CAPÍTULO 49
JAVIER
El bien más preciado
Estoy empezando a pensar que Lorena es bipolar.
Lo pienso de verdad. He oído decir que a algunas personas les pasa cuando llegan a la mediana edad.
Cuando entran en alguna crisis vital. Es como que el cerebro se reconfigura en base a las proteínas y a las hormonas que su cuerpo segrega en esa etapa de la vida, y eso hace que se desencadene un problema mental que tal vez ya estuviese latente.
Ayer Lorena se levantó radiante, llena de vida, feliz, con la líbido por las nubes.
En cambio, cuando llegó a casa por la noche, parecía otra persona completamente distinta.
Casi ni me miró. Por no decir que ni me dirigió la palabra.
Dijo que iba al gimnasio y después de compras. Pero vino sobre las nueve de la noche. Abatida. Con la mirada un poco perdida. Le pregunté cómo estaba, pero no me contó nada. Y eso que Ana ya no está en casa. No quiero ni pensar si lo estuviera.
Hoy es viernes, y he tomado la decisión de no ir tampoco al trabajo.
Voy a hacer lo mismo que ayer. En casa digo que sí voy, pero después no lo hago.
No quiero entrar en esto de mentir, no va conmigo, y no se me da bien.
Me hace sentir mal. Le mando un mensaje a Reme para decírselo y ella me responde que a las ocho en punto estaban en la puerta de mi despacho el gerente del hospital y la directora médica.
Querían hablar conmigo, aunque no han dicho sobre qué.
Respiro hondo y me pregunto qué demonios estoy haciendo.
En qué lío me estoy metiendo. La persona que yo era hace apenas una semana hubiera volado corriendo al hospital para ver qué quería el gerente y la directora médica, en cambio, la persona que soy ahora, prefiere seguir investigando dónde podría estar Ana y, también, qué ocurre con Lorena.
La semana pasada ya hubo varios días que sospeché que estaba pasando algo raro en ella, demasiados días llegando tarde y sin decir de dónde.
Y ayer me encuentro con la foto que tenía Ana guardada en la que mi mujer aparece paseando por una calle con un chico que no conozco.
Debería salir pitando al hospital, comprobar que está todo claro con mi puesto de trabajo, que no hay ningún problema urgente que resolver.
Pero no puedo. Es como si hubiese recaído en una vieja adicción que creía superada y que acabo de comprobar que ha vuelto más fuerte que nunca.
Me corrijo, no es como si hubiese recaído: he recaído.
Cuando me dispongo a entrar a mi MG, me vuelve a sorprender alguien a mi espalda. Verónica otra vez. Esto ya es demasiado. Primero le dije claramente que no quería que me volviese a escribir, después que no me llamase al trabajo, por último, que no se acercase a mi casa. Se ha pasado de la raya.
⸺Perdona, Javier, necesito hablar contigo…
⸺No, Verónica, no, creí decirte la última vez que no volvieses más por aquí, ¿cómo tengo que decirte las cosas?
Ella niega con la cabeza. Tiene los ojos enrojecidos.
⸺Ha pasado algo, Javier, es importante.
⸺¿El qué, a ver? Sorpréndeme.
Ella se tapa la boca con ambas manos antes de responder.
⸺Es sobre tu mujer.
⸺Qué le pasa.
⸺Lo sabe, Javier.
⸺¿El qué?
⸺Lo nuestro.
Vuelvo a cerrar los ojos para coger algo de oxígeno. Esto me está empezando a resultar muy cargante.
⸺Ya te dije la última vez que entre tú y yo…
⸺Ya sé lo que me dijiste, Javier, y tampoco hace falta que te pongas así, pero éramos amigos, ¿no? ¿O eso tampoco? No está bien cómo me estás tratando.
Las lágrimas brotan de sus ojos con una facilidad increíble.
A mi cabeza llega el recuerdo del día que la conocí.
