Capítulo 14
Otra noche que se me hace tarde en la oficina, pero esta vez, al menos, voy a salir antes de que se ponga el sol.
Nicole me ha hecho quedarme varias horas después de mi horario. No solo me ha hecho «compensar» la hora que perdí de trabajo para ir a recoger su ropa de la tintorería, sino que he tenido que quedarme unas cuantas horas más sin motivo alguno.
Empiezo a darme cuenta de que mi trabajo puede tener muchas horas no remuneradas.
Volvía a estar yo sola en la oficina. Parece que la única persona que tiene que trabajar hasta tarde soy yo.
Afortunadamente, Nicole y yo solo hemos tenido unos pocos encuentros después del intercambio inicial. Puedo entender que esté molesta. Se supone que debo llegar puntual y, cuando no lo hice, asumió que era porque le estaba haciendo un «favor» al ocuparme de sus recados.
Aun así, me irrita cómo me ha levantado la voz. Cuando he tenido algún cargo de responsabilidad, nunca he menospreciado a nadie que trabajara para mí. Les hacía sentir parte del equipo. No los humillaba, ni los hacía sentir pequeños, ni les hacía recoger mi dichosa ropa de la tintorería.
¿Quién narices hace eso?
Una parte de mí quiere presentar la dimisión de inmediato.
Me he mudado a una provincia totalmente nueva, al otro lado del país, por este trabajo, y no está saliendo como esperaba.
Nicole es como algo salido de una película de terror.
Tan pronto me sonríe amablemente como me echa una bronca de mil demonios al momento siguiente.
Obligándome a echar horas extra en el trabajo cuando nadie más lo hace.
Para colmo de males, ahora descubro que ella y Evan estaban comprometidos para casarse.
He intentado llamar a Evan por la mañana, mientras conducía frenéticamente a recoger la ropa de Nicole de la tintorería, para exigirle que me contara todo lo que pasó entre mi jefa y él.
Por suerte no me ha cogido el teléfono, porque si lo hubiera hecho, me habría puesto tan intensa como se ha puesto Nicole conmigo en mi oficina esta mañana.
¡Comprometidos!
¿Cómo ha podido no contarme algo tan importante como eso?
¿Acaso estar comprometido con una mujer no era algo relevante para Evan? ¿Trataba las promesas de matrimonio como los trabajos y lo dejaba antes de llegar al altar? ¿A cuántas otras mujeres les pidió Evan que se casaran con él?
No ha sido hasta que he vuelto a la oficina cuando Evan me ha devuelto la llamada varias veces a lo largo del día, pero no he podido contestar.
No con Nicole en el despacho de al lado.
Durante una rápida pausa para ir al baño, le he enviado un mensaje a hurtadillas diciéndole que hablaríamos cuando llegara a casa y que volvería a llegar tarde.
Me ha respondido con un emoji de pulgar hacia arriba.
Odio que haga eso. ¿No puede simplemente contestar con palabras? Parece una desidia. Igual que Evan.
Uf.
Comprometidos.
Durante todo el día, he estado dándole vueltas al tenso intercambio que he tenido con Nicole. Lo que lo hacía peor era ver lo educada y falsa que parecía mostrarse con los demás a medida que avanzaba la jornada.
Aparte del vicepresidente al que despidieron el día que empecé a trabajar en LBS, no he visto a Nicole tratar a nadie tan mal como a mí.
He pensado en lo que me ha dicho Leigh en nuestro descanso para el café. No te pongas en su contra. ¿Era ya demasiado tarde? ¿Debería empezar a recoger mis cosas de la oficina?
Antes de irme por hoy, varias horas después de mi hora de salida, he vuelto a leer el correo de Nicole que envió a toda la oficina. En él se pedía el envío de candidaturas por correo electrónico para los interesados en solicitar el puesto de vicepresidente.
Había hecho que pareciera que yo podría encajar bien en el puesto. Tenía un buen presentimiento conmigo, dijo.
Eso debe de haber cambiado ahora.
Nunca he sido de las que necesitan que les echen una reprimenda en el trabajo. Nunca llego tarde.
Pero, al parecer, ahora sí. Desde que me mudé a Ontario por este trabajo, nada me sale bien. ¿O soy yo?
Chica. Tonta.
Casi puedo oír a mi padre pronunciar esas palabras desde la tumba.
No valgo lo suficiente. Nunca he valido. ¿Por qué pensé que encajaría en este puesto para empezar?
Nunca estuve destinada a ser una verdadera líder, como Nicole.
Y aquí estoy, a mis casi treinta años, intentando ser algo que no soy. Intentando ser lo que mi padre dijo que nunca podría ser. Alguien de éxito.
