CAPÍTULO 55
JAVIER
Ahora es el momento
⸺¿Irnos? ¿A dónde?
⸺A la sierra, cerca del lago de Anna. Allí hay una pequeña cabaña. Podríamos pasar unos días en familia. A las niñas les encantaría, y a mí también. Creo que nos vendría bien pasar más tiempo en familia.
Miro a Lorena a los ojos y no encuentro a la mujer con la que casé. Veo a una mujer muy preocupada, con mucho miedo, y con un gran sentimiento de culpa dentro.
⸺Qué cabaña, Lorena, de qué cabaña me hablas.
Aprieta la comisura de sus labios. Le tiemblan un poco las manos, también los párpados. Cuando era policía la gestualidad que ella tiene ahora era propia de gente que había hecho algo muy malo o, también, que tenía pavor de algo o alguien muy malo.
⸺Es una cabaña que compré en mi… anterior matrimonio. Perdón por no haberte contado nada antes, pero supongo que me recordaba un poco a mi exmarido y la quise olvidar. Pero creo que a las niñas les gustará, y a ti también.
⸺¿Y tiene que ser hoy? ¿No podemos dejarlo para el fin de semana que viene?
Veo cómo las pupilas de Lorena revolotean por el interior de sus ojos como las moscas en verano en los días calurosos.
⸺Me gustaría que fuese hoy, Javier, estoy un poco desbordada con mi nuevo puesto de trabajo, y también siento que nos hace mucha falta pasar más tiempo en familia. Yo al menos lo necesito.
⸺¿El nuevo puesto? ¿A qué nuevo puesto te refieres? ⸺Sé a qué nuevo puesto se refiere, lo sé por Verónica, no por ella.
⸺Bueno, me han nombrado responsable de una unidad, hago más o menos lo mismo, pero con algunas personas a mi cargo.
⸺¿Y por qué no me lo habías contado, Lorena?
⸺No lo sé, la verdad, pero supongo que estado demasiado estresada como para encontrar un poco de calma, y luego ha estado todo el asunto de Ana, tampoco lo he gestionado de la mejor manera.
⸺Ya. Y aparte de lo del nuevo puesto ese, ¿hay más cosas que no me has contado que me quieras contar?
Los ojos de Lorena se abren como platos.
Claro que hay más cosas que no me ha contado.
La cuestión no es esa, la cuestión es si quiere hacerlo.
Ella no tiene ni idea de que yo era policía.
No se lo quise contar, precisamente porque me fui por algo que pasó.
Algo malo. Algo que me hace sentir mal. El caso es que sé interpretar ciertas señales de comunicación no verbal.
⸺No, no hay nada más.
⸺Vale, te creo, pero si las hay, creo ahora es un buen momento para decírmelas.
Ella me mira a los ojos. Se le da fatal disimular. Sé perfectamente lo que está pensando en estos momentos. Piensa qué sé exactamente.
⸺Tranquilo, no las hay.
⸺Está bien, Lorena, te creo. Y en cuanto a lo de irnos a la cabaña. La verdad es que me parece muy buen plan, pero no para este fin de semana, sino para el que viene.
⸺¿Y por qué no este?
⸺Tengo un tema de trabajo bastante urgente que he de resolver hoy, de hecho, voy a tener que pasarme por el hospital.
⸺¿Hoy? Pero si hoy es sábado.
⸺Ya, pero es un tema urgente, y a las urgencias les da igual si el lunes, sábado o nochevieja.
Lorena asiente con resignación.
⸺Vale, Javier, entonces para el fin de semana.
⸺Perfecto, el fin de semana que viene si problema.
No me gusta. No me gusta nada el cariz que está cogiendo esto. ¿Una cabaña? ¿En serio? ¿Por qué nunca me la había nombrado? ¿Cuántas cosas más me oculta Lorena?
Salgo de casa y hasta las niñas me preguntan que dónde voy.
Me dan mucha pena, y las echo mucho de menos.
Hace tan solo unos pocos días estaban radiantes, felices, en sus ojos había ilusión.
Ahora están como deprimidas. Me prometo que en cuanto termine de resolver todo el asunto de Ana y de Lorena, pasaré más tiempo con ellas.
Volveré a centrarme de lleno en ser el mejor padre posible para esas niñas.
Lo primero que hago al salir de casa es entrar en la aplicación que me mandó Elías y revisar de nuevo el teléfono móvil de Lorena clonado. No tengo acceso a todo, no es una clonación milimétrica, pero si puedo ver los correos y los WhatsApp que le entran.
Leí los mensajes que se enviaba con ese tal David, y cuando lo hice casi vomito.
Mi mujer tonteando de mala manera con otro hombre.
Incluso ha quedado con él en un par de ocasiones.
Aunque desde el jueves a hoy, no han mantenido ninguna conversación.
No puedo dejar que esto me supere como la otra vez, debo desprenderme de esta sensación de asfixia, de derrota, de pérdida de autoestima.
Este es mi aprendizaje. Con María lo hice mal, muy mal, pero ahora tengo la oportunidad de hacerlo mejor, de hacerlo bien, no puedo fallar.
Cuando me he serenado un poco, pongo rumbo al centro comercial donde vi a aquel hombre con bigote que reconoció a Ana.
Sé que las posibilidades de que ese hombre esté aquí hoy, y a esta hora, son escasas, pero no soy de los que se quedan parados.
Yo soy de los que se mueve y prueba muchas cosas, por regla general, alguna de ellas funciona.
Estoy como dos horas dando vueltas por el centro comercial, pero no tengo suerte.
El hombre del bigote no está por ninguna parte.
De todos modos, me digo que todo es cuestión de seguir probando.
El hombre del bigote tenía pinta de jubilado, de los que adora el aire acondicionado y pasear mirando escaparates.
Quiero pensar que todo es cuestión de tiempo, que, si no es hoy, otro día estará.
Y cuando lo vea tal vez pueda decirme de qué conocía a Ana, cómo se llama, y por qué puso esa cara de sorpresa cuando se quedó mirándola.
Antes de decidir mi próximo paso, recibo una llamada de Matías, mi amigo jubilado de la policía.
Me dice que de la chica todavía no ha podido averiguar nada, pero que del chico sí sabe cosas.
Sabe quién es, cuál es su nombre. Al parecer tiene algún que otro antecedente. Y lo más importante, sabe dónde vive.