Yo estaba esperando a Lorena a unos metros de la puerta de su trabajo, en plena acera, quería darle una sorpresa, recogerla, llevármela por ahí a comer.
Hacía tiempo que no salíamos los dos juntos y pensé que nos vendría bien.
Pero entonces apareció ella. Tan joven, tan frágil, tan bella.
Estaba llorando desconsoladamente, se disponía a entrar a su coche, un Mini Cooper.
Fue entonces cuando mi rol de salvador tomó el control sobre mí y me acerqué ella.
Le ofrecí mi ayuda. Le dije que era peligroso que condujese en ese estado.
Ella me contó que acababa de dejarlo con su pareja y que se estaba portando fatal con ella.
Como un auténtico cabrón. Que no la dejaba vivir.
Yo le dije que podía ayudarla, que se me daba bien ayudar.
Y que era experto en casos como el suyo. Y eso hice, ayudarla.
Pero después ella se empezó a pensar lo que no era, y a pedir más y más.
Cuando descubrí que trabajaba con Lorena casi me da algo, porque entonces se invirtieron un poco los roles.
Casi tuve que suplicarle que no le contase nada, que, si mi mujer se enteraba que teníamos una amistad, se enfadaría bastante.
Eso le hizo pensar que estaba en posesión de un poder sobre mí que no hizo otra cosa que confundirlo todo más.
De repente parecía que fuese yo el que estaba en deuda con ella por no decirle a Lorena que éramos amigos.
⸺Cuéntame, Verónica, ¿qué pasa con Lorena?
⸺Ya te dije que no sabes cómo es, que oculta una parte que no es buena ⸺mientras Verónica se explica, miro de reojo hacia mi portal, no sea el caso que Lorena salga con las niñas para ir al colegio, como ya pasó hace unos días.
Y me coja de lleno hablando con su archienemiga en plan pareja que está discutiendo.
⸺Explícate.
⸺Ya te dije que la han hecho jefa de una nueva unidad, y que nos está empezando a tratar a todos fatal, a mí especialmente, y también ha empezado a acusarme públicamente de estar liada con un hombre casado, me ha presionado mucho, Javier, me ha humillado, y entonces yo le he dicho que…
⸺Verónica vuelve a taparse los ojos para no derramar tantas lágrimas.
Aunque en realidad, más que no derramar lágrimas, lo que no quiere es verme de la vergüenza que tiene.
⸺¿Qué? ¿Qué es lo que le has dicho?
⸺Perdóname, Javier, pero le he dicho que no fuese tan de chula, porque a lo mejor su marido era uno de esos que se lían con jovencitas. Que no se fiara tanto de ti. Que se anduviese con ojo y te vigilase de cerca.
Durante unos segundos me quedo mudo. No entiendo nada. Esta chica es una bomba de relojería.
⸺Verónica, pero ¿qué has hecho?
⸺Lo sé, Javier, perdóname, no sé qué me ha pasado, pero puedo arreglarlo, puedo hablar con ella y pedirle perdón, retirar mis palabras, decirle que me lo inventé todo solo para hacerle daño, que lo que le dije no tiene ningún fundamento.
Intento pensar desde la calma qué es lo mejor, y lo mejor pasa por que Verónica no haga ni diga nada más. Eso para empezar.
⸺Verónica, te voy a pedir por última vez que te hagas a un lado, que no te involucres en mi vida, no me sigas, no me hables, no intentes ponerte en contacto conmigo, ¿de acuerdo?
Creo que una vez necesitaste ayuda, y yo te la di sin pedirte nada a cambio, creo que, si hay alguien que está en deuda con alguien, esa eres tú conmigo.
Bien, eso para empezar. Y para continuar, olvídate también de Lorena, no le hagas ni caso, ¿vale?
Ya te dije que yo me encargaría de ella.
Así que tú sigue con tu vida, y yo seguiré con la mía, como si no nos hubiésemos conocido nunca.
