Capítulo 24
Los dos se quedaron mirando el registro de huéspedes.
—De eso me sonaba su nombre. Cuando ordené el despacho tras el robo, me entretuve revisando los documentos del hotel y estuve viendo de dónde venían nuestros clientes. Me llamó la atención que conforme avanzaban los años acogíamos a más extranjeros, y Aziz fue uno de ellos.
—¿La carta del alcalde no era también de ese mes?
—¡Sí! Todo concuerda.
—Así que el tal Aziz estuvo en la isla desde principios de febrero hasta el… —Rosa consultó la hoja—. Qué raro, no hay fecha de salida.
—Claro, porque le detuvieron.
—Algo no cuadra… De acuerdo con lo que pone aquí, Aziz abonó 72.500 pesetas por su estancia. Eso es una barbaridad.
—¿Cuánto costaba una habitación en el 85?
—A ver… —Rosa revisó el resto del listado—. Varios días después se alojó una persona que estuvo solo una noche y abonó 2.435 pesetas.
—Pues haciendo la cuenta de la vieja…, este hombre pagó para estar aquí un mes entero.
—Es la primera vez que veo que un huésped se queda tanto tiempo. Aquí suelen estar como mucho una semana. Y la mayoría solo se queda dos o tres días.
—Qué raro todo…
—Un mes arrancando posidonia. ¿Para qué?
—Es evidente que Aziz buscaba algo en el lecho marino y las plantas le molestaban.
Rosa se puso de pie y comenzó a dar vueltas por la habitación.
—Fuera lo que fuera ese algo, mi padre tenía que saberlo —concluyó.
—¿Por qué estás tan segura?
—¿Qué sentido tienen si no los dos robos en su despacho?
Teo torció el gesto, intentando buscar una explicación.
—Piénsalo —insistió Rosa—. Han entrado dos veces y no se han llevado nada. Incluso habiendo cosas de valor las han dejado ahí. Una de dos: o mi padre había encontrado eso que buscaba Aziz o sabía dónde estaba.
—Vale. Si damos por buena tu teoría… Entonces ¿por qué tu padre no te lo dijo ni a ti, ni a tu abuela, ni a Dolores? ¿Dónde está ese algo? ¿O qué documento, pertenencia o pista puede poseer tu padre para encontrarlo? Me parece muy raro que no os comentara nada.
—Por desgracia no se lo puedo preguntar.
—Sigo pensando que alguien de tu familia debe de saber algo. Y… Dolores tiene todas las papeletas.
—Ella no es de mi familia.
—Bueno, eso es otro debate. Cuando tu abuela contó lo del primer robo y afirmó que no se habían llevado nada, Dolores la contradijo y aseguró que sí que cogieron algo de calderilla que había en una caja fuerte. No me peguntes por qué, pero creo que nos mintió.
—Si pretendes que Dolores nos aclare algo sobre este misterio, ya te digo yo que no lo va a hacer. Ya sabes que nuestra relación es muy complicada.
—Lo sé. Perdona si te ha molestado. Solo es que…, bueno, me intriga este tema.
—A mí lo que me intriga ahora mismo es qué vamos a comer. Así que luego seguimos intentando desvelar el misterio.
Rosa cerró la carpeta y se levantó de la cama.
—Espera —le dijo Teo.
El biólogo fue hacia ella y la besó.
—Se me da bien cocinar —admitió él—. Seguro que entre los dos preparamos un buen manjar.
Antes de ir a la cocina pasó por el despacho para dejar el archivador.
En ese momento no se dio cuenta, pero la fotocopia con la noticia sobre la detención de Aziz había desaparecido del escritorio.
Apagó la luz y pasó por la recepción. Se extrañó al ver que el sillón donde solía descansar Dolores estaba vacío.