La Invitada CAPÍTULO 53
75%

CAPÍTULO 53

JAVIER

Traicionado y herido

Matías es uno de esos amigos que ya no quedan.

Me ha dicho que averiguará lo que pueda sobre la chica que le he descrito, con las características que le he dicho, y cuyo número de teléfono móvil es el que le he dado.

Pero hay que tener en cuenta que, sin una fotografía, ni su nombre real, poco va a poder a hacer.

Y yo eso es algo que sé perfectamente. Era policía, y se me daba tremendamente bien encontrar a gente desaparecida, o seguirle la pista a gente no tan desaparecida, pero sí difícil de encontrar. Esto se me daba todavía mejor. Seguirle la pista a la gente escurridiza.

Mientras hablaba con Matías me he dado cuenta de lo oxidado que estaba.

Y también de otro detalle, uno escalofriante.

Ana puso mucho esmero en no salir en ninguna foto.

Por algo será. En todas las ocasiones en las que dijimos de hacer una fotografía, ella propuso hacerla con su móvil porque tenía una cámara estupenda y porque decía que le encantaba hacer fotos.

Nadie se opuso, claro que no, por qué iba o oponerse nadie a algo así.

En cada ocasión me dijo que luego me las pasaría, pero nunca me las pasó.

De todos modos, y a pesar de la dificultad, Matías lo intentará. Nunca se sabe. Si Ana, o como se llame, estaba fichada, puede que con la descripción física que le he dado encuentre algo. No perdemos nada por intentarlo.

Pero no por ello voy a quedarme parado. Si en el pasado tuve éxito fue precisamente porque era muy insistente.

Dicen que la mayoría no llega a lograr nunca sus propósitos y objetivos porque se rinden a la primera o a la segunda de cambio.

Cuando llega un contratiempo se hacen a un lado.

Después de mi primer matrimonio leí muchos libros de crecimiento personal, de espiritualidad, de autoayuda, y aprendí muchas cosas muy curiosas, y valiosas.

Una de ellas fue precisamente esa, que el éxito, si eres lo suficientemente paciente, y no desesperas, siempre llega.

La otra cosa que le pido a Matías es si puede averiguarme algo de la otra persona que me tiene intrigado, aunque de otra forma.

Esa otra persona es ese tal David, el que se veía con mi mujer caminando por la calle alegremente y que Verónica me dijo que, efectivamente, se entendía bastante bien con mi mujer.

Está claro que esto es otro tema distinto, pero también necesito saberlo.

También necesito saber si Lorena me engaña.

Cuando me voy de su casa, Matías me dice:

⸺Me ha alegrado verte, Javier, perdona por no preguntarte por… bueno, ya sabes, por lo que le pasó a María.

Trago saliva. No ha debido preguntarme eso.

⸺No te preocupes, Matías, estás perdonado. Ya hablamos.

⸺Sí, te pego un toque si averiguo cualquier cosa, y tú ve con cuidado, anda, no te vayas a meter en algún lío, si necesitas cualquier otro favor aquí tienes un amigo, no hace falta que te recuerde que…

⸺No, no hace falta que me lo recuerdes. La memoria es uno de mis fuertes.

⸺Pues eso.

⸺Gracias, Matías, nos vemos.

⸺Sí, nos vemos.

Me siento en el MG y pongo algo de música. Un poco de ruido me vendrá bien para no escuchar lo que mis fantasmas me quieran decir.

Antes de dar el próximo paso para saber algo más acerca de Ana, le dedico un rato a Lorena.

A pensar en ella. Me daría mucha pena descubrir que me engaña.

Y también mucha rabia. Pero ya dejé de ser esa persona.

No quiero volver a ella. No quiero volver a tener celos.

Ni a obsesionarme con las cosas. Todos esos libros que leí coincidían en una cosa, hay que aprender a quererse uno mismo, a desprenderse de las cosas, y de las personas, nuestra única posesión somos nosotros mismos, nuestro cuerpo, nuestra cabeza, y nuestras decisiones.

Es lo único que debe preocuparnos. El resto no es cosa nuestra.

Matías no ha debido preguntarme por lo que le pasó a María. Joder. Eso me ha hecho sentir mal.

Recibo un mensaje de Reme diciéndome que Cristina ha presentado una denuncia por acoso contra mí.

Por eso estaban esta mañana el gerente y la directora médica en mi despacho, para ver qué pasaba.

Le doy las gracias por informarme, aunque ciertamente, ahora mismo tengo la cabeza en otra parte.

Si hay otra cosa que he aprendido de los libros de autoayuda es que hay ciertas cosas que, aunque pongamos todo nuestro empeño en que no pasen, son inevitables.

