La Invitada CAPÍTULO 45
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CAPÍTULO 45

JAVIER

Una sensación desagradable

Hoy, igual que me pasó el lunes, me he levantado con mal cuerpo. O, mejor dicho, con un mal presentimiento.

Dicen que a veces tu subconsciente puede adelantarse a lo que va a pasar, como si pudiese predecir el futuro.

En realidad, es la forma coloquial con la que nos referimos a una capacidad que todos tenemos pero que, por alguna razón, no le hacemos mucho caso.

Probablemente porque la ciencia todavía no la puede explicar bien, y eso hace que se de algún modo se obvie o se silencie.

Esa capacidad, según he oído, reside en la parte de nuestra mente a la que llamamos subconsciente, y dicen que es capaz de recoger y almacenar datos que ni imaginamos.

Después, con todos esos datos, construye un mundo de posibilidades basadas en lo que ha visto y recogido, basadas en la probabilidad de ocurra algo en base a lo observado.

Cuando la intuición o el pálpito es muy fuerte significa que el subconsciente ha recogido datos suficientes sin que nos demos cuenta acerca de algo que ocurrirá con bastante probabilidad.

Hemos dejado a las niñas en el colegio y me ha dado la impresión de que Ana se despedía de ellas como si fuese la última vez que fuese a verlas. Las niñas también han notado algo, se han quedado un poco tristes cuando le decían adiós con la mano.

Entro al trabajo con un aire más taciturno de lo normal. Hasta yo me lo noto. Reme me dirige una mirada de circunstancias, después mira de reojo a Cristina, al parecer está otra vez de morros, o eso o ha vuelto a cometer uno de sus errores.

⸺¿Podemos hablar un momento, Javier? ⸺Más que preguntar, Cristina exige.

Miro a Reme, que parece estar diciéndome que más vale que la atienda.

⸺Claro, pasa a mi despacho.

Entro a mi despacho y dejo la mochila que siempre traigo sobre la mesa. Enciendo el ordenador. Escucho cómo se cierra la puerta. Al girarme veo a Cristina frente a mí. Está nerviosa, se ve a la legua.

⸺Siéntate, Cristina, dime, qué ocurre.

Toma asiento. Se cruza de brazos y me mira muy seria.

⸺¿Y bien?

⸺¿Y bien? ¿Y a ti qué te parece?

⸺¿Qué me parece el qué?

⸺Que un día estés súper amable conmigo y al día siguiente pases de mí.

Joder. En serio. Esto ya es demasiado. Mi paciencia se está acabando.

⸺Cristina, yo no he pasado de ti. No sé por qué dices eso.

⸺Joder, Javier, porque es la verdad, apenas me diriges la palabra cuando entras, y ni tan siquiera me miras. ¿Qué te he hecho yo para que me trates así, Javier?

⸺Cristina, me parece que estás interpretando mal las cosas. Si alguna vez paso sin decir nada, o como dices, estoy menos hablador, es porque acumulo mucho estrés y no siempre estoy centrado al cien por cien, pero no tiene nada que ver contigo.

⸺¿Y por qué la semana pasada me escribías para ver cómo estaba? Incluso me dijiste varias veces de quedar. Sabía que eso no era buena idea, pero al final accedí y ahora me tratas así, es que sois todos iguales, joder.

Cristina está haciendo que algo en mi interior se ponga muy pero que muy nervioso. No aguanto esto más. Trato de respirar, de controlar la ansiedad, de pensar en mis cosas. No sé si puedo.

⸺Cristina, por favor, deja de hacer eso.

⸺¿El qué?

⸺Comportarte como una loca histérica, joder, ¿qué cojones quieres? Fui amable contigo, te traté bien, me preocupé por ti, ¿y ahora me vienes con estas?

Cristina me mira como si estuviese frente al mismo diablo. Los ojos se le anegan de lágrimas muy rápido. Sin dar pie a nada más, se levanta y se va dando un portazo.

Como era de esperar, la entrada de Reme a mi despacho no se hace de esperar.

⸺¿Se puede saber qué ha pasado, Javier? Cristina ha cogido sus cosas y se ha ido llorando a casa, dice que se va a coger la baja.

Hasta Reme, que generalmente me da calma, me tensiona esta mañana.

⸺No tengo un buen día, Reme, si Cristina se quiere coger la baja que se la coja, yo no estoy para estas cosas. Cierra la puerta al salir, por favor, si puede ser sin dar un portazo.

Reme se queda unos segundos mirándome. Sabe que me pasa algo, lo que no imagina es el qué. Sale del despacho y me deja solo en mi cubículo. Estoy muy nervioso. Demasiado.

A media mañana le escribo a Ana para ver cómo va, pero no me responde. Pienso en Lorena, en cómo estará. Lo cierto es que estoy pasando bastante de ella. No está bien. Normal que se aleje.

Aproximadamente a la una del mediodía, viendo que sigo sin noticias de Ana, salgo hacia casa. Necesito saber si sigue allí o se ha marchado.