La Jefa Capítulo 31
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Capítulo 31

Estoy sentada en una habitación pequeña con dos corpulentos detectives que me devuelven la mirada, preguntando una y otra vez sobre todo lo ocurrido.

Se han presentado cuando he entrado en esta salita, pero soy incapaz de recordarlo.

Lo único en lo que puedo pensar es en lo que le ha pasado a Nicole y en lo que eso significa para Evan y para mí.

Evan no está conmigo. Solo puedo suponer que se encuentra en una habitación pequeña similar en algún lugar de la comisaría, frente a detectives parecidos, respondiendo a las mismas preguntas. Me pregunto hasta qué punto habrá sido sincero.

Se lo he contado todo a la policía. Les he relatado cada aspecto que se me ha ocurrido y que me ha conducido hasta esta noche.

Les he explicado lo de nuestra mudanza, mi trabajo en Lovely Beauty Supplies.

Cómo era Nicole como jefa. Les he hablado del chantaje para que pasara una noche con mi marido.

He dicho que sospecho que Nicole era quien me llamaba por las noches y a veces durante el día, limitándose a respirar al teléfono. Les he hablado de la persona que estaba fuera de mi casa aquella noche y de que creo que Nicole también estaba involucrada en eso.

No estoy segura de si los polis me creen. No estoy segura de qué piensan realmente de nada de lo que les he contado, porque han mantenido sus miradas gélidas durante las últimas horas de interrogatorio.

De vez en cuando he hecho una pausa para asegurarme de que realmente me estaban escuchando, porque no daban ninguna señal sonora. Si alguien me hubiera contado la mitad de lo que he pasado recientemente, me habría quedado boquiabierta, sin aliento ante cada palabra.

Después de relatarles a los detectives lo sucedido hasta mi llegada al apartamento de Nicole, el detective calvo que lleva una camisa de color rojo brillante dice algo por fin.

—¿Odiaba usted a Nicole Barrett? —pregunta.

Le miro con incredulidad. ¿Qué clase de pregunta es esa? Nicole no me cae precisamente bien. ¿Está insinuando algo con su pregunta?

—No me caía bien Nicole —confirmo—. Nos estaba chantajeando a mi marido y a mí. Utilizó el dinero y un ascenso para intentar conseguir lo que quería.

El otro detective, que viste una camisa azul marino con las mangas arremangadas, levanta una ceja. —¿Para conseguir a su marido?

Asiento. —Eso es. Creo que Nicole me contrató porque sabía quién era yo, la mujer de Evan. Lo quería de vuelta en su vida y me utilizó a mí para lograrlo.

—¿Quién podría corroborar esto? —pregunta el detective de la camisa roja.

Me tomo un momento para pensar y calmar mis nervios.

—Bueno, no estoy muy segura. —Sin embargo, de pronto caigo en la cuenta—.

Leigh. Leigh Olson. Era la asistente ejecutiva de Nicole.

Cuando me contrataron, Nicole dijo que fue Leigh quien me encontró en LinkedIn, pero sospecho que no fue así.

—Suelto el aire—. Pero la han despedido.

Precisamente el otro día. Supongo que ustedes, como detectives, podrían encontrarla.

El detective de la camisa azul asiente. —Investigaremos eso.

El otro oficial se frota la nariz. —¿Ha sido violento su marido en el pasado?

Inspiro profundamente. ¿No solo sospechan de mí por la muerte de Nicole, sino también de Evan?

—No, nunca —respondo.

Los detectives intercambian una mirada. El de la camisa roja vuelve a mirarme. —¿Alguna vez le ha contado algo sobre algún acto violento que pudiera haber cometido?

—No, nunca —repito. Evan me ha dicho que Nicole saltó del balcón, suicidándose. Cierto, a veces es un bocas y tiene mal genio, pero nunca ha hecho nada más que ladrar. Nunca ha llegado más lejos con nadie. —Mi marido es un buen hombre.

—¿Y en cuanto al empleo? —pregunta el detective de la camisa azul—. ¿A qué se ha dedicado su marido durante los últimos dos años?

Bajo la cabeza. —Ha estado entre trabajos.

No es un empleado muy bueno. —Les explico parte de su historial laboral pasado y cómo Evan me dijo que lo dejó.

Por un momento me siento culpable al contarles que le dijo a uno de sus jefes que se fuera a la mierda antes de marcharse.

No estoy precisamente dando la imagen de un marido inofensivo.