Eso es porque tras esas cosas hay un aprendizaje que todavía no hemos hecho.

De alguna manera que no entiendo, por lo que sea, entre Cristina y yo tenía que haber problemas, y eso que puse mi voluntad y mi empeño en que no los hubiera.

Pero hay cosas que son inevitables, que están ahí para que aprendamos algo importante de ellas.

No sé qué narices tengo que aprender yo de lo que ha pasado con Cristina, de por qué ha terminado denunciándome, pero supongo que algún día lo sabré, y cumpliré con ese aprendizaje.

Otro aprendizaje que todavía no he cubierto es el de no meterme en problemas.

Al entrar en la trastienda de la tienda de telefonía móvil de un antiguo contacto puedo escuchar en mi cabeza una vocecilla que me dice que no haga eso, que tengo antecedentes, que fui investigado durante bastante tiempo cuando pasó lo de María.

Que fui acusado de cosas parecidas a la que voy a hacer ahora.

⸺Javier, ¿qué te trae por aquí? Pensé que te habías mudado a otra ciudad.

⸺Pues pensaste mal.

Se llama Elías. Y debe rondar los treinta. Hará unos cinco años que no sé nada de él. Tiene el pelo ensortijado, desgreñado más bien. Gafas de montura metálica, de las que ya no se llevan.

⸺Dime, qué se te ha perdido por aquí, tenemos móviles de segunda mano a muy buen precio. También me quedan portátiles que no están nada mal, traídos directamente desde Alemania.

⸺Ya. Bueno, tal vez estaba pensando en otra cosa.

⸺Ya, y tal vez ya no vendamos otras cosas.

Miro a mi alrededor y veo el mismo cuchitril que recordaba. Las vitrinas llenas de polvo. Los panfletos publicitarios descoloridos y con la promoción que anuncian caducada. Cajas amontonadas y olor a tabaco en el ambiente.

⸺¿Te parece si hablamos mejor dentro?

⸺¿Dentro? Ya estás dentro de la tienda, no hay más dentro que este, y se ciñe estrictamente al espacio que hay entre el mostrador y la puerta de la calle.

⸺Vaya, veo que has estado estudiando. Antes te costaba hilar siete palabras seguidas, en cambio ahora pareces Calderón de la Barca. Vamos dentro, anda, que tengo un poco de prisa. No me hagas perder más tiempo.

Elías tensa las cejas. Se retira de la cara el pelo ensortijado que le tapa la frente. Se da la vuelta resoplando y entra en la trastienda. Lo sigo.

⸺Solo quiero que me clones un móvil. Es fácil.

Elías se enciende un cigarro y suelta una carcajada.

⸺Para ti todo es fácil.

⸺Todo no, pero esto sí.

⸺¿Qué móvil quieres que clone?

⸺Eso no es asunto tuyo.

⸺Yo creo que sí. Creo que no está demás que sepa de qué estoy siendo cómplice exactamente.

⸺El móvil es de mi mujer, ¿más tranquilo?

Elías vuelve a tensar la frente.

⸺Me pareció escuchar que ya tuviste problemas precisamente con eso…

⸺Cállate. Cuánto vas a tardar.

Elías niega. No está a gusto. Él también necesita aprender ciertas cosas. Como por ejemplo a saber decir que no.

⸺Unos días.

⸺Coño, Elías, lo necesito para hoy. Necesito acceder a ese móvil hoy.

Vuelve a negar. Le da un par de caladas al cigarrillo.

⸺Dame el número y esta noche te enviaré un enlace de acceso. Tendrás que descargar una aplicación que yo te envíe y después entrar en ella a través de ese enlace.

⸺Joder, qué moderno, veo que estás a la última.

⸺Se hace lo que se puede. Esto no va a ser barato.

⸺Ya me imagino, ¿veinte euros y te quedas el cambio?

Elías ríe con sarcasmo.

⸺Qué puto morro tienes. Son cien.

⸺Cuarenta y te quedas el cambio, ten ⸺digo tendiéndole dos billetes de veinte, que se guarda de mala gana.

Cuando salgo de allí tengo muy malas sensaciones en el cuerpo. No sé qué narices estoy haciendo. Estoy reincidiendo a la carrera.

Ya casi está anocheciendo cuando llego a casa.

Lorena está arriba dándose una ducha. Como ya es habitual, no he sabido nada de ella en todo el día. Lo que está claro es que entre ella y yo se ha abierto una brecha que no sé si se va a poder cerrar.

Las niñas salen a mi encuentro y me abrazan. Eso hace que por un momento me olvide de todas las desgracias. Realmente quiero a esas niñas. Las quiero con toda mi alma, y me digo y me juro aquí mismo que jamás dejaré que les pase nada.