La irresistible Lady Isabella (Cavendish nº 5) Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

Pero justo al retirarse para dejar atrás la conversación con ellas se dio cuenta de algo: James ya no estaba en el mismo lugar. De hecho, no estaba en ningún sitio. Había cerca de treinta invitados en aquella sala y en ningún rostro reconoció esa mirada altiva y prepotente que estaba buscando.

Se disculpó con sus hermanas y sin llamar demasiado la atención, Bella se desplazó poco a poco por la sala, recorrió silenciosa algunos pasillos, los balcones y terrazas antes de darse cuenta de que James se había marchado.

Eso le frustraba todavía más así que sale al exterior con esperanza.

Y allí, de camino al jardín de la condesa lo encontró.

―¡Gobernador! ¡gobernador!

James se detuvo después de escuchar su grito por segunda vez. Por un instante, Bella tuvo la impresión de que estaba fingiendo no escuchar.

―Señorita Cavendish ―respondió de manera seca sin darse la vuelta para mirarle. Eso le molestó todavía mal. Era una descortesía.

―¿Se marcha?

Bella no comprendía cómo teniendo un carácter tan retador era incapaz de enfrentarse a ella así que bordeó su figura hasta colocarse delante de él. Le obligó a mirarla. Pero él no lo hizo.

―Eso parece, la velada no ofrece nada interesante.

―Pero el baile no ha terminado todavía.

―He tenido suficiente por esta noche.

Eso no sonaba propio de James. Tampoco conocía tanto al caballero, pero algo dentro de ella le decía que había mucho más detrás de sus palabras.

En esa ocasión no había provocación o tensión entre ellos, al contrario, su mirada cabizbaja transmitía algo muy diferente.

Ella no lo sabía interpretar. Mirarle activó su corazón.

Había salido al exterior, en parte, dispuesta a reprocharle por la atención que había demostrado en Emerald, pero sobre la que no tenía ningún derecho a reclamar. Pero esa necesidad de comprender qué le ocurrió se impuso a todo lo demás.

―Me alegra haberlo encontrado antes de que se marchara, gobernador. Quería darle personalmente las gracias por Estrella.

James volvió finalmente los ojos hacia ella y Bella vio algo diferente en ellos.

―No tiene que hacerlo.

―Por supuesto, que sí, Estrella es un regalo extraordinario. No me siento merecedora.

James abrió la boca sin embargo Bella, nerviosa y con decisión, continuó antes que él pudiera responder.

―Esta mañana, tras despertar, he salido a cabalgar con ella y ha sido… no puedo describir cuánto lo echaba en falta.

―Me complace escuchar eso, señorita Cavendish ―respondió el caballero sintiendo cómo la rigidez de su cuerpo cedía ligeramente ante las palabras de ella.

―Quería que supiera que significa mucho para mí. Aunque, sigo sin comprender por qué lo ha hecho.

James sostuvo su mirada apenas un instante ante de apartarla. Aquella mujer le abrasaba el cuerpo y la razón. Se tomó demasiado tiempo en responder, pero necesitaba serenarse. Estaba experimentando los celos por primera vez y no lo sintió digno.

―Tenía usted razón. Apenas tengo espacio en mis caballerizas y Estrella se sentía cohibida. Su terreno es más grande y podrá cabalgar con mayor plenitud. Es una pura sangre y sería un desperdicio que no se aprovechasen sus virtudes.

Bella lo observó con incredulidad y pensó si verdaderamente esa era la explicación a su regalo.

Algo tan práctico y frío. Pero James había pronunciado aquellas palabras con un tono tan impecable que hacía sospechar a Bella.

Sin duda, había algo más y necesitaba saberlo.

Atrás quedaba su rabia hacia Emerald. Solo le importaba esa explicación y el por qué él se empeñaba en retirarle la mirada.

―¿De verdad?

―Desde luego.

Bella juró que aquel hombre era exasperante y demasiado hábil ocultando sus explicaciones. Ningún caballero regalaba un animal tan preciado como Estrella únicamente por falta de espacio. Vendiéndolo habría obtenido su objetivo y una buena suma por ello.

James se colocó el sombrero con rapidez que Bella lo encontró irritante. ¿De verdad deseaba huir? ¿Huir de ella?

―Ahora si me lo permite, tengo intención de marcharme.

