La irresistible Lady Isabella (Cavendish nº 5) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

―Desde luego, padre ―respondió ella de inmediato mordiéndose el labio inferior. Ese gesto fue advertido por el gobernador quien se centró en sostener con más fuerza el sombrero de copa para no ceder a los deseos que esa provocación escondida le generaba.

―Entonces está decidido, nos complacería que se quede a cenar con nosotros, aunque puede que un hombre como usted tiene quehaceres que atender.

―Al contrario, conde. Me avergüenza decir que soy un gobernador ocioso desde que he llegado a tierra firme.

―No se preocupe, gobernador. La temporada social le mantendrá ocupado.

―Creo que el contrapunto se encuentra en saber escoger las compañías adecuadas.

―¿Y lo ha hecho, gobernador? ¿Las ha encontrado?

―He encontrado una que, particularmente, encuentro muy satisfactoria.

―¡Eso es maravilloso, sin duda! Por experiencia recuerdo que la temporada puede llegar a ser bastante asfixiante para los caballeros y más para lo que están tan codiciados como usted.

Bella apenas escuchó la última intervención de su padre pues las palabras de James ocultaban una confesión directa provocando que el libro que Bella sostenía en sus manos cayera al suelo.

Los presentes se giraron para ser testigos de la torpeza de la joven, pero ninguno dijo nada.

Sin embargo, la conversación siguió adelante durante más de una hora permitiendo que los tres intervinieran de manera animada, casi familiar.

Sin apenas darse cuenta, Bella sintió una cercanía cálida en ese momento.

La conversación tan distendida, animada y sin propósito oculto que estaban manteniendo le transmitía tranquilidad y, ante todo, una comodidad que encontró satisfactoria.

No encontró reto ni rivalidad en la mirada de James.

No trató de llamar su atención con miradas lascivas ni dobles mensajes ocultos.

Era tan normal que casi no podía creerlo.

De manera inesperada alguien llamó a la puerta.

El mayordomo anunció al conde que el administrador de la finca requería su presencia de manera urgente pues un problema con unos jornaleros requería de su atención.

El conde se ausentó lamentando abandonar tan extraordinaria conversación y se marchó dejando solos a dos jóvenes.

―¿De verdad paseaba por la zona y decidió venir? ―preguntó la joven una vez que la sala quedó en calma. Quería mirarlo a los ojos. Lo deseaba. Pero el decoro y ella misma le frenaban.

―Creo que puede resultar más convincente que confesar que tenía ganas de verla, ¿no cree?

No pudo resistir. Levantó la mirada y allí estaba la suya. Apenas a dos metros de distancia se encontraba la solución a todos sus problemas y también, la causa viva de ellos. Y se dejó llevar. Lo necesitaba.

―Sin duda, sí, sería más práctico.

Ambos se miraron durante un instante sin decir nada. Sonrieron.

―Gracias… James ―dijo ella entre susurros provocando una excitación directa en él. Le había llamado por su nombre de pila y nada le parecía más satisfactorio.

―¿Por qué? ¿por pasear por la zona o por desear verla?

―Por ambas, pero, ante todo, por este momento. Puede que le resulte extraño, sin embargo, desde la partida de mi hermana apenas… Bueno, lo que quiero decir es que ha hecho muy feliz a mi padre con su visita.

―¿Por qué evita lo que desea decir, Isabella?

Bella Cavendish siempre se había jactado de ser directa, clara y valiente. Cualidades poco atractivas en una dama de su posición y con necesidad de un marido mas era evidente que James Johnson no era un pretendiente cualquiera. Así que, sin llegar a tener claras las cosas, se confesó.

―Porque todavía no sé lo que deseo. Las cosas eran mucho más sencillas cuando le detestaba.

James permaneció callado. Bella había esperado algún comentario ingenioso o quizá una de sus media sonrisas que lograba deslumbrarla, pero no llegó ninguna de ellas.

―No recuerdo que las cosas hayan sido especialmente sencillas entre nosotros, Isabella.

―Para mí sí. Sabía perfectamente qué esperar de usted. Sabía que nuestras conversaciones siempre comenzarían irritándome. No había dudas.

―¿Y ahora qué se está preguntando? ―preguntó con necesidad imperante.

―Ahora no sé qué está haciendo, James.

Hubo una pausa.

