Capítulo 9 #4
―Pero acaba de calificar nuestro baile como ridículo y poco apasionado. Algo que, si me lo permite, me sorprende teniendo en cuenta que su foco de atención se encontraba al otro lado del salón.
James volvió el rostro para ver a la joven.
Había sido esa última frase lo que había permitido al gobernador advertir algunas de las señales en la joven.
Pero, en esta ocasión, no se sentía con ganas ni con fuerzas de continuar con las provocaciones que parecían emanar de la joven.
Necesitaba salir de allí así que emprendió de nuevo el camino hacia la salida.
―Si prestó atención a mi baile es que su conversación con la señorita Emerald no resultaba tan agradable o interesante como parecía.
―No creo que debamos seguir con esta conversación, señorita Cavendish ―respondió él siguiendo su camino mientras ella caminaba varios pasos por detrás enfadada.
―¿Por qué no deberíamos? Hace un instante se ha sentido cómodo juzgando mi compañía, creo me siento en el derecho de hacer lo propio.
James respiró profundamente antes de responder.
―Tiene razón. No debería haberlo dicho. Ese caballero puede solicitar tantas piezas como desee y usted es completamente libre de aceptarlas. No es asunto mío.
La respuesta en lugar de calmar a Bella logró el efecto contrario.
―Por supuesto que no es de su incumbencia.
Bella no sabía si empujarle, pegarle, tirarse de los pelos y gritar de pura frustración. Aquel hombre era incorregible, exasperante, egocéntrico y un completo idiota. Y terminó preguntándose si había perdido el juicio al haber experimentado una emoción positiva hacia él.
―Entonces estamos de acuerdo.
James siguió caminando hasta que ella no aguantó más.
―¿Se marcha porque he bailado con otro hombre? ―gritó ella de nuevo incapaz de dejar la conversación con él como victorioso y ella con la duda.
James se detuvo. Esa mujer le haría perder aún más la razón. ¿Por qué se empeñaba a empujarlo hasta el abismo?
―Isabella…
―Eso no es justo, gobernador. Hace un instante usted estaba conversando con Emerald y yo no he decidido marcharme.
Él permaneció de espaldas unos segundos antes de volverse totalmente incrédulo. La joven no había reparado en que la había llamado por su nombre de pila. Por su bien debía dejar las cosas claras. No quería una nube oscura sobre ellos.
―El padre de Emerald era un buen amigo de mi padre.
Solo estaba tratando de ser amable. No existe ningún otro motivo para nuestra conversación ―se justificó él hablando con total franqueza, aunque no sabía si la joven estaba dispuesta a creerle.
Nada había entre Emerald y él. Nada salvo un sentimiento de hermandad que solo los años de juegos pueden aportar.
―Pues ella parecía no comprender el concepto de fraternidad.
Esta vez James la miró con determinación y por su reacción Bella sintió que había sobrepasado un límite invisible en su relación. Pero ya era tarde. Se dio la vuelta convencido de que había perdido una batalla decisiva.
―Esto es absurdo, señorita Cavendish. Regrese dentro y continúe con su animada velada.
Isabella Cavendish sintió algo irrefrenable dentro de ella y sin poder evitarlo gritó al caballero que tanto deseaba que se diera la vuelta para mirarla.
―¿Eso es todo lo que va a decir? ¿De verdad quiere que regrese y baile con el hijo del conde?
James no pudo más. Se dio la vuelta tan rápido como esas palabras fueron dichas incapaz de poder contener más la formalidad que había tratado de demostrar.
Se acercó todo cuanto pudo a la joven y ambos retrocedieron hasta una zona protegida por los matorrales que prácticamente les concedía una intimidad divina.
La distancia entre ellos era tan pequeña que apenas podía sostenerse un suspiro entre sus rostros.
Ambos lucían acalorados por la discusión.
La tensión les había conducido a un extremo tan intenso que apenas podían pensar de manera racional.
Pues no había razón en lo que ellos estaban experimentando en estos momentos. Ella lo sabía y él también.
―¿Está celosa, señorita Cavendish?
Bella abrió los ojos sorprendida por su pregunta. Podía seguir negando lo evidente una y mil veces mas su corazón le gritaba que dijera la verdad.
―¡No lo sé!
Él se acercó todavía más. El cuerpo de él había atrapado a la joven obligándole a permanecer apoyada sobre el tronco de un árbol. No tenía escapatoria, pero Bella tampoco la buscaba. James buscó su rostro con su mano y recorrió su barbilla con cuidado generando una fricción exasperante para ella.
―Entonces, ¿qué es lo que quiere?
―¡No lo sé!
Y era verdad. Ella no sabía si lo que experimentaba eran celos, frustración, enfado u otra cosa.
Nunca había sentido algo así por ningún otro hombre, pero lo que sí tenía claro es que ese caballero le exasperaba, irritaba, excitaba y enloquecía a partes iguales así que cuando el calor empezó a acumularse entre ellos de una manera insostenible ella solo pudo posar su mirada en los carnosos labios de él que parecían empeñados en provocarla.
―¿Quiere que la bese?
―Por Dios, sí.