CAPÍTULO 50
LORENA
Los pies descalzos
Tal y como me pasó el día que descubrí la pistola en la buhardilla y que pensé que era de Ana, paso el jueves dándole vueltas a eso que me dijo Verónica acerca de Javier, aquello de que tal vez no era de fiar. La forma en que me lo dijo, parecía como si supiese algo más.
Soy incapaz de decir nada. Yo soy así. Primero necesito digerir las cosas. Meditarlas. Después es cuando tomo las decisiones. Luego actúo.
A pesar de ello, no puedo ni mirar a Javier a la cara. Entre otras cosas por lo que hice ayer por la tarde.
Me siento sucia, una mala madre, y una esposa horrible. Me siento culpable. ¿Por qué me ha tenido que pasar todo esto a mí? ¿Tan mal lo he hecho? ¿Por qué la vida me está castigando de esta manera?
⸺La vida no te castiga, Lorena.
⸺Por supuesto que sí, Javier.
⸺No, no lo hace, es solo que a veces se encadenan algunas situaciones que nos son desfavorables, pero en cuanto rompas esa inercia, verás las cosas de otra manera.
⸺¿Y cómo rompo la inercia?
⸺Para empezar, cambia radicalmente de actitud, deja de sentirte mal todo el tiempo, deja de pensar que todo te sale mal. ¿No te das cuenta?
⸺¿De qué?
⸺De que a más te quejas y te lamentas, peores cosas te pasan.
Cuando estás mal, y te recreas en lo mal que estás, te conviertes en un imán para las cosas malas.
Hazme caso, cambia de actitud, deja de sentirte mal todo el tiempo, y concéntrate en las cosas que sí tienes y que sí están bien.
Así se rompe la dinámica. Primero cambia tú, después cambiará lo que sucede a tu alrededor.
⸺Gracias, Javier, qué suerte tengo contigo. No sé cómo lo haces, pero siempre estás ahí cuando te necesito.
Necesito romper la dinámica, tal y como Javier me enseñó a hacer, y eso pasa por empezar a dejar de sentirme mal, por hacer un esfuerzo por sentirme bien.
Y entonces dejarán de ocurrirme cosas como la llamada de ayer de la directora del colegio.
En esta ocasión no la jefa de estudios, fue la misma directora.
Y en esta ocasión sí había un detonante, al menos sí uno que Martina reconociera: en el colegio habían empezado a decir que sus padres se habían separado y que su padre ya tenía una nueva novia, o sea, Ana.
Martina reaccionó violentamente debido a que esos comentarios iban cargados con un tono de burla e hiriente. Y de nuevo, su agresividad fue desmedida.
La directora volvió a insistirme con aquello de si estábamos bien en casa, con aquello de los antecedentes de violencia familiares.
Yo eché balones fuera como pude, le pedí perdón y le prometí que tomaría cartas en el asunto, que llevaría a Martina a un psicólogo, que solucionaría el problema de la forma que fuese.
La directora ya no fue tan magnánima como en las anteriores veces, me dijo que en ese colegio no se permitía la violencia, y que si mi hija no se sabía adaptar, se tendría que marchar.
Me hizo sentir muy mal, como si mi pequeña, mi Martina, fuese un animal al que hay que encerrar, con lo buena y dulce que ella es.
Y todo este incidente no hizo más que alimentar todavía más la posibilidad que yo ya sospechaba y que Verónica se encargó de recrudecer; la posibilidad de que Javier no solo ya no me quisiese, sino que me estaba siendo infiel.
Por eso hice lo que hice con David. Y no me siento nada bien.
Al llegar a la oficina noto cómo Verónica casi ni me mira. Es como si me tuviese miedo.
⸺¿Podemos hablar un segundo a solas?
Verónica se cruza de brazos, tarda unos segundos en levantar el cuello para mirarme a la cara. Hoy no va casi maquillada, y el caso es que todavía está más guapa.
Se encoge de hombros como una pánfila.
⸺Ven a mi despacho, solo será un momento.
Pongo rumbo a mi despacho y tardo un par de segundos en escuchar el ruido de los tacones de Verónica tras de mí.
Lo cierto es que lo de ser jefa tiene su punto, la gente te obedece porque sí, porque tú lo dices, esté de acuerdo o no.
Eso te da un poder, y el poder tiene algo de excitante.
No es la primera vez que estoy en una situación de poder, no es la primera vez abuso de él.
Cierro la puerta cuando estamos dentro. La miro a los, pero ella sigue sin levantar la cabeza. Es como si se hubiese prometido a sí misma no hablar conmigo. Pero hablará, porque yo soy su jefa, y la puedo obligar.
⸺Quería pedirte disculpas por lo de ayer, no debí hablarte así en público.
Ella asiente. Se humedece un poco sus carnosos labios. Es tan guapa que es difícil no mirarla. Levanto sus ojos color chocolate.
⸺Yo también siento haberte hablado así, no debí decirte eso sobre tu marido…
Pocahontas vuelve a bajar la mirada. Está rara. Algo le pasa.
⸺No pasa nada, es normal en tu situación, yo no sé cómo estaría si me hubiesen hecho lo que a ti, posiblemente también pensaría que todos los hombres son iguales, unos cabrones.
Verónica alza otra vez la mirada, como si no entendiera nada.
⸺No sé a qué te refieres, Lorena.
⸺¿Que no sabes a qué me refiero? Vamos, Verónica, que esto es un pueblo, todo el mundo sabe lo que te ha hecho el hombre con el que estabas liada.
⸺¿Qué hombre? ¿A qué hombre te refieres? ⸺En la expresión de Verónica hay algo que no me gusta, es una mezcla extraña entre miedo y desconcierto.
⸺Al hombre casado con el que estabas liada, todo el mundo habla de ello, también que te había dejado embarazada y que ahora te había dejado tirada. Lo siento, por cierto, ninguna mujer se merece que la traten así.
Verónica niega. Sus cejas se retuercen.
⸺Lorena, ¿quién dice eso? Es mentira, ni estoy liada con un hombre casado ni estoy embarazada, yo solo era amiga de…
⸺¿De quién?
Verónica vuelve a mirarme con esa expresión extraña.
⸺Lorena, no sé quién te habrá dicho todo eso de mí, pero es una grandísima mentira. Y que sepas que me ha hecho mucho daño.
Cuando termina de hablar, Verónica rompe a llorar y pone rumbo al cuarto de baño. Yo no hago nada por evitar el drama.
Si Verónica tiene razón, y es mentira lo que dicen de ella, me pregunto quién inventó semejante bulo, igual que la persona que le dijo a Carlos que yo me estaba despistando en el trabajo.
Al parecer, es posible que haya alguien por ahí queriendo joder. A mí, principalmente.