La irresistible Lady Isabella (Cavendish nº 5) Capítulo 18
93%

Capítulo 18

Dos días habían pasado desde que el corazón de Isabella quedó destrozado y aunque la verdad había llegado a sus manos y parecía demostrar que los sentimientos de James habían sido puros y auténticos desde el principio, no podía olvidar que todo lo vivido había quedado embarrado por las mentiras y las confesiones no reveladas.

Por supuesto, desde ese momento, la convivencia en la residencia Cavendish resultó insoportable.

El conde había tratado de hablar con su hija en varias ocasiones, pero ella no se mostraba receptiva e incluso, le miraba con enfado y reproche.

Su padre, a pesar de que su postura había sido firme durante su conversación con el gobernador, estaba empezando a sentir que se había equivocado en su ambición por mantener el secreto.

Bella sentía que su padre se había aprovechado de la petición del gobernador para obtener un matrimonio ventajoso y que reportara dinero a las arcas familiares.

Al contrario de lo que pudiera esperarse, Bella sabía que los padres de las hijas casaderas debían aportar una dota al futuro esposo, sin embargo, ante las circunstancias económicas del condado, era probable que las habilidosas aptitudes del conde para los negocios reportaran justo lo contrario salvando a todos de la ruina.

En uno de sus momentos de enfado, Bella no pudo evitar reírse ante la ironía de la temporada y de las circunstancias.

Siempre criticaba la facilidad con las que las señoras con hijas casaderas manipulaban y facilitaban conversaciones para conceder audiencias o reuniones con señores importantes para sus hijas y en esa ocasión, había sido un hombre el que había urdido todo en la sombra.

Pensaba que su padre tenía suficiente con administrar la finca y sus propiedades, pero era evidente que se encontraba demasiado ocioso.

Pronto Bella se dio cuenta que esa rabia se había transformado en tristeza. Sus sentimientos eran confusos y percibió como aceptable que mutasen.

Bella se sentía enjaulada en aquella casa.

Necesitaba salir. Así que, avisando a los miembros del servicio en esta ocasión, la joven puso rumbo a casa de su hermana Heather con la excusa de visitar a su sobrina.

Tomó el coche de caballos y un tiempo después, se encontraba en la entrada de la residencia de su hermana.

―Bella, querida, ¡qué alegría verte! ―saludó Heather feliz, pero, al ver el rostro triste de su hermana supo que algo malo ocurría y por primera vez, se sintió mal.

―Heather, necesito hablar contigo.

Ambas se fundieron en un profundo abrazo y Heather temió por su hermana. Jamás la había visto así.

Ambas entraron en la casa, llegaron hasta la sala particular de Heather y con el aviso de que nadie del servicio e incluso, su propio esposo les molestase, empezaron a hablar. Bella, deshecha en lágrimas, le confesó la verdad.

―Heather, eres mi hermana y me gustaría confesar ciertas cosas que me han ocurrido en las últimas semanas, pero debes prometer que jamás lo compartirás con nadie.

―Absolutamente, hermana.

―Y que no me juzgarás, recriminarás o castigarás por ello.

―Ahora mismo estoy nerviosa, Bella. Tienes mi palabra.

Bella tomó aire, reprimió las lágrimas y trató de ordenar de forma coherente su discurso. Necesitaba desahogarse con su hermana y ver su punto de vista, aunque ello supusiera compartir sus propios escándalos.

―Estas últimas semanas mi relación con el gobernador Johnson ha sido muy cercana. Al principio pensé que era un hombre irresponsable y vanidoso, sin embargo, con el paso de las semanas, nuestra relación cambió por completo.

―¿Qué quieres decir? ―preguntó curiosa Heather tomando las manos de su hermana entre las suyas para darle fuerza.

―Intimamos.

Se hizo el silencio.

―¡¿Intimasteis!? ―gritó ella enloquecida. Bella pensó que quizá no había sido una buena idea― ¿Qué quieres decir?

―No necesito entrar en más detalles, Heather, pues eres una mujer virtuosa y sé que tus afectos hacia Alfred fueron puros hasta el matrimonio sin embargo me gustaría decirte que el gobernador y yo nos prometimos hace unos días.

―¡Es una gran noticia, Bella! ―gritó, en esta ocasión, de emoción su hermana.

Heather añoraba cómo las conversaciones con Bella eran capaces de llevarla de un extremo a otro y, al mismo tiempo, se sonrojó por la afirmación de su hermana.

Isabella creía que Alfred y ella no habían consumado hasta el matrimonio y, para evitar confusiones, prefirió que así lo pensara ―. Enhorabuena.

