CAPÍTULO 67
ANA
Todo ha salido mal
Pongo rumbo a la cabaña siguiendo las indicaciones de la nota que encontré en la cocina de Lorena. Y acelero lo más rápido que puedo. Debo llegar antes de que Ángel se vuelva completamente loco. Es capaz de cualquier cosa si piensa que estoy muerta.
Cuando veo a lo lejos lo que parece ser la cabaña de Lorena, todo a mi alrededor se llena de oscuridad. Si mis ojos no me engañan, la cabaña está ardiendo.
Acelero todavía más.
Las niñas están dentro.
Son mis sobrinas, las mismas que se llevó Lorena cuando asesinó a mi hermana y escapó del psiquiátrico.
Al principio que las habían dado en acogida.
Yo estaba demasiado mal para buscarlas. Para saber lo que había pasado.
Solo sabía que mi hermana ya no estaba, que había muerto a manos de alguna reclusa que no supieron identificar.
Terminé escogiendo el mal camino, acabé en la cárcel, conocí a Ángel, toqué fondo, pero después empecé a renacer, a querer saber qué había sido de mis sobrinas.
Encontré la paz interior, me perdoné a mi misma, y las empecé a buscar.
Me costó mucho encontrarlas, nosotras éramos de Madrid, y no tenía ni idea de que hubiesen terminado en Valencia. Pero así fue.
Conseguí que me dieran el tercer grado y en el primer fin de semana que tuve libre me fui hasta allí para comprobar que, efectivamente eran ellas.
Ángel ya llevaba un par de meses acercándose a Lorena.
Había conseguido entrar en su trabajo y el plan era desestabilizarla emocionalmente, poner su vida un poco patas arriba.
Si no estábamos equivocados, era una paciente psiquiátrica fugada, tal vez un poco de estrés bastaría para hacerla saltar.
Después llegué yo a su casa y seguí con el plan mientras trataba de recuperar el tiempo perdido con mis sobrinas.
Pero ahora todo ha salido mal, Ángel me dio su ayuda, pero no es buena persona, no debí meterlo en esto.
Piso el acelerador a fondo mientras veo cómo las llamas abrazan a la cabaña.