Verónica hace un gran esfuerzo por aguantarse las lágrimas. Realmente lo está pasando mal. No quisiera estar portándome así con ella, ahora me da pena, como el día que la conocí.
⸺Vale, Javier, como tú quieras. Gracias por todo otra vez.
⸺De nada.
⸺Solo una cosa más, Javier.
⸺Qué.
⸺Ve con cuidado con Lorena.
⸺¿Por qué?
Verónica niega.
⸺No sabría cómo decirlo, pero hay algo en ella que no está bien. Es difícil darse cuenta, pero yo no estoy loca, y sé lo que he visto.
⸺¿El qué has visto?
⸺Cómo es en realidad.
⸺Verónica, conozco bien a mi mujer, sé cómo es.
Ahora mismo está en el peor momento de su vida.
Puede que algún día seas madre y entonces lo entiendas.
La crianza consume y fatiga a partes iguale, y eso hace que a veces la gente saque lo peor que lleva dentro.
No creo que Lorena sea la primera ni la última que pasa por algo así.
Verónica niega antes de hablar.
⸺Lo siento, Javier, pero no creo que esto sea debido a ninguna crisis. Guarda algo oscuro en su interior, y desde que la han hecho jefa todo ha ido a peor. Y luego hay algo de lo que no te he hablado.
⸺¿De qué?
⸺Me da un poco de vergüenza decirte esto, pero últimamente va mucho con un chico que llegó hace un par de meses o así a la oficina.
⸺¿Qué chico? ¿De qué chico hablas?
⸺Se llama David, y según he oído, no es de fiar.
Algo en mi interior se retuerce. No sé si es el ego, la autoestima o el amor propio. En cualquier caso, siento un fuerte dolor interior. Es como un puñetazo directo al centro del pecho.
⸺¿Podrías describirme cómo es ese tal David?
Verónica me mira a los ojos un instante. Supongo que dejando que transite por su interior algo que se le ha evocado y que la parte subconsciente de su cerebro ni siquiera se atreve a formular por si acaso es verdad.
⸺Diría que es un poco más alto que tú, el pelo corto y de un tono oscuro, fuerte de brazos, sonriente, los ojos marrones muy claros.
Asiento mientras pienso en la fotografía que encontré bajo la cama de Ana.
⸺De acuerdo, Verónica, muchas gracias.
⸺Qué vas a hacer.
Sonrío con cierto aire paternal, porque es así como la veo en realidad, es bella, es frágil, necesita ayuda, pero la veo como a una hija, nada más.
⸺Primero intentar ver qué ocurre, después ya se verá. Por cierto, hace días que tenías algo que contarme, ¿no?
Verónica asiente, ya más tranquila de lo que lo estaba cuando ha llegado.
⸺Es sobre la chica aquella a la que atropellamos cuando íbamos en tu coche, ¿te acuerdas?
De pronto vuelven a saltarme todas las alarmas.
⸺Sí, claro, se llamaba Ana.
Verónica asiente. Ella no tiene ni idea de que ha estado más de una semana de invitada en mi casa.
⸺Efectivamente, así es como dijo que se llamaba.
Pero a los dos días o así, me llamó un policía para decirme que iban a cerrar el atestado del día del atropello.
Cuando le pregunté por qué, me dijo que, porque los datos que les había dado esa chica llamada Ana, no existían, no existía ninguna Ana con ese nombre y apellidos y ese DNI.
Era una identidad falsa. Así que no podían procesar absolutamente nada.
¿No te parece una pasada? Jamás había conocido a alguien que tuviese una identidad falsa.
Parece de película. Y esa chica, parecía tan normal.
Me quedo pensando durante unos segundos qué es lo que pasa.
La necesidad por saber quién era Ana en realidad, se convierte en pura ansiedad.
Al puñetazo en el pecho que he sufrido hace un momento, se le suma la especie de descarga eléctrica que acabo de sufrir en el cerebro. Esto sí que no me lo esperaba.