Mi padre venía de una época en la que las mujeres servían a los hombres. Una mujer ejecutiva en una empresa era algo que él no entendería. Se quedaría atónito ante el éxito de una mujer como Nicole Barrett.
Al salir de la oficina, apago las luces de la planta. Camino hacia mi coche en el aparcamiento, sin pensar siquiera en los peligros potenciales que acechan en cada esquina, sino solo en mis fracasos durante el día.
No tengo lo que hace falta. Nunca lo tuve. ¿Por qué llegué a pensar lo contrario?
Soy una... chica tonta. Me estremezco ante el pensamiento.
Casi estoy llorando para cuando entro en el coche y giro la llave. Me tomo mi tiempo para llegar a casa y, cuando lo hago, ya veo desde fuera a Evan dando vueltas por la casa.
Al menos mi marido está hoy en casa y no en algún bar a solas.
Apenas tengo energía para preguntarle por qué no me dijo que Nicole y él habían estado comprometidos. ¿Por qué omitió ese detalle tan importante de: «ah, sí, se suponía que nos íbamos a casar»?
Se suponía que Nicole iba a ser la señora Walker original, no yo.
Me siento derrotada. Alguien podría decirme que el mundo está a punto de explotar y encajaría perfectamente con el día de hoy.
Abro la puerta y oigo la voz de Evan de forma elevada. —Está bien —entra en el salón, con el móvil en la oreja, y me mira fijamente. —Hablamos luego —concluye la llamada y se guarda el móvil en el bolsillo del vaquero.
—¿Quién era? —pregunto.
—Tommy —dice con rapidez.
—Supongo que no habéis hecho las paces.
Él niega con la cabeza. —No mucho, no. Hoy no ha venido.
Le miro la ropa. Está limpia. Ni una mota de polvo.
Me doy cuenta de inmediato de que hoy no ha hecho nada de trabajo en la casa.
¿Qué ha hecho mi querido marido en todo el día mientras yo lidiaba con su ex prometida en el trabajo?
La idea me enfurece y, de repente, encuentro fuerzas para preguntarle.
—¿Por qué no me dijiste que estuviste comprometido con Nicole?
Me mira de nuevo con la mente en blanco, luego mira alrededor de la habitación como buscando una respuesta. Me repito, con voz ligeramente más alterada.
Levanta las manos en señal de rendición. —Yo... Tienes razón, debería haberlo hecho. Es solo que, bueno, solo estuvimos comprometidos dos semanas antes de que todo terminara.
Me quito los tacones de una patada sin apartar la mirada de mi culpable marido. —¿Quién se compromete solo dos semanas? Tienes que contarme todo lo que pasó entre vosotros dos.
Se sienta en el sofá y me mira con ojos tiernos. Odio cuando pone esa cara. Tiene la capacidad de hacerme derretir como la mantequilla por muy molesta que esté con él.
Descruzo los brazos y me siento a su lado en el sofá. —Nunca me habías dicho que estuvieras comprometido con otra mujer antes —digo con la cabeza baja. Le miro. —¿Por qué no lo hiciste?
Niega con la cabeza. —Supongo que no quería que pensaras mal de mí. Como he dicho, solo fueron dos semanas. No quería que pensaras que soy un loco que te pediría matrimonio para dejarte a las pocas semanas.
Exhalo aire. —¿Entonces por qué le hiciste eso a ella?
Asiente. —Me dejó ella, en realidad. Y me alegro de que lo hiciera.
Estaba molesta porque yo no tenía ninguna ambición en la vida, según decía ella.
—De repente, recuerdo las discusiones que he tenido con Evan sobre ese mismo tema.
Hubo un tiempo, cuando salíamos, en que me preocupaba cómo sería un futuro con él.
Una de mis amigas, antes de que aceptara casarme con él, incluso le llamó perdedor.
Bueno, en realidad, un «perdedor guapo».
Puedo entender por qué Nicole sacó el tema con él.
—¿Así que decidió dejarte porque no trabajabas? —pregunto.
Él asiente. —Ella, como habrás notado, es una mujer con mucha iniciativa. Tenía grandes planes, ya por aquel entonces. —Se ríe —. Sabes, es raro, pero ahora que hablamos de esto, de algún modo me recuerda a ti. Tú, sin embargo, no te pareces en nada a Nicole.
Por un momento, me siento herida por su comentario. ¿Quería decir que yo no puedo tener tanto éxito como ella? Que no tengo lo que hace falta para ser como ella. Creo que se ha fijado en mi cara y aclara rápidamente lo que quería decir.