—¿Por qué rompieron su compromiso su marido y Nicole? —pregunta el detective calvo.

Asiento. —Bueno, Evan me dijo que eran personas muy diferentes. Discutían a menudo. —Cuando me doy cuenta de la implicación de mi comentario, me corrijo rápidamente—. Pero eso es lo que pasa cuando las relaciones no marchan bien, por supuesto.

—¿Le informó alguna vez de haber sido violento o intimidante con Nicole? —continúa el detective calvo.

—No —confirmo.

El detective de la camisa azul abre una carpeta sobre la mesa, saca una foto y me muestra el brazo amoratado de Nicole. La foto que ella envió antes de morir.

—Que usted sepa, ¿es esta la primera vez que se muestra violento con una mujer? —pregunta.

—No... no lo sé —admito finalmente.

—Usted recibió este archivo de imagen de la señorita Barrett, ¿verdad? —pregunta.

—Sí —respondo. Miro el brazo enrojecido de Nicole. En la parte superior está el mensaje que me escribió: «¡Esto no formaba parte del trato!».

—¿Qué dijo Evan cuando usted fue al apartamento? —pregunta el hombre de la camisa azul—. Después, cuando se dieron cuenta de que la señorita Barrett estaba muerta, ¿qué se dijo?

—Llamé a la policía de inmediato —miento. No les digo que al principio pensé lo mismo que ellos. Que Evan le había hecho algo.

Los dos detectives intercambian una mirada antes de que el hombre de la camisa azul continúe. —Entonces, ¿él no dijo que deberían abandonar el edificio antes de que apareciera la policía?

—No —digo rápidamente. Los dos vuelven a mirarse.

No necesito leerles la mente para saber que me estoy cavando mi propia fosa.

Inmediatamente pienso en la cámara que había en el pasillo.

Quizá tenía sonido además de lo que grababa.

¿Podría haber captado lo que Evan y yo habíamos dicho?

—Está bien —digo, bajando la cabeza—. Evan sí dijo que deberíamos salir de allí, pero estábamos asustados. Me dijo que él no lo hizo.

—¿No hizo qué? —pregunta el calvo.

Le miro como si fuera tonto. —¡Matar a Nicole! Saltó. ¡Se suicidó por ser la mujer miserable que era! —Los dos detectives se miran entre sí.

Empiezo a pensar que debería haber mantenido la boca cerrada y no haberles contado todo a estos dos polis. Debería haber buscado un abogado. Ahora me miran como si prácticamente hubiera confirmado que fui yo quien empujó a Nicole Barrett desde su balcón.

—Creo que eso es todo lo que necesitamos por esta noche, señora Walker —dice el hombre de la camisa azul. Los dos detectives se levantan y, sin saber qué hacer, me quedo paralizada. Casi espero que me esposen si me levanto de la silla.

—¿Podemos irnos? —pregunto.

El detective de la camisa roja me mira desde arriba. —Podemos organizar que la lleven a casa. ¿Le gustaría?

Asiento. —Gracias. —Vuelvo a inspirar—. ¿Ha terminado Evan de hablar con ustedes también?

Los dos detectives vuelven a cruzarse una mirada antes de que el hombre de la camisa azul hable. —El señor Walker, su marido, ha sido acusado oficialmente del asesinato de Nicole Barrett. —Sus palabras son frías como el hielo.

Siento que el mundo me da vueltas. Es como si la pequeña habitación se estuviera volviendo más pequeña y apenas pudiera respirar.

—¿Lo han arrestado? —logro preguntar finalmente—. ¿Por asesinato?

—Así es, señora Walker —dice el detective calvo de la camisa roja—. No es fácil decirle esto, pero él no volverá a casa con usted. Podemos organizar que la lleven a casa de algún familiar si lo prefiere.

—No tengo familia por aquí —digo, sin aliento. Pienso en Tommy por un momento, pero no me molesto en hablarles de mi cuñado. Todo lo que quiero es que la habitación deje de dar vueltas y que todo tenga sentido—. Él no lo hizo —digo, en defensa de mi marido—. Él no la mató.

—¿Cuánto sabe usted del pasado de su marido? —pregunta el hombre de la camisa azul.

—¿Qué clase de pregunta es esa? —pregunto—. Por supuesto que conozco el pasado de mi marido.

Frunce los labios y mira a su compañero por un breve instante. —Esta no es la primera vez que mata a alguien.