Capítulo 38
Alice
Llamo a la puerta principal de la casa. Nadie responde.
Espero un momento antes de llamar con más fuerza.
Al asomarme por los grandes ventanales de la fachada, no veo muchos indicios de que alguien viva en esta vieja casa.
Está bastante descuidada. Una de las ventanas tiene incluso tablones de madera, completando ese aspecto de «aquí no vive nadie».
Cuando miro hacia el interior, junto al sofá, distingo una taza de café y un libro con un hombre semidesnudo en la portada. Parece muy fuera de lugar en una casa donde no hay nadie.
Alguien tiene que estar aquí. La única pregunta es qué haré si ese alguien aparece.
—Hola, absoluto desconocido, pero sé que alguien llamado Nicole Barrett vivió aquí en su momento... hace años.
Parece una frase de apertura ganadora para saludar a alguien a media tarde.
Miro el móvil. No he hecho ni una sola venta hoy ni me he puesto en contacto con nadie para intentarlo. Si mi nuevo jefe pudiera verme ahora, ¿qué pensaría?
Siento la tentación de marcharme. Subirme al coche e irme. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene estar aquí?
Llamo una última vez, rezando para que quienquiera que esté leyendo ese libro de aspecto erótico esté en casa para hablar conmigo.
No viene nadie.
Un sonido cercano me sobresalta. Ha sonado casi como un golpe contra una lata. Al girar la cabeza, veo el tristemente célebre cobertizo azul. El mismo ante el que Nicole estaba de pie hace tantos años.
El cobertizo está todavía más ruinoso que la casa.
Una de las puertas del cobertizo está entreabierta. Una pequeña gallina con motas blancas en las plumas sale corriendo. Casi me río ante lo absurdo de la situación.
Había pedido una señal de vida, pero esperaba una con la que pudiera mantener una conversación.
Camino hacia el cobertizo, aminorando el paso al acercarme. Miro por las ventanas, pero no alcanzo a ver nada en el interior. No hay luces encendidas. No hay movimiento. Solo una gallina. Una que, además, se ha escapado. Observo el campo y veo a la gallina corriendo, dándose a la fuga.
—¿Hola? —grito mientras me acerco a las puertas del cobertizo—.
¿Hay alguien ahí? —Me quedo fuera y vuelvo a llamar, pero nadie responde—.
Me llamo Alice. Soy comercial. —Por un momento creo oír el crujido de un movimiento en el interior—.
Me preguntaba si están contentos con su abono.
¿Satisface su proveedor actual todas sus necesidades?
Pongo los ojos en blanco ante mi propio y terrible discurso de ventas. Por suerte, no me oye nadie, ya que ahora estoy segura de que el cobertizo está vacío.
Por curiosidad, empujo la puerta despacio. Chirría hasta que queda abierta de par en par. Asomo la cabeza y, al igual que antes, no veo a nadie dentro. Sin embargo, veo un gallinero a un lado del cobertizo.
—¿Hola? —llamo. Entro. Veo a alguien moviéndose al otro lado del cobertizo. Me da la espalda—. Perdona si te he asustado —digo con una sonrisa—. Me preguntaba si...
—¡Déjame en paz! —Se gira y veo que es Nicole. Está viva. De pie frente a mí, con una expresión de pura maldad grabada en su perverso rostro. Tiene un machete en la mano.
Lanza un grito mientras corre hacia mí. Por el pánico y la confusión, me quedo mirando cómo mi antigua jefa esprinta hacia mí, con el machete hacia atrás, lista para asestar un golpe.
Grito y corro tras un poste de madera. Nicole descarga el machete, clavándolo con tanta fuerza en la gruesa columna que le cuesta sacarlo. Sin embargo, lo consigue y vuelve a armar el brazo.
—¡Nicole! ¡Para! —grito. Corro hacia la puerta del cobertizo.
Ella está justo detrás de mí y siento el aire de su mandoble.
