La Invitada CAPÍTULO 66
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CAPÍTULO 66

LORENA

Déjame entrar

Hay alguien fuera. Está claro. Las niñas notan mi miedo. Se abrazan entre ellas. Yo estoy aterrorizada.

Las tres escuchamos cómo alguien intenta abrir la puerta delantera, después la trasera, luego las ventanas. Las niñas lloran y me preguntan quién hay ahí fuera. Y qué quiere. Eso mismo quiero saber yo.

Miro por las ventanas y veo un coche bastante viejo, un Opel, luego me quedo congelada cuando veo que quien está intentando entrar es David. No entiendo nada. Su mirada se cruza con la mía a través de una ventana.

⸺Lorena, abre, soy yo, he venido a rescatarte.

Me cuesta asimila lo que estoy viendo y oyendo. ¿Rescatarme de qué? ¿Qué hace David aquí? ¿Qué pinta David aquí? En cualquier caso, él está enamorado de mí, le gusto, lleva tiempo detrás de mí, haciéndome reír, trayéndome café.

Me dispongo a abrir la puerta, pero en el último segundo me vienen a la cabeza varias cosas.

Recuerdo lo que me decía Carlos que no era de fiar.

Recuerdo que me estuvo contando cosas de Verónica que al parecer no eran verdad, ¿por qué lo hacía?

¿Para ponerme nerviosa? ¿Para enfrentarme a Javier y acercarme a… él?

⸺¿Quién eres realmente, David? ¿Y qué quieres? ⸺Mientras le hago se pregunta también caigo en que el coche con el que ha venido no es el coche que decía que se había comprado. ¿Eso también era mentira?

⸺¿Quién voy a ser, Lorena? Soy yo, David, ábreme, anda, y hablemos ⸺dice intentando aparentar tranquilidad, pero en el fondo lo veo muy nervioso. También veo algo que me aterroriza. Tiene manchas de sangre en la camiseta.

⸺Lo siento, David, pero no puedo dejarte entrar.

Él cierra los ojos y respira apretando un poco los labios. Jamás le había visto esa cara.

⸺Mira, maldita zorra, sé lo que hiciste, y sé lo que le has hecho a Raquel, bueno, o a Ana, como tú lo conoces. Dime dónde está y ni a ti ni a las niñas os pasará nada.

No puedo creer lo que estoy oyendo, pero al parecer, David y Ana han estado juntos en esto desde el primer momento, el problema es que no lo puedo decir dónde está Ana, entre otras cosas porque, si mis cálculos no fallan, Ana ya debe estar muerta.

Niego con la cabeza y él pierde por completo la calma. Empieza a golpear la puerta con todas sus fuerzas gritando que abra, que nos va a matar.

Y a mí no me cabe ninguna duda de que lo va a conseguir. Primero abrirá, después entrará, y luego nos matará. Las niñas se abrazan a mí y yo a ellas.