Capítulo 7 #2
Bella bajó al comedor a una hora bastante más tardía que de costumbre, pero estaba cansada debido al poco descanso que sus pensamientos le habían permitido.
Sin embargo, no quería que nadie apreciara su derrota así que se repitió a sí misma que se encontraba bien y así, poder modificar su semblante.
Cuando entró en el comedor encontró a su padre oculto tras un periódico y a su embarazada hermana Heather tomando una taza de té. Alfred, su cuñado, sentado al otro lado de la mesa parecía más interesado en los bollos que había horneado la cocinera que en cualquiera de los presentes.
Bella ocupó su lugar tratando de no llamar la atención.
―Buenos días.
Heather levantó los ojos hacia ella y pronto se dio cuenta de que su hermana parecía agotada.
―Buenos días, querida hermana. Comenzaba a preguntarme si tendríamos el placer de tu compañía antes del almuerzo. Confío en que la fiesta no resultara demasiado agotadora para ti.
―En absoluto. Esta mañana estaba tratando de decidir qué vestido ponerme y no aprecié la hora. He descansado perfectamente.
La mentira salió rápida de su boca. Tan rápida que captó la atención de una atenta Heather que parecía dispuesta a observar cada minucioso detalle de ella.
―Me alegra saberlo, querida hermana. Cuando te vi abandonar el salón pensé que no te encontrabas bien. Seguro que el calor te sobrepasó…
Bella no pudo reprimir su incomodidad. ¿Le había visto marcharse?
Eso le llevó a preguntarse si también había sido testigo de su encuentro con el gobernador.
En ese instante, supo que sus posibilidades de un desayuno e incluso, de un día tranquilo, habían terminado.
Trató de confiar en que su hermana no delatara su comportamiento en caso de saber la verdad.
―Exacto, necesitaba tomar el aire fresco. Nada que merezca mayor consideración.
―Por supuesto, por supuesto ―respondió Heather con una sonrisa casi imperceptible pero que, sin duda, no era propia de ella, antes de seguir tomando el té. En ese instante, Bella maldijo para sí misma.
―No comprendo por qué me miras de esa manera, Heather.
―¿De qué manera?
―Como si esperases que añadiera algo más.
―Al contrario, Bella. Pero me sorprende encontrarte tan a la defensiva de buena mañana. Que yo recuerde, necesitabas que Violet te provocara un poco más antes de responder como una gata asustada.
―No estoy susceptible, querida hermana ―respondió tan rápido como pudo para acallar a su hermana. Estaba incrédula ante la forma en que su hermana parecía dispuesta a llamar la atención de su comportamiento ante todos. ¿Qué pretendía?
―Heather, ten la amabilidad de no desquiciar a tu hermana antes del almuerzo ―interrumpió el señor de la casa tratando de apaciguar la extraña tensión que había crecido entre las hermanas ―. No sé si lo recuerdas sin embargo algunos apreciamos el silencio.
Aprovechando que la paz volvió a reinar durante unos instantes en el comedor, Bella comenzó a pensar rápido.
Si su hermana le había visto a solas con el gobernador podía existir un conflicto importante en la familia pues no había motivo alguno que justificara aquello.
Por tanto, necesitaba resolver su imprudencia de manera rápida para evitar un escándalo, una reprimenda y, al mismo tiempo, una crisis familiar.
Su hermana le había dejado claro que la familia no podría superar otra negativa a la lista de rechazos y que tampoco podían permitirse otra temporada.
Si llegaba a oídos de su padre que se había visto a solas con el gobernador estaría condenada a un matrimonio con él. Necesitaba ser rápida.
―Hay algo que me gustaría comentar.
El señor de la casa dejó el periódico y dirigió la mirada a su hija. Su cuñado, con la boca llena, trató de masticar rápido por si requerían que interviniese en la conversación; y Heather, complacida, dejó la taza en la mesa y entrelazó las manos expectantes.
―Te escuchamos, hija ―dijo el conde.
―He pensado mucho en nuestra discusión de hace algunos días sobre mi futuro, padre ―comenzó tratando de hacer alarde de un tono despreocupado propio de ella ―.
Sé que en ocasiones puedo ser poco razonable y que mi comportamiento hacia los caballeros no ha sido el más adecuado.
También reconozco que ocho pretendientes rechazados son demasiados si bien encontré razones de peso para no tenerlos en consideración como maridos.
Alfred tragó. Heather se inclinó hacia delante en la mesa y el conde escuchó con más atención totalmente incrédulo por el rumbo que estaba tomando esa declaración.