El machete me rasga la espalda, atravesando mi camisa y mi piel.
Grito de dolor mientras caigo al suelo de tierra.
Me arrastro hacia la salida, intentando escapar, pero Nicole se planta frente a mí.
—¿Cómo demonios me has encontrado? —exige saber—. ¿Quién más lo sabe?
Miro a Nicole desde el suelo. Me acecha, sosteniendo el machete frente a su cara con ambas manos apretando con firmeza la empuñadura.
—Un investigador privado —miento—. Él lo sabe.
Fue a casa de Tommy a hablar conmigo. —Pienso en la sangre del lavabo de LBS.
Pienso en mi amiga desaparecida—. ¡Sabemos que mataste a Leigh!
La mataste en la oficina. —A medida que voy uniendo los cabos rápidamente y en voz alta, a Nicole se le va desencajando la mandíbula con cada palabra, y el machete va bajando.
Casi lo tiene al costado cuando continúo—.
¡Mataste a Leigh! Fue su cuerpo el que cayó desde tu balcón.
¡Todo el mundo lo sabe! —Apoyada contra una pared cerca de mí hay una horca.
Miro rápidamente a Nicole—. No lo sabes, ¿verdad? La policía te está buscando.
Nicole sonríe con suficiencia. —¿Buscándome?
—Me doy cuenta de mi error de inmediato.
Probablemente sea el último. Así que no saben dónde estoy, ¿verdad?
Buen farol, Alice. Pero no me has vendido tu mentira.
—Levanta el machete sobre su cabeza, pero antes de que pueda descargarlo sobre mí, le doy una fuerte patada en el lateral de la pierna.
Me escabullo hacia la pared, haciendo muecas de dolor con cada movimiento, y agarro la horca.
Sin dudarlo, la estiro hacia Nicole, alcanzándola en el abdomen. Empujo con todas mis fuerzas contra ella mientras grita de terror. Hago pie y me lanzo hacia delante, clavándole las puntas aún más profundamente.
Nicole suelta el machete, gritando a pleno pulmón. Con los ojos muy abiertos, doy un paso atrás y, con toda la fuerza que puedo reunir, saco la horca de su cuerpo sin apenas resistencia. La sangre tiñe rápidamente su camisa y le resbala por los muslos.
—¡Para, Nicole! —grito, intentando razonar con ella—. No me obligues a matarte.
—Ya estoy muerta. —Se ríe, gimiendo de dolor. Se tambalea hacia mí mientras yo retrocedo unos pasos. Sigue sonriéndome con maldad, solo que esta vez veo un rojo intenso en su boca. Escupe sangre y tose, dando otro paso hacia mí.
Vuelvo a levantar la horca hacia ella. Me mira con los ojos entrecerrados por el dolor, observa la salida del cobertizo y vuelve a mirarme.
—¡Espero que disfrutes de tu vida feliz! —grita—. ¡Con tu guapo marido! Algún día tendrás hijos. Lo tendrás todo, pero... nunca tendrás lo que yo tuve. Nunca serás como yo. Una jefa. Una ejecutiva. Solo serás tú. Alice Walker. Una zorra aburrida. Una don nadie. Nada.
Mantengo la horca levantada hacia ella, lista para volvérsela a clavar en cualquier momento. —Ser nada es mejor que ser cualquier cosa que se parezca a ti.
La sonrisa de Nicole se desvanece y baja la cabeza. Cuando vuelve a mirar hacia arriba, me temo que se lanzará contra mí de nuevo. Un último esfuerzo desesperado por matarme.
En lugar de eso, se da la vuelta y sale corriendo del cobertizo. Bajo la horca, incrédula. Me tomo unos momentos para recuperar el aliento antes de salir lentamente del cobertizo.
A pesar de su herida, Nicole ya está a cierta distancia, corriendo por el campo que hay detrás de la casa. La veo atravesar el prado y adentrarse en una espesa franja de arbustos, desapareciendo en el bosque.