La joven de Santorini Capítulo 1 Carrie #2
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Capítulo 1 Carrie #2

En Santorini habían estado hasta bien entrada la noche en las playas de arena oscura, tomando vino tinto y escuchando a alguien que cantaba Redemption Song y Viva la vida al ritmo de la guitarra, charlando y riéndose sin preocuparse por nada.

Carrie había conocido a un chico griego llamado Kyriakos, que venía de un pueblo cercano al de Xanthe.

Era escandalosamente guapo, su piel bronceada desprendía una irresistible aura.

Por supuesto, Carrie había sucumbido a su atractivo sin oponer resistencia, pero, al cabo de cinco días, sus amigas habían querido continuar el viaje.

Siendo demasiado joven e inmadura para comprender si aquello con Kyriakos era amor verdadero o solo un romance de verano que no podía durar, el miedo a quedarse sola hizo que Carrie las siguiera, dejando atrás al chico.

Y eso había sido todo.

Había sido demasiado breve para mantener el contacto y, de todos modos, Carrie tenía que volver a la universidad y, al empezar su segundo año, conoció a Jack…

Los recuerdos frenaron en seco. Carrie pensó, y no por primera vez, que tal vez se debería haber quedado en Santorini con Kyriakos. Tal vez las cosas habrían ido mejor. Difícilmente podrían ser peores. Para empezar, no se estaría enfrentando a un desahucio inminente.

Borró ese pensamiento de su cabeza al instante.

Si se hubiera quedado en Santorini, no habría tenido a Nell y no había nada negativo sobre este aspecto en particular de la vida de Carrie.

Nell era lo más maravilloso que le había sucedido y le sucedería jamás.

Pero estaba claro que ser madre soltera no era fácil.

Y las dificultades en los primeros años de vida de Nell habían sumergido a Carrie de cabeza en el mundo adulto, con sus responsabilidades, sus miedos y las incesantes búsquedas para averiguar qué es el defecto septal atrioventricular, cómo se trata y, lo más horripilante de todo, su tasa de supervivencia, mucho antes de estar preparada para ello.

No lo entendió del todo hasta que su madre, Harriet, definió la enfermedad de Nell en términos llanos como «un agujero en el corazón».

El corazón de Nell, el órgano que representa la vida, era defectuoso, no funcionaba bien, no estaba completo.

Carrie sintió que se le hacía un nudo en su propio corazón al recordar cómo una pediatra de voz suave le había dado la noticia cuando nació Nell, el pánico que se apoderó de ella, el amor desesperado y protector que se extendió por todo su ser, como si el poder de su mera existencia bastara para que Nell mejorase.

También se dio cuenta de que, además de no haber traído a Nell a este mundo, si se hubiera quedado en Santorini, ¿habría escrito su primer libro infantil?

Seguramente no. Había empezado a escribir durante la noche, cuando no podía salir, como hacían sus amigas veinteañeras, porque debía cuidar de un bebé, y encima uno con una enfermedad cardiovascular.

Convertirse en autora había sido un maravilloso efecto secundario de la maternidad y durante algunos años había ganado suficiente dinero para ir tirando de forma austera.

Pero no se había hecho rica de la noche a la mañana como una J.

K. Rowling cualquiera; hacía tiempo que Carrie no conseguía publicar un superventas o ventas de algún tipo, por lo que estaba segura de que su editora había tirado la toalla con ella.

Había abandonado los estudios durante el embarazo, así que no tenía ningún título ni destrezas que ofrecer.

Lo único que se le daba bien era escribir, pero ahora ni siquiera sabía hacer eso, a juzgar por el estado de las liquidaciones de sus obras.

Con tristeza, Carrie volvió a coger la postal y la estudió a fondo.

En letra diminuta, Xanthe había conseguido añadir unas últimas palabras: «Volveré en verano, ¿te apuntas?

». La idea aceleró el pulso de Carrie. Sería maravilloso, pero la descartó sin darle una oportunidad.

No podía permitirse un viaje a Santorini cuando necesitaba hasta el último penique en casa.

Jugueteó con la postal entre sus dedos unos momentos, dándole la vuelta una y otra vez, hasta que se levantó de golpe, la dejó en el alféizar y se puso a recoger los platos del desayuno con determinación.

La cocina era tan antigua que no tenía lavavajillas, así que lo primero que debía hacer era dejarlos limpios.

Carrie hundió las manos cubiertas por los guantes de látex en el agua espumosa y cálida gracias a lo que había sobrado en el hervidor eléctrico.

Sin darse cuenta, sus pensamientos regresaron a la invitación de Xanthe y a la referencia a las leyendas de la isla de Santorini.

Aunque sabía que no era lo más sensato, pero impulsada por la sensación de que no le quedaba otra, al terminar los quehaceres Carrie abrió su viejo y maltrecho portátil, lo encendió y puso las siguientes palabras en el buscador de Google: «Santorini Atlántida ciudad hundida».

Los resultados le devolvieron una plétora de páginas con títulos emocionantes e intrigantes como «Santorini y el mito de la ciudad hundida de la Atlántida» y «Santorini y la leyenda de la Atlántida».

A Carrie le sonaba la historia de un reino antiguo, poderoso y avanzado, que el océano había engullido en un día y una noche miles de años atrás, pero era todo lo que sabía.

Clicando de enlace en enlace, descubrió que la teoría de que Santorini podría tratarse de la desdichada Atlántida estaba relacionada con un cataclismo que había tenido lugar 3500 años atrás con la erupción del enorme volcán que corona la isla, entonces llamada Thera.

El colapso había aniquilado la población minoica de Acrotiri y había separado la masa continental en cuatro partes.

El cráter resultante se convirtió en el punto más profundo del Mediterráneo.

En su cabeza, Carrie ya había empezado a darle vueltas y había creado a una protagonista femenina, una joven de aquellos tiempos antiguos cuya misión era salvar su hogar y su isla de la destrucción para preservar su riqueza y su conocimiento.

Si Carrie conseguía darle forma, escribir un nuevo libro podría ayudarla a ganar el dinero que necesitaba para pagar la hipoteca.

Quizá esto era la respuesta.

Mientras se sentaba para tomar nota de todas las ideas que se le ocurrían, tuvo un impulso repentino de contactar con Xanthe.

No recordaba cuándo habían hablado por última vez, debía de haber pasado por lo menos un año.

El tiempo volaba y la vida de Carrie era tan implacablemente aburrida y mundana que tampoco tenía gran cosa de qué hablar.

Por supuesto, no era un motivo para no comunicarse con sus amigas y descubrir qué pasaba en sus vidas, seguro que más excitantes, y aun así no las contactaba.

Se acabó.