Capítulo 16 #3
―En cualquier caso, todos los pretendientes cometieron un mismo error ―dijo ella a sabiendas.
―¿Y puedes decirme cuál es? ―preguntó cayendo en la trampa de su compañera ― De esta forma tomaré nota con atención.
―Pretendían convencerme de que serían convenientes maridos para mí antes de lograr que yo anhelase tener uno.
―Parece una diferencia bastante notable, Isabella. Entonces, si alguno de esos caballeros hubiese conseguido despertar un sentimiento que te inclinase al matrimonio, ¿lo habrías considerado?
Bella no pudo escapar a la pregunta ni a la ligera fuerza que su mano derecha estaba aplicando sobre su espalda. Él necesitaba esa respuesta y Bella tuvo claro que la pregunta no estaba enfocada a sus ocho pretendientes fallidos sino a algo diferente.
―Tal vez…
James la miró con determinación de quien se encuentra en el filo del precipicio. Esa conversación estaba siendo la más reveladora hasta el momento y no pensaba desaprovecharla.
―Y dime, ¿la falta de anhelo sigue siendo un inconveniente?
―Dependería del hombre, por supuesto.
―Naturalmente ―respondió él viviendo en una agonía absoluta. ¿Por qué alargaba ella el momento de darle una respuesta? La miró con ligero enfado.
―Aunque debo reconocer que uno de ellos ha logrado una considerable ventaja frente al resto.
― ¿Podría precisar cuánto de considerable?
―Lo suficiente como para que haya contemplado muy seriamente posibilidades que antes me parecían absurdas, gobernador.
―¿Entre ellas el matrimonio?
―Desde luego― respondió ella finalmente para el placer de ambos mientras regresaban a sus posiciones iniciales en el salón y realizaban la reverencia.
Ambos se miraron con anhelo. Sus respiraciones estaban entrecortadas y aunque James condujo a la joven a un extremo de la sala solo estaba pensando en cometer una imprudencia. Y con Dios como testigo, estaba dispuesto a hacerla.
Con cuidado se puso por detrás de la joven y le instó a que se reuniera con él en el jardín trasero durante el siguiente baile.
Ella le miró con sorpresa y también, con deseo.
No podía evitarlo: por James Johnson estaba dispuesta a cometer la mayor imprudencia de todas.
Así que, cuando él salió primero del salón sin llamar la atención ella esperó unos minutos.
Cuando las primeras notas regresaron a la sala, ella hizo lo mismo.
Apenas unos instantes después, se encontraba paseando por el jardín con pasos ligeros buscando en la oscuridad a James hasta que uno brazo fuerte y decidido la atrapó y la arrastró.
Ella se dejó llevar y terminó entre un gran seto y James.
El beso apenas se hizo esperar. Habían deseado este instante desde hacía días y la tensión de lo vivido, las dudas, el deseo y la profundidad de su última conversación solo había aumentado el significado de aquello.
James abandonó la seguridad de sus labios para besar su cuello.
Exploró y se dejó llevar hasta alcanzar el lóbulo de su oreja, un lugar tan pequeño como origen de disfrute para la joven.
Ella, que recién estaba descubriendo los nuevos límites a los que el contacto físico podía llevarla, dejó que las manos de él jugaran con sus pechos mientras su lengua jugaba con su oreja y mordisqueaba su lóbulo.
Gimió. Gimió con cuidado, pero sin reprimirse.
Y por eso, alentó a James a levantarle la falda.
Él se separó un instante y sus miradas se cruzaron.
Había un fuego incandescente en la mirada de ella que llevó a James a la perdición más absoluta.
Lo supo desde el primer instante en que la vio en el puerto.
En el momento en que ella respondió a su provocación con un dardo lleno de fuerza.
Y lo revivía cada noche con su primer beso y la primera vez que sus cuerpos se encontraron con pasión.
―Isabella, que Dios se apiade de nosotros.
Ella sonrió y se propuso que ambos disfrutaran de ese momento pues a su ansia por el recorrido que las manos de él estaban llevando se animó a desabrochar el pantalón de él para facilitar la salida de su miembro.
Bella, envalentonada por el momento, recorrió con cuidado su miembro por primera vez.
Así que cuando él no pudo resistir más el fuego que ella desprendía se sumergió con cuidado para descubrir que ese fuego no era nada comparado con el magma de su interior.
Con movimientos rítmicos, él entraba y salía de ella mientras sus labios seguían devorándose con deseo. Ella estaba disfrutando mas él se encargaba de reprimir cada uno de sus gemidos. No podían permitirse el lujo de ser descubiertos.
Justo cuando ella creía que no podía resistir más la presión llegó una liberación absoluta que le instó a morder el hombro del caballero antes de gritar.
Su cuerpo se relajó poco a poco mientras James se movió por última vez.
Los cuerpos de ambos estaban extasiados, exhaustos y acelerados.
No podían respirar con normalidad y cuando Isabella pensó que todo había terminado ocurrió algo que le dejó sin palabras.
―Isabella Cavendish, ¿quieres casarte conmigo?