Capítulo 14 — Traje prestado
(Punto de vista: Francisco)
—Es solo la presentación de un libro —le había dicho Paquita, tres días antes, con un tono que a Francisco le pareció, en su momento, mucho más despreocupado del que la ocasión merecía—. Un acto cultural aburrido. Mi fundación lo organiza. No tienes ni que hablar con nadie, solo… acompañarme.
Lo que Paquita no había mencionado —lo que Francisco descubrió solo al llegar, vestido con un traje que le había prestado Luis y que le quedaba veinte años pasado de moda y dos tallas ajustado de hombros, ante la fachada de un palacete de la Castellana con más coches de gama alta aparcados en doble fila que en todo el barrio de Tetuán junto— era que aquella «presentación de un libro aburrida» era, en realidad, uno de los eventos culturales más comentados de la temporada, organizado por la fundación que llevaba el apellido de la familia Serrano, con la plana mayor de la política y la empresa española paseándose entre canapés y copas de champán como si fuera su hábitat natural.
—Paquita.
—¿Sí?
—Esto no es una presentación de un libro aburrida.
—Bueno. Técnicamente sí lo es. Solo que también hay… otras cosas alrededor.
—«Otras cosas» como ¿qué? ¿Como que tu padre está literalmente ahí, a quince metros, hablando con alguien que parece el director de un banco?
Paquita siguió su mirada y, en efecto, allí estaba Ignacio Serrano, con la sonrisa calibrada de siempre, estrechando manos con un ritmo casi coreografiado, ajeno todavía a la presencia de su hija —y mucho más ajeno a la de su acompañante— en la sala.
—No tenía pensado presentarte esta noche —admitió Paquita—. Iba a ser algo más gradual. Un café. Una comida discreta. No… esto.
—¿Entonces qué hago aquí, exactamente?
—Quería que vieras mi mundo. El de verdad. No el que te cuento en las cafeterías.
Francisco se tiró del cuello de la camisa, que le apretaba de una forma que ningún combate le había hecho apretar nunca, y observó la sala: los cuadros enormes en las paredes, los camareros que se movían como fantasmas silenciosos entre los invitados, las conversaciones en voz baja sobre acuerdos que probablemente movían más dinero en una noche que él vería en toda su carrera de boxeador.
—Tu mundo es aterrador —dijo, finalmente.
—Lo sé.
—¿Cómo sobrevives aquí?
—Con mucha práctica y muy poca sinceridad. —Paquita le apretó la mano, agradecida de que hubiera venido a pesar de todo—. Ven. Te presento a alguien que sí te va a caer bien, al menos.
Marina, la compañera de Paquita en el periódico, resultó ser la única persona de toda la sala con la que Francisco consiguió mantener una conversación relajada, precisamente porque ella también parecía sentirse tan fuera de lugar como él entre tanto mantel blanco.
—Así que tú eres el famoso boxeador —dijo Marina, con una sonrisa cómplice—. Paquita no habla de otra cosa en la redacción.
—Espero que hable bien.
—Habla lo suficiente como para que sepa que, si le haces daño, tengo contactos suficientes en el mundo del periodismo de investigación como para arruinarte la reputación en menos de una semana.
—Anotado.
Fue en ese momento, mientras Francisco se reía del comentario de Marina, cuando sintió una mano firme apoyándose en su hombro, y al girarse, se encontró cara a cara, por primera vez, con Ignacio Serrano.
—Así que tú eres Francisco Campi.
No era una pregunta.
—Y usted es el padre de Paquita.
—Ignacio Serrano. —No le tendió la mano—. ¿Podemos hablar un momento? A solas.
Paquita, que había estado charlando a unos metros con otro invitado, se giró justo a tiempo de ver a su padre llevándose a Francisco hacia un rincón más apartado de la sala, y sintió que el estómago se le encogía de una manera que ningún canapé de aquella fiesta le habría provocado nunca.
(Punto de vista: Francisco)
—Tiene un traje que no es suyo —dijo Ignacio, en cuanto quedaron lo suficientemente apartados del resto de invitados, con un tono que no era exactamente hostil, pero tampoco amistoso—. Se nota en cómo le queda de hombros.
—Es de mi tío.
—Boxeador, ¿no? Igual que su padre, según tengo entendido.
Francisco sintió que algo se le tensaba en el pecho.
—¿Qué sabe usted de mi padre?
—Sé lo suficiente. —Ignacio bajó la voz, aunque nadie a su alrededor parecía prestarles atención—.
Escúcheme bien, joven. No sé qué clase de sentimientos tiene mi hija hacia usted, ni lo que usted siente hacia ella, y en cualquier otra circunstancia sería un asunto que no me correspondería a mí opinar.
Pero hay fuerzas moviéndose alrededor de su apellido, señor Campi, que están mucho más allá de lo que usted imagina, y que pueden hacerle mucho daño a mi hija si sigue involucrada en esto.
—¿En qué, exactamente?
—Usted lo sabe mejor que yo.
—No, no lo sé. Lo único que sé es que un hombre trabaja para alguien llamado Ranieri y lleva semanas amenazándome a mí, y ahora resulta que a Paquita también.
Ignacio palideció, apenas perceptiblemente, pero lo suficiente para que Francisco, entrenado durante años en leer las reacciones de un rival antes de que este las controlara del todo, lo captara sin ninguna duda.
—Así que usted también lo conoce —dijo Francisco, más para sí mismo que para Ignacio—. A Ranieri.
—No sé de qué me habla.
—Claro que lo sabe. Tiene exactamente la misma cara que puso Paquita cuando le pregunté lo mismo hace semanas.
Se midieron con la mirada, dos hombres de mundos completamente opuestos, unidos sin quererlo por el mismo nombre que ninguno de los dos había elegido que entrara en su vida.
—Aléjese de mi hija —dijo Ignacio finalmente, con una voz que temblaba ligeramente, más de miedo que de rabia—. Por su bien. Y por el de ella.
—Con todo el respeto, señor Serrano —contestó Francisco, sin apartar la mirada—, esa decisión no le corresponde a usted.
Se dio la vuelta y caminó de regreso hacia donde Paquita lo esperaba, con el traje prestado apretándole los hombros más que nunca, dejando a Ignacio Serrano solo en el rincón de aquel salón lleno de gente que no tenía ni idea de la guerra silenciosa que se libraba, esa noche, entre canapés y copas de champán.
(Fin del capítulo 14 — continúa en el Capítulo 15, según el esquema de la biblia narrativa)