―Me encantaría recordar esa emoción que sientes ahora mismo, Heather, pero mi corazón ya no puede experimentarla.

―¿Qué quieres decir? Me estás asustando.

―El gobernador y padre me han estado mintiendo desde hace meses, hermana. Han generado los encuentros, las oportunidades y todo cuanto era necesario para que me enamorara de él.

―Dios, Bella ―dijo con lamento Heather agachando la mirada. Bella lo apreció―. Ahora mismo me siento la peor de las hermanas porque, cuando comenzamos con esto, jamás pensé que tu corazón quedaría en este esto.

Bella levantó la mirada también para ver cómo su hermana se miraba las manos. Avergonzada.

―¿Comenzamos? ―alcanzó a preguntar Bella.

―Sí, debo suplicar tu perdón Bella. Me odio a mí misma al decirte que también formé parte de este complot. Pero antes de que me insultes o me odies, quiero tener la oportunidad de explicar lo ocurrido.

―Más te vale, hermana ―rugió su hermana levantándose del sillón. ¿Qué más podía depararle ese cúmulo de infortunios? ¿Quién más estaba implicado?

―Antes del inicio de la temporada, padre me visitó.

Me comentó que habías rechazado abiertamente muchas propuestas de matrimonio, que tus opciones para alcanzar un buen enlace se agotaban y que no quedaría nadie en todo el condado que estuviera dispuesto a omitir tu personalidad rebelde y caprichosa.

Así que me pidió ayuda para buscar soluciones.

Y como si Dios nos hubiera escuchado, varios días más tarde pidió audiencia un caballero venido del otro lado del océano.

James Johnson nos entregó una correspondencia del puño y letra de Violet y de nuestro cuñado, habló de sus intenciones nobles contigo y pidió directamente tu mano, Bella.

No aceptó dote y declaró con ferviente entusiasmo sus sentimientos por ti.

Fue una declaración preciosa, Bella. Jamás había visto, a excepción de mi Alfred, un momento una escena igual. Padre quedó conmovido. Y yo también.

―Apenas doy crédito. ¿Una carta de Violet?

―Sí, ambos pudimos leerla. En ella presentaba al gobernador, explicaba el vínculo que le unía con el capitán Williams y daba fe de sus credenciales, de su heroísmo y su gran labor como gobernador, pero, ante todo, de sus constantes referencias a una joven dama que le cautivó en el puerto.

―No comprendo nada, Heather. ¿Violet también lo sabía?

―Sí, ella dijo que jamás había oído hablar a un hombre con tal determinación de cumplir con su sueño de formar una familia contigo.

Pero el gobernador nos hizo una petición extraña: no quería que padre te comunicase la noticia, quería tener la oportunidad de que te enamoraras de él.

Tú estabas tan reacia al matrimonio y a aceptar pretendientes que no nos quedó otra opción más que forzarte a considerarlo.

―Fingisteis que la familia atravesaba problemas económicos ―concluyó Bella. Todo encajaba. Ellos sabían que amaba a su familia y que si sabía que pasaban apuros económicos trataría de encontrar un esposo.

―Sí. Fue algo que se me ocurrió a mí. Sabía que no serías mala hija y que recapacitarías de tu comportamiento tan pronto como el título y el condado estuvieran en riesgo. Así que le planteé a padre esta posibilidad y yo misma me encargué de esparcir el rumor para que llegara a ti.

―Entonces, todo cuanto sucedió después ¿fue cosa vuestra?

―No todo, por supuesto. Padre y yo decidimos contenernos en nuestra misión de instarte a considerar que aceptaras bailes, paseos o encuentros con otros candidatos.

De hecho, ha sido una ardua tarea mantener a la señora Ambroise y a su hijo a raya durante la temporada.

La señora casi había encumbrado a su hijo como tu futuro esposo.

―Es un caballero agradable pero no me atraía como para considerarle.

―Es comprensible, Bella. Cada día que pasaba lucías más enamorada y eso te hacía parecer más radiante. Varios caballeros se interesaron por ti mas padre les desalentó. También nos ausentamos en los momentos adecuados y os dejamos a solas aunque no tuvieras carabina.

Isabella no daba crédito. Su padre, ejemplo de rectitud y buenos modales, que siempre le recriminaba por cualquier falta, había permitido sus encuentros con James a escondidas. Se sonrojó al pensar en cuánto podía haber advertido realmente su padre que ocurría en sus ausencias.

―¿Y padre estuvo de acuerdo?