―Lo que intento decir es que… he decidido afrontar esta temporada de otra manera. Estoy abierta a conocer a nuevos caballeros que se puedan considerar adecuados para mí sin prejuicios ni censura.
Bella se sintió liberada. Pensó que decirlo causaría satisfacción entre los presentes sin embargo el conde permaneció en silencio al igual que Heather y Alfred.
―Si soy sincera, no esperaba esta reacción.
―Perdona nuestra falta de entusiasmo, hermana, pero teniendo en cuenta tu historial comprenderás que necesitemos un tiempo para comprobar si tu palabra tiene valor.
―Lo digo de verdad. Esto no quiere decir que acepte la propuesta del primer caballero que llame a nuestra puerta, pero, al menos, prometo estar receptiva y no ser severa en mis juicios.
―Una decisión sensata, sin duda ―dijo el conde, aunque su expresión no terminó de acompañar del todo sus palabras.
―No le entiendo, padre. Hace unas semanas habría celebrado mi decisión.
―Solo el tiempo dirá si es algo pasajero.
―De acuerdo, se lo demostraré. Anoche escuché a la duquesa hablar de que el sobrino de lady Pembroke regresa al condado en apenas unos días. Podría conocerlo.
Heather vaciló.
―Podrías, naturalmente. Aunque no estoy segura de que resulte muy adecuado para ti.
―Anoche escuché a Alfred hacer comentarios bastante afortunados sobre él. Alababa su buen juicio, su carrera militar y su tino en las apuestas de caballos. Parece un perfil aceptable.
―No me parece suficiente, hermana.
―¿No? ¿Y el hijo de lady Ambroise? Todavía no ha regresado de su estancia en París, pero su carrera será prometedora. Además, heredará el título de conde y podría ser un gran candidato.
― Bella, no hay necesidad de convertir esta temporada en una exhibición de pretendientes. Si has decidido conceder mayor atención a quienes conozcas, me doy por satisfecho. Lo demás está por venir.
Bella pasó la mirada de su padre a Heather completamente incrédula.
No daba crédito a lo que estaba viendo. Durante años le habían presionado para que aceptara a cualquier caballero, aunque fuera incapaz de sobrevivir a dos conversaciones con ella y ahora, que ella se mostraba dispuesta, ellos parecían empeñados en robarle su entusiasmo.
Sin embargo, dejó zanjada la conversación a sabiendas de que no podía lograr nada más con ellos.
―A propósito, he recibido una nota del gobernador Johnson esta misma mañana. Desea continuar una conversación que dejamos pendiente anoche sobre una posible inversión en la isla y nos ha invitado a tomar el té en su casa.
Bella sintió que su corazón se detenía de nuevo y dio gracias por haber tragado el pedazo de galleta antes de las palabras de su padre o habría llamado la atención.
Apenas habían transcurrido unas horas desde su último e inadecuado encuentro y ¿él les había invitado a su casa? No estaba preparada para encontrarse con él de nuevo. Y muchos menos para estar frente a él tomando el té tratando de eliminar el recuerdo de su proximidad y la intensidad de su mirada.
Se preguntó si el destino no podía ser más caprichoso.
Bajó los ojos hacia su taza y pensó en diez formas distintas de excusarse para no acudir.
―En ese caso, procuraré no interrumpirlos con mi presencia, padre. Hace tiempo que prometí visitar a algunas familias asociadas a la iglesia y podría ser una maravillosa tarde para ello.
―Bobadas, hija. Nuestra conversación no será larga y seguro que el caballero agradece encontrar compañía durante el té. Es un hombre muy interesante y sus historias nos harán la tarde muy entretenida. Por favor, complace a este anciano. No dudo que tu punto de vista logrará amenizar todo.
― ¿Mi punto de vista? ―preguntó contrariada.
―Oh, Bella. No dejarás ir solo a padre a una visita formal, ¿no es así? La invitación se ha extendido a los miembros de la familia y el gobernador podría ofenderse si padre acude solo.
Maldijo a su hermana. ¿Es que acaso su mirada no había sido suficiente para que Heather apreciara que no deseaba ir a casa del gobernador?
Pero por mucho que deseara mantenerse alejada del gobernador había algo mucho más importante que le impulsaba a aceptar: la prudencia. Su comportamiento o decisiones no podían advertir sus emociones así que, tragó saliva y pronunció unas palabras que bien podrían ser una sentencia.
―De acuerdo, iré.
Aunque Bella pensó que eso no quería decir que fuera a poner las cosas fáciles al gobernador.