Capítulo 21
Nicole
Observo a Evan desde el otro lado del restaurante, sin querer que me vea, al menos no de inmediato.
Está tan guapo como siempre.
Apuesto a que Alice y él habrían tenido una cena de aniversario increíble si yo no hubiera interrumpido su día. Sonrío.
Evan sacaba lo mejor de sí cuando estaba conmigo, y muchos de esos días eran en ocasiones especiales, como los aniversarios. Le encantaba seducirme en días como este. Lo intensificaba todo. El tonteo era más sexy. El sexo era increíble. Todo en él era perfecto.
Alice debe de estar viviendo una experiencia similar. Probablemente ya haya tenido varias a lo largo de sus años juntos. Esta noche va a ser diferente.
Ha llegado el momento de que yo eche la vista atrás.
Yo también voy vestida para matar. En nuestro tiempo juntos, se deshacía en elogios siempre que me ponía algo de color rojo brillante. Llevo un vestido rojo que estiliza la figura. La abertura de la falda revela mis piernas tonificadas. Sé que le encantará.
Camino con paso seductor hacia su mesa, captando su atención de inmediato. Veo primero la sorpresa en su rostro, seguida de esa mirada suya que examina mi cuerpo, mi vestido y mi silueta. Sé que ya lo tengo justo donde quiero, solo con esa mirada. Igual que cuando era mío.
Tanto si quiere admitirlo como si no, conseguiré lo que quiero.
—¿Qué haces aquí? —dice en voz baja, para no montar un espectáculo.
Me siento en la silla vacía frente a él y sonrío de oreja a oreja. Me arreglo el vestido mientras le miro con los ojos muy abiertos. Me encantaba que me llevaras a sitios como este —le digo.
—No te sientes —dice él, apretando los dientes—. Te he dicho que me dejes en paz.
—Dices muchas cosas, Evan. —Mi sonrisa se ensancha—. Me dijiste algo muy distinto en el bar la semana pasada.
—Aquello fue un error —dice, bajando la cabeza—. Me marché esa noche. Te dije que dejaras de llamarme. Que dejaras a Alice fuera de esto. —Sus ojos se abren de par en par—. ¿Dónde está ella?
—¿Tu querida esposa? —pregunto con tono burlón—. Se ha quedado atrapada en el trabajo, pero estoy segura de que vendrá pronto.
—Lo que tuvimos fue hace años —dice él, dando un sorbo de vino y mirando alrededor de la sala. Se inclina hacia delante, respirando profundamente—. Se ha acabado. Así que supéralo. Déjame en paz.
—No me amenaces —le digo, elevando yo también un poco el tono de voz.
Esto era algo que se nos daba muy bien en su día.
Discutíamos. Alzábamos la voz y luego nos quitábamos la rabia follando.
—¿Sabe ella algo sobre ti? ¿Sabe algo sobre nosotros?
¿Por qué rompimos? ¿Te has molestado en decírselo?
—Me río, sabiendo la respuesta—. No me amenaces, o no tendré otra opción que contárselo todo.
Él respira hondo. —Te he dicho que me da igual si lo haces. No tendrás poder sobre mí ni sobre Alice. Ella dejará el trabajo.
—¿Es ella mejor que yo? —pregunto, cambiando de tema—. Tu aburrida esposa. ¿Te hace hervir la sangre como lo hacía yo? ¿Ha mantenido tu interés tanto como yo? ¿Es mejor en la cama?
Evan vuelve la cabeza y pone cara de haber visto a un fantasma. Me giro y veo a Alice, caminando furiosa hacia nosotros. Si las miradas matasen, habría caído muerta en cuanto ha entrado en el restaurante.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta ella, clavando la mirada en mí.
Pongo los ojos en blanco. —Alice. ¿Por qué has tardado tanto? Acompáñanos.
Ella mira fijamente a su marido. —¿Por qué está ella aquí?
Evan se dirige a Alice. —Se va. Se va para siempre. —Ahora me mira a mí, lleno de rabia—. Y Alice también. Ella va a dimitir hoy mismo. Búscate a otra persona a la que atormentar, Nicole.
Miro alrededor de la sala y noto que algunas mesas nos observan.
No soy de las que buscan llamar la atención de esa manera.
—He dicho que te sientes —repito. Miro a la mesa de al lado, donde tres personas comen tranquilamente—.
Perdonen, ¿están usando esta silla? —Antes de que me respondan, me levanto, la cojo y la pongo entre Evan y yo. Hago un gesto para que Alice se siente.
—Evan —digo con calma—. Por favor, pídele a tu mujer que se siente con nosotros. O si no...
Él mira a Alice y luego a mí durante unos instantes antes de pedírselo.
—Esto es una locura —dice Alice. Me observa con intensidad mientras se sienta despacio. ¿Por qué nos haces esto? Evan ya no quiere estar contigo. Es mi marido.
Sonrío. —Diez mil dólares.
—¿Qué? —dice Alice, impactada.
Evan da un sorbo de vino, intentando calmarse.
—Diez mil dólares. Eso es lo que estoy dispuesta a pagar.