―En estos momentos estoy tomando un té en el salón de su padre intentando mantener, por primera vez, una conversación civilizada con usted.

―Sabe perfectamente a qué me refiero.

James dejó escapar un suspiro. Por supuesto que sabía a qué se refería la dama, pero, al igual que ella había confesado, estos momentos también resultaban complicados y confusos.

La zona de los juegos de palabras, las provocaciones y las respuestas agudas le resultaba cómodo porque sus sentimientos no se evidenciaban de ninguna forma, pero desde su último encuentro tenía claro que iba a resultar imposible ocultarlos.

―Sí, lo sé.

Bella se levantó como un resorte del sofá incapaz de mantener la compostura por más tiempo.

Aquella inevitable conversación le estaba poniendo nerviosa pues nunca había tenido que confesar abiertamente sus sentimientos a un caballero.

Siempre había sido al revés y por primera vez, se puso en el lugar de aquellos pretendientes y eso le inquietó.

Se preguntó si realmente eso era lo que estaba haciendo así que comenzó a moverse nerviosa por la sala tratando de encontrar las palabras adecuadas.

―Estos últimos dos días han sido… no sé cómo describirlos. Después de estar semanas apareciendo constantemente en mi vida y de encontrar cualquier excusa para importunarme pensé que quizá…

―Bajo ninguna circunstancia me arrepiento de lo ocurrido entre nosotros, Isabella ―confesó de inmediato James levantándose para encontrarse junto a ella.

Había interpretado un mensaje desesperanzador en el tono de la joven y quería dejarle las cosas claras―.

Debe comprender que la otra noche traspasamos unos límites que se consideran fuera de la decencia y asumí que debía darle cierto espacio para reflexionar sobre ello.

Para saber si debía censurar mi atrevimiento o si por el contrario… si lo había encontrado tan…

―No le temía por un hombre indeciso, gobernador.

―Con usted estoy descubriendo nuevas facetas de mí mismo, señorita. Puede creerme.

Y durante un infinito que pareció suspendido entre sus miradas ambos declararon silenciosos sus intenciones hasta que ella tomó la iniciativa.

―James, yo…

Tres golpes rápidos contra la puerta la interrumpieron provocando una reacción rápida en ambos. Separaron sus manos y cuerpos obligándose a ocupar sus anteriores posiciones en los sofás antes de dar paso a la persona.

―Disculpe la interrupción, señorita Cavendish. Tengo un mensaje urgente de casa del duque de York.

―¿De Heather? ¿A estas horas? ―Bella extendió la mano para recoger la carta y la leyó con atención.

Se llevó la mano a la boca asustada y su cuerpo comenzó a temblar preso del pánico ― Mi cuñado me informa que mi hermana Heather se ha puesto de parto y solicita mi presencia.

Dice que está muy nerviosa y que está sufriendo mucho.

Bella no podía pensar con claridad. Las palabras de su cuñado le habían preocupado y sus manos comenzaron a temblar. Ella no fue consciente de que el mayordomo todavía esperaba sus indicaciones de pie junto al sofá.

―¿Dónde se encuentra el conde? ―preguntó James tomando el relevo ante el mutismo de la joven que parecía impresionada.

―Todavía no ha regresado, señor gobernador. Continúa reunido con el administrador y no puedo precisar su regreso.

―De acuerdo, creo que lo mejor será que envíen a alguien para avisarle y diga que preparen mi carruaje.

―Señor, el conde dispone de caballos para…

―Desde luego, pero tiene que avisar a demasiadas personas para que todo quede dispuesto y, sin embargo, mi carruaje está fuera esperando.

La voz de James consiguió que Bella regresara del limbo de pánico en el que se encontraba. Había tomado la decisión por ella y aunque todavía no podía reaccionar o pensar con claridad, lo agradeció.

―No esperaremos a su padre, señorita. Nos marcharemos ahora mismo.

Él podrá reunirse con nosotros cuando regrese a casa o tan pronto logren transmitirle la noticia ―dijo el caballero con determinación sin retirar la mirada de ella.

Después, cambiando su atención al mayordomo continuó ―.

Debe retirarse ahora mismo y disponer según le he indicado.

―James, ¿está seguro? No quisiera ocasionarle inconvenientes, yo…

―No tenemos tiempo que perder.