―Sí. Aunque al principio no estaba muy conforme.

Le comenté que generar esos momentos te daría la oportunidad de conocer de forma natural al gobernador y si Dios quería, que te dieras la oportunidad de cambiar de opinión.

Te prometo que, tras vuestro primer encuentro, cuando vi la tensión que había entre vosotros pensé que el gobernador te amaba en vano y que conquistarte sería algo imposible.

Pero su compromiso contigo era muy grande.

―¡Pero si no hacía otra cosa que provocarme! ―saltó Bella de pura frustración.

―¿Y acaso no es lo que te ha hecho cambiar de opinión sobre el matrimonio? ¿Acaso no le amas por ello? ¿prefieres a un esposo barrigudo que no te atienda y que se empeñe en conversar sobre los pájaros o las rutas de pesca?

―No, desde luego que no. James… él me hizo vibrar desde el primer momento.

―Eso es auténtico, Bella. Puede que este resultado llegara con ciertas artimañas en las sombras por nuestra parte, pero puedo prometerte, por el amor de hermana que te tengo y el cariño de nuestra madre difunta, que nunca nadie hizo esto con mala intención.

James te amaba antes del inicio de la temporada, padre solo deseaba que fueras feliz y yo, solo quería verte enamorada.

Puedes creerme cuando te digo que el gobernador habló con padre para deshacer este entuerto en varias ocasiones. Se sentía culpable.

―Oh, Heather, no sé qué hacer. Estoy muy confundida.

Se que debería odiarte por participar en esto e incluso, de suavizar lo que imagino, habría sido bruscos intentos de padre por acercarme a James.

Se que debería odiar a padre por mantenerme en la oscuridad y mentirme.

Y sé que debería estar muy enfadada con James por no haberme confesado desde el principio sus sentimientos.

―Sentir todo eso es normal, Bella, pero quiero hacerte una pregunta ¿lo habrías aceptado?

―¿El qué?

―¿Habrías aceptado al gobernador si el primer día te hubiera confesado su amor y hubiera pedido tu mano?

―No, al contrario, le habría rechazo abiertamente. Después de nuestro primer encuentro jamás…

―Entonces, ¿acaso, en el fondo de tu corazón, no te alegras de haber vivido todo esto con él? ¿Acaso no te duele más estar separada de él?

―Estaba dispuesta a irme con él, ¿sabes? Dispuesta a renunciar a mi vida aquí y marcharme a Bahamas. Ser la típica señora de la alta sociedad, con responsabilidades.

―¿Y eso no te lo dice todo?

―No lo sé.

―No te preocupes, lo sabrás llegado el momento.

Y con esa pregunta lanzada al aire, Bella Cavendish se quedó reflexionando porque, por mucho que sus sentimientos crucificaran a James por sus acciones, sabía que, en el fondo, su hermana tenía razón. El único problema era sentirlo. No estaba preparada para ello.

La noche casi había llegado cuando Bella hizo acto de presencia en la propiedad.

La presencia a casa de su hermana le había desestabilizado, por una parte, y aportado paz por otra.

Había ido con la intención de confesar sus sentimientos a su hermana, obtener su apoyo y revelar todo lo ocurrido con su padre y James y, al final, había sido blanco de una confesión de su propia hermana e incluso, de la escurridiza Violet que se había empeñado en enviar una dichosa carta desde algún lado al otro lado del océano.

En parte, había odiado a Heather por participar en la artimaña pero, al mismo tiempo, sabía que no había nada que su hermana hiciera con maldad.

No era capaz de ello. Nunca lo había sido aun cuando su suegra le había tratado fatal.

Con un tono firme pero educado terminó dejando clara su postura y eso, le decía mucho de su hermana.

Por tanto, el impacto de sus palabras fue importante.

Le había dicho que James acudió a su padre totalmente enamorado y que su intención de cortejarla durante la temporada respondía a una necesidad de que ella le aceptase no por obligación sino por amor.

No podía negar que todo lo vivido con James había sido tan excitante como irresistible.

Sus conversaciones, sus discusiones, sus encuentros románticos…

todo había llegado en el momento justo y ella, no se había sentido forzada a nada.

Lo había vivido, experimentado y sentido con la misma inocencia de quien conoce y se enamora por primera vez.

Nunca percibió que James tratara de jugar con ella, que le hiciera promesas vanas para encandilarla ni que le fuera a abandonar.

Puede que fuera una buena persona sin embargo eso no quitaba que sus mentiras le habían dañado y ahora, no sabía si sería capaz de superarlo.