—A lo que me refiero es a que es prepotente.
Era muy controladora. —Levanta la mano con frustración —.
Podía estar furiosa un minuto y ser una santa al siguiente.
Nunca sabía qué mujer me iba a encontrar ese día.
Solo le pedí que se casara conmigo porque ella dijo que tenía que hacerlo.
Lo esperaba de mí después de cuatro años de relación.
¡Si yo solo tenía veinte años! ¿Cómo narices iba a ser una persona con iniciativa y mentalidad empresarial como ella a esa edad?
Hablaba de una casa. De hijos. Yo solo quería beber y divertirme.
Intento evitar pensar que no ha cambiado mucho en la última década. Recuerdo lo que me dijo anoche sobre que yo lo dejara.
—No me parezco en nada a Nicole —estoy de acuerdo.
—Ella es... ¿puedo decir esto? Es decir, lo es, es una zorra... uf.
Le dirijo una mirada de desaprobación.
—Vale —dice él—, perdón, no debería haber dicho eso.
Es que es demasiado. Tuvimos tantas peleas que ni siquiera puedo contarlas.
Éramos tóxicos el uno para el otro. Después de que rompiera conmigo y me devolviera el anillo, estuve afligido quizá un día, y luego me asombró lo pocos sentimientos que me quedaban después de que alguien con quien había salido varios años rompiera conmigo.
Recuerdo haberle dicho a Tommy lo poco que parecía importarme no casarme con ella.
Pensó que estaba loco. Él siempre creyó que Nicole era perfecta.
Bromeaba sobre lo guapa que era. Notaba que él estaba celoso.
Probablemente quería a una mujer como ella. Nunca vio el lado de ella que yo vi.
Pienso en lo falsa que ha sido Nicole conmigo hoy en el trabajo. Le cuento a Evan mi día. Las horas que me ha hecho quedar. Cómo me ha regañado delante de toda la oficina y me ha sonreído a la cara después como si nada.
Evan suspira. —No ha cambiado. Sigue siendo una... no lo diré.
—Una zorra —añado. Odio llamar así a otras mujeres, pero en mi rabia por lo ocurrido hoy, siento lo mismo que él.
—Déjalo —dice finalmente.
—La casa —digo, mirando alrededor —. La hipoteca. Las facturas. No nos quedan ahorros.
A Evan se le cae el alma a los pies. —Bueno, quizá no lo dejes de inmediato. Podrías preparar el currículum. Empezar a buscar discretamente. Yo iré más despacio con las reformas y trabajaré. Podríamos hacer una fiesta de búsqueda de empleo esta noche. —Se ríe y yo le sigo.
Me sonríe y yo apoyo la cabeza en su hombro.
—Quizá debería preparar mi currículum. No sé si lo de LBS funcionará.
No estoy teniendo un «Día Hermoso». —Evan me mira raro —.
Es el estúpido lema que tiene la empresa.
A la recepcionista del trabajo, Leigh, le obligan a decirlo cada vez que termina una llamada.
«Tenga un Día Hermoso». —Niego con la cabeza —.
—Ahora me da más pena todavía esa chica, Leigh —se ríe Evan.
Esbozo una sonrisa forzada. Una imagen intrusiva de Nicole y Evan besándose me golpea. La idea de ellos juntos, teniendo intimidad, me asalta.
—Tengo que preguntarte una cosa —digo —. ¿Fue Nicole... fue ella la primera mujer con la que estuviste? —Él asiente —. ¿Y ella? ¿Fuiste tú el primero para ella?
—Sí —dice, sin añadir nada más.
Bajo la cabeza y cambio de tema. —Podría intentar conseguir un puesto de gestión en otro sitio. Si tú también trabajas, podríamos salir adelante. ¿De qué trabajarías tú?
Respira profundamente. —Ya se me ocurrirá algo. No te preocupes. —Me levanta la cara hacia él y me besa apasionadamente. Pronto, unos pocos besos se convierten en avances más coquetos. Estoy a medio camino de quitarle los vaqueros cuando me doy cuenta de que las cortinas del salón siguen abiertas.
—¡Evan! —grito —. La ventana.
Él sigue besándome el cuello y casi me olvido del asunto.
—Démosles un espectáculo a los nuevos vecinos —me susurra al oído.
—No tiene gracia —digo, dándole un cachete en sus calzoncillos.
—Vale, vale. —Se levanta, con los pantalones por las espinillas, y camina como un pato hacia la ventana, dándole un toque teatral al asunto. Cuando la habitación queda a oscuras y solo estamos nosotros, me mira con una sonrisa diabólica. —Y bien, ¿por dónde íbamos?