Capítulo 1 Carrie #3
Cogió su móvil, abrió el WhatsApp, encontró el número de Xanthe y apretó el botón de llamar. El teléfono sonaba y sonaba, pero sin respuesta. En vez de desanimarse, Carrie le escribió el siguiente mensaje:
Hola, Xanthe. Acabo de recibir tu postal, ¡me alegro de tener noticias tuyas! Hace demasiado que no sé nada de ti, dame un toque cuando tengas tiempo y me pones al día de todas tus novedades. Un beso.
Una vez enviado el mensaje, Carrie volvió a concentrarse en su idea para el libro.
Recuperó la imagen de la joven griega que había conjurado antes, vestida con una simple túnica blanca y con una olla de piedra llena de agua en las manos, que llevaba a casa para ayudar a su madre a preparar la comida.
El sonido del teléfono interrumpió abruptamente sus pensamientos.
Al ver el número que aparecía en pantalla, se le encogió el corazón.
No era el de Xanthe, sino el de la escuela de Nell.
Con un gesto vacilante, aceptó la llamada.
Era el Sr. Donovan, el director, un hombre a quien Carrie siempre había considerado demasiado joven para ocupar un cargo de autoridad como aquel, y de quien Nell no sentía ningún tipo de miedo, lo cual era una pena, porque solía significar que los castigos que acompañaban a cada travesura le resbalaban como el agua por las plumas de un pato.
—¿Sra. Corduner? —La voz del Sr. Donovan sonaba aburrida, como si aquella llamada fuera lo último que le gustaría estar haciendo—. Se trata de Nell —prosiguió—. No se preocupe, se encuentra bien, pero ¿tiene un momento para hablar?
Carrie sintió una sacudida en el estómago. Como suponía, había algún problema. No era el momento adecuado de recordarle al Sr. Donovan que no era una «señora».
—Sí, claro.
El director procedió a informarla de que habían pillado a Nell y algunas de sus amigas vapeando detrás del edificio de bachillerato y que fumar, tanto si era con cigarrillos tradicionales como electrónicos, estaba estrictamente prohibido en los espacios escolares.
Por lo tanto, Nell quedaba expulsada por lo que quedaba de hoy y mañana, y Carrie debía ir a recogerla de inmediato.
—Lo siento —consiguió pronunciar Carrie mientras su cabeza daba vueltas a las consecuencias que tendría el comportamiento de su hija descarriada.
A esta última infracción la precedían una borrachera en el parque de Priory Gardens unos meses atrás y, más recientemente, la ingesta de té de setas mágicas que le había provocado a Nell una abundante vomitona y un colocón escalofriante.
Sintiéndose centenaria, Carrie se levantó de su asiento con gesto pesado, cogió las llaves del coche y su abrigo y salió corriendo por la puerta, hacia la lluvia incesante.
Por suerte, hoy no le tocaba trabajar; si no, no podría haber ido a buscar a su hija.
Consiguió arrancar el motor de su viejo Volkswagen Polo y se dirigió hacia Marlborough.
¿Por qué se había vuelto Nell tan obstinada y desobediente?
Estaba claro que sobrepasar los límites formaba parte de la vida de una adolescente, ¿pero era necesario que Nell siguiera las directrices tan al pie de la letra?
Carrie nunca se había comportado así a esa edad, ni siquiera se le hubiera ocurrido.
Y la enfermedad del corazón de la chica hacía que las sustancias ilegales fueran todavía más peligrosas para ella que para los demás.
A menudo, Carrie se tiraba del pelo en su desesperación y echaba las culpas a los amigos indeseables de Nell, a quienes consideraba una mala influencia.
Pero sabía lo que pensaban los demás: que las fechorías de Nell se debían a que Carrie era madre soltera y a la falta de una figura paterna que impusiera autoridad y disciplina constantemente.
Carrie siempre había criticado la imagen estereotipada de las madres solteras, pues la consideraba una de las muchas formas en las que la sociedad vilipendiaba a la gente como ella. Como siempre se había insistido a sí misma, lo podía hacer igual de bien que una pareja tradicional, e incluso mejor.
Pero, ¿y si no era cierto? ¿Y si realmente era su culpa?
Y entonces la asaltó una sensación de abatimiento todavía mayor.
Si la ausencia del padre era el problema, no había mucho que Carrie pudiera hacer.
Tenía un buen motivo para apenas tener relación con Jack y era imposible pedirle ayuda.
Nell, que adoraba a su padre y estaba en contacto permanente con él por teléfono y por internet, recientemente había empezado a exigir saber el motivo por el cual sus padres se habían separado antes de que ella naciera.
Quizá esto tenía alguna relación con su mal comportamiento actual. No era una conclusión descabellada.
Carrie frenó en seco y volvió en sí cuando el coche de enfrente hizo un giro repentino hacia la izquierda sin poner el intermitente.
La conducta de Nell no se podía excusar, y punto.
Y, en cuanto a sus exigencias sobre la relación de sus padres, no procedía.
Por mucho que Carrie odiase no poder darle una respuesta concreta a su hija, no pensaba contarle la verdad.
Ni ahora ni nunca.