―Creo que no está diciendo la verdad, gobernador ―dijo ella dando varios pasos para alcanzarlo. No permitiría que se fuera y durante un instante, se quedaron uno frente al otro.

―Puede creer lo que quiera, señorita.

―¿Por qué me la regaló? Quiero escuchar la verdad.

Se hizo el silencio. Él levantó la mirada.

Estaba dolido, enfadado, crispado y arrepentido.

Sentía toda una marea ingobernable en su corazón.

Sentía vergüenza por su comentario de hacía días, pasión por el beso compartido, tensión por la situación, celos por la llegada del caballero.

Necesitaba salir de allí lo antes posible o su discusión de esa noche sería el menor de sus problemas.

―Respóndame ―ordenó Bella con tono autoritario lo que terminó de desarmar al caballero.

James vio cómo la joven le retaba con la mirada, con su cuerpo y con su presencia y no pudo más.

―Porque considero que son la pareja perfecta. Sus temperamentos son casi idénticos. Ambas son orgullosas, independientes y bastante difíciles de convencer. Las dos parecen necesitar un espacio más amplio del lugar que las encierra.

Bella permaneció en silencio tratando de comprender la profundidad de sus palabras.

Quería abrazarlo. No sabía explicar el motivo, pero deseaba hacerlo.

Pues, aunque su mirada ahora fuera muy diferente a la que había encontrado días atrás, le transmitía una vulnerabilidad que le arrollaba.

Así que, por primera vez, dejó las armas en el suelo.

―Creo que, viniendo de usted, ha sido un complido.

―Lo es, desde luego.

―Gracias.

El silencio surgió de nuevo ocupando casi más espacio que ellos y forzando una incomodidad que resultaba palpable en el ambiente. Ella no soportaba el silencio. Nunca lo había hecho y si se sumaba la mirada triste del caballero podía resultar una tortura para Bella.

―Será mejor que regrese dentro, señorita Cavendish. No quisiera retenerla por más tiempo.

―Podría regresar conmigo ―dijo casi rogando tratando de que su tono no sonara tanto a súplica sino a sugerencia. Para su maltrecho plan, no lo logró.

―No creo que sea lo más conveniente.

Ella no esperaba esa respuesta. Había pensado en múltiples escenarios sin embargo su talante orgulloso siempre terminaba victoriosos con un caballero retornando a la sala a su lado.

Ver que él se oponía a estar tiempo con ella a sabiendas de que había disfrutado de la compañía de otra mujer…

le enfurecía y eso, provocó que un dique se rompiera sin que ella supiera qué significaba.

Y no le gustó. ¿Por qué ese hombre era capaz de que sus sentimientos pasaran del enfado a la empatía y a la rabia en apenas unos instantes?

―Antes parecía estar disfrutando. Mantenía una conversación muy animada con la señorita Emerald.

James volvió los ojos para mirarla. Ella había pronunciado el nombre de la otra dama con una aspereza y rechazo que no pasó inadvertida para ninguno de los dos.

―Podría decir lo mismo de usted y ese ridículo baile tan poco apasionado que ha compartido con el hijo del conde.

Bella sintió como si su estómago diese un vuelco. Ese comentario indicaba que efectivamente había estado pendiente de ella.

―Vaya, me asombra que conozca el nombre del caballero que ha encontrado mi compañía estimulante.

James apretó la mandíbula. Sabía que debía irse si no quería estropear las oportunidades con la joven, pero verle con aquel hombre había destrozado algunas cosas dentro de él.

Hasta el momento había hecho un gran esfuerzo por contenerse pues no tenía derecho alguno sobre la joven a pesar de haber compartido un beso que jamás podría olvidar.

Sin embargo, la forma en que ella le rebatía parecía poner a prueba su voluntad.

―Desconocía su nombre hasta que ha sido el tema de conversación de toda la sala. Pero, al parecer, todos los presentes encontraban más que aceptable las atenciones que el caballero le prodigaba.

―¿Y qué tiene eso de malo, gobernador? Es un caballero agradable, correcto y atento. Ha tenido la consideración de acercarse para conversar cuando he llegado y de pedir un baile. No encuentro censurable su comportamiento.

―Ningún reproche puede hacerse al caballero ―añadió James dudando de que un hombre así pudiera llamar la atención de la joven.