y se esfumó sin protestar, dejando a Carrie sola para enfrentarse a Kris.

—Carrie —dijo él. Parecía tranquilo y compuesto, pero había una nota de nerviosismo en su voz—. Espero que no te moleste que me haya presentado aquí. Quería disculparme por mi comportamiento extraño de ayer.

Aturdida, Carrie se pasó una mano por el pelo, que estaba despeinado y lleno de sal. «Debo parecer un espantapájaros», pensó distraída.

—Oh, no, no te preocupes, no pasa nada —respondió con aire despreocupado, moviendo mucho los brazos como si aquello espantara la incomodidad de la situación.

—No, sí pasa —continuó Kris—. Me comporté como un maleducado. Supongo que te preguntaste cuál era mi problema.

Carrie desistió en su intento de ser diplomática.

—Me dejaste desconcertada —reconoció—. No conseguía entender qué acababa de pasar.

—¿Podemos sentarnos? —le preguntó Kris—. Tengo que enseñarte algo.

—Claro —dijo ella.

Lo condujo hacia la casita y subieron por las escaleras hasta el balcón.

Mentalmente, intentó visualizar su habitación y acordarse de si había dejado las bragas tiradas por el suelo.

Por suerte, al entrar vio que todo estaba bastante ordenado.

Lo guio hasta las puertas del balcón, las abrió y le hizo un gesto para que se sentara.

En cuanto ella hubo tomado asiento, Kris se sacó una caja de cerillas bastante grande del bolsillo.

Desde el piso de abajo, Nell gritó algo sobre las bolsitas de té, pero Carrie la ignoró.

Solo podía centrarse en Kris, que abrió la caja lentamente.

Carrie se dio cuenta de que Nell había entrado al balcón y todavía decía no sé qué del té, pero la chica se calló de golpe cuando vio que Kris sacaba un collar de la caja.

Originalmente, debía de haber sido de plata u otro metal, pero estaba deslustrado por el paso del tiempo.

Entrecerrando los ojos, Carrie observó cómo Kris revelaba el colgante que pendía de la cadena.

Seguía sin deducir qué era cuando, de repente, Nell soltó un grito ahogado de asombro.

—¡Es el mismo! —exclamó, emocionada—. ¡Es el que lleva la mujer guapa del cuaderno! Mira, mamá, es el mismo barco.

La revelación sacudió a Carrie como si la hubieran pegado con un martillo. Nell tenía razón: era el mismo colgante del dibujo.

—¿P-pero cómo…? —Era incapaz de terminar la frase—. ¿De dónde lo has sacado? ¿Qué diablos…?

Se quedó sin palabras de pura incredulidad. El día antes, Kris se había quedado estupefacto, ahora era el tumo de Carrie. Kris le dedicó una sonrisa cortés.

—No es que crea que es el mismo, lo sé con seguridad —respondió—. La mujer que retrató Sol es mi abuela, Vassia Kourakis. No hay duda de que es ella. Por eso me sentí superado y me comporté tan mal. Murió hace un par de años y todavía siento profundamente su pérdida. Una vez más, te pido disculpas.

Hizo una pequeña pausa para recomponerse antes de continuar:

—Cuando murió, encontré esto entre algunas de sus posesiones más preciadas. Dejó escrito en su testamento que nunca debíamos deshacernos de ellas. Pero no tenemos ni idea de dónde sacó el colgante o cómo lo obtuvo.

Carrie no podía dejar de mirar el viejo y maltrecho collar.

Era un vínculo tangible con Sol, incluso más real y palpable que el cuaderno.

Se imaginaba que Sol lo había hecho con una moneda de medio penique que debía tener en algún bolsillo y se lo había regalado a Vassia.

¿De qué otra forma podría haber conseguido ella dinero británico en plena guerra?

—¿Pero cómo se conocieron Sol y Vassia? —murmuró Carrie, más para sí misma que a Kris—.

Los hombres del SBS estuvieron estacionados en la isla un período muy breve, según los registros históricos que he leído.

No entiendo cómo logró Sol conocer tan bien a tu abuela como para hacerle un colgante y dibujarla con tanto amor.

Kris sacudió la cabeza.

—No lo sé.

Frunció el ceño en un gesto de concentración mientras guardaba el collar en la caja. Su mirada encontró la de Carrie.

—No lo sé —repitió—, pero me parece que deberíamos averiguarlo, ¿no crees?

—¡Por supuesto! —asintió Carrie sin dudar—. ¿Pero por dónde empezar? Hace muchísimo tiempo y casi toda la gente que vivió aquella época está muerta.

—Tengo una idea —contestó Kris—, pero es algo arriesgada. ¿A ti y a Nell os apetece dar una vuelta en coche?