La joven de Santorini Capítulo 2 Carrie #2
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Capítulo 2 Carrie #2

Lo había dicho medio en broma, medio en serio.

No quería pensar en la mortalidad de sus padres por segunda vez en el mismo día.

No sabía cómo saldría adelante sin ellos.

Siempre la habían apoyado y, cuando nació Nell, habían estado a su disposición para echarle una mano, aunque Carrie conocía la mala opinión de Harriet sobre las madres solteras.

Valoraba inmensamente el gesto que había hecho su madre al dejar a un lado su firme creencia en el matrimonio y la familia nuclear para ayudar a su propia hija cuando más lo necesitaba.

Debió haber sido especialmente difícil para ella no interrogar a Carrie sobre los motivos por los cuales ella y Jack se habían separado.

Pero Harriet se había abstenido, consciente de que era algo entre Carrie y Jack, algo por lo que Carrie se sentía agradecida.

Tenía muchas razones para no revelar a nadie lo que había pasado entre ella y Jack.

Ni podía ni quería contarlo. Incluso ahora, después de tanto tiempo, la idea de que alguien lo descubriera, especialmente si ese alguien eran sus padres, le provocaba un malestar físico.

Aparcó estos pensamientos desagradables junto a su resolución de no obcecarse por el inminente desastre de la hipoteca durante todo el fin de semana y se concentró en el garaje.

Como tantos edificios similares de la zona, se usaba para guardar de todo excepto coches.

Tuvo que mover y recolocar muchas cajas, muebles rotos, lámparas estropeadas y otros objetos varios para llegar al fondo, donde estaban las posesiones de Sol.

Había por lo menos media docena de cajas de cartón grandes, apiladas una sobre la otra de cualquier manera, y parecían demasiado pesadas y difíciles de manejar para que Carrie pudiera ocuparse de ellas sola.

Se planteó dejarlo para otro día, pero inmediatamente se dijo a sí misma que no fuera ridícula. No se podía rendir tan fácilmente.

Se preparó para coger bien una de las cajas y consiguió bajarla al espacio que había hecho en el suelo, un gesto que requirió un gran esfuerzo y algo de fuerza de voluntad.

Con la cara enrojecida y sudando, Carrie la abrió y cuidadosamente apartó una capa de papel de periódico arrugado para revelar el contenido que se ocultaba en su interior.

Descubrió que en aquella caja solo había una vajilla y cubiertos, nada de particular interés.

Con las dos siguientes no tuvo mucho más éxito, pues se trataba de objetos de decoración y otros cacharros, algunos utensilios de cocina y floreros.

No fue hasta la cuarta caja que encontró algo más intrigante.

Un manual de ilusionismo. ¿Era así como Sol había aprendido los trucos de magia que tanto habían entretenido a Carrie y a Jenny de pequeñas?

Quizá era por la soledad del garaje o por la nostalgia que le provocaba rememorar el pasado, pero pensar en su hermana le dolía como si le hubieran perforado el corazón con una flecha.

Antes le había quitado importancia a los recuerdos, se había negado a interactuar con la imagen de ella y Jenny riéndose con su tío abuelo adorado.

Un año habían ahorrado toda la paga que les daban sus padres y habían comprado un dedo cortado y un cojín de pedos de la tienda de artículos de broma para usarlos con Sol.

Se habían muerto de risa cuando él fingió una gran vergüenza al sentarse sobre el cojín e hizo como que llamaba a una ambulancia cuando Jenny le mostró su mano supuestamente mutilada.

Carrie deseaba que su relación con Jenny no se hubiera estropeado tanto como con Jack.

Le hubiera encantado poder intercambiar consejos sobre la maternidad con su hermana, que tenía dos hijas un poco menores que Nell.

Para esta hubiera sido increíble poder crecer al lado de sus primas y formar un vínculo con ellas.

Ese era otro de los reclamos habituales de Nell: no solo su madre no le había dado hermanos, sino que encima la privaba del contacto con sus primas.

Carrie sintió un revés agónico en sus entrañas.

Era todo tan injusto y tan absurdo porque no era su culpa.

Carrie no era responsable del distanciamiento con el padre y con la tía de Nell, pero nunca podría explicarle el por qué, pues la verdad nunca podía salir a la luz.

Con los brazos hundidos en el fondo de la caja, Carrie hizo una breve pausa.

Sentía por todo su cuerpo el devastador peso de la decepción y del fracaso.

Estaba hecha mierda y el tiempo no había curado las heridas para nada.

Había amado a Jack con tanta intensidad que le había abrasado el alma.

Creía que él sentía lo mismo, pero entonces llegó aquella horrible traición, el momento en el que el mundo de Carrie colapso con un estruendo ensordecedor, en el que la magnitud de su desesperación parecía infinita e inmensurable.

Sus sentimientos seguían siendo tan intensos como en aquella época.

Y fue entonces cuando descubrió que estaba embarazada.

Un virus estomacal había neutralizado el efecto de las pastillas, lo cual permitió la concepción no intencionada de Nell.

En el preciso instante en el que supo de la existencia del bebé, juró que lo amaría más que a nada en el mundo.

Aunque tuviera que hacerlo sola. Recobró la compostura y se obligó a seguir adelante por el bien de la criatura